Culto

Vuelve el disco olvidado que inició a La Ley: “Tenía un sonido muy avanzado para la época”

Grabado en 1988 y convertido durante décadas en una pieza de culto, La Ley 88 reaparece por primera vez en vinilo: el registro fundacional de Andrés Bobe y “Coti” Aboitiz que anticipó el sonido de una de las bandas clave del pop chileno. Junto a ellos, y a Germán Bobe, repasamos su historia.

Eran tardes completas dedicadas a la música. Sin distracciones. En el Chile de mediados de los 80’, el joven Rodrigo “Coti” Aboitiz llegaba hasta la casa en Vitacura donde vivía su amigo Andrés Bobe. Instalaban teclados, batería electrónica y guitarra eléctrica en el living comedor. “Y nos enchufábamos en el equipo de música, el típico equipo de música de casa, no recuerdo si era un Sansui o un Mara”, dice a Culto. “Andrés con la guitarra y muchas veces sin la guitarra, solamente los teclados nomás”.

“Coti” y Andrés se habían conocido en las filas de Aparato Raro, una de las bandas que a punta de teclados y jopos habían cultivado un new wave a la chilena. La convivencia entre salas de ensayo y conciertos les hizo cultivar una amistad. “Empezamos a carretear juntos y ahí se nos ocurre esta idea de empezar a hacer música”. Así comenzaron a trabajar ideas de canciones en esas tardes en el living.

Al poco tiempo ambos se volvieron muy unidos. Incluso en situaciones límite. “Una vez fuimos a una protesta contra Pinochet y claro, llegaron los pacos -recuerda Aboitiz-. Corrí a un callejón sin salida, me llenaron de bombas lacrimógenas, yo me estaba abogando. Y de pronto, llegó el Andrés. Se había puesto un pañuelo en la cara y me sacó de ahí. Entonces, para mí eso fue como muy decidor en cuanto a su personalidad”.

En esos días, Luciano Rojas era compañero de Bobe en la carrera de Licenciatura en Artes, mención sonido, en la Universidad de Chile. Se habían hecho amigos y por ello, conocía el material que se creaba en el living. “El Coti y el Andrés desarrollaron un sonido bastante avanzado para el año 88 -dice a Culto-. Recordemos que en esa época estaba el boom del pop latino, del cual el 75% era bastante malo. Era un trabajo de altura en cuanto a composición, en cuanto a sonido”.

Aquel fue el germen de un proyecto que con el tiempo terminó derivando en La Ley. Entusiasmados por la música que comenzaban a crear, Aboitiz y Bobe le mostraron su material a Carlos Fonseca, el entonces mánager de Los Prisioneros. “Y él nos dijo, ‘ustedes necesitan una cantante’. Ahí nos propone a Shía [Arbulú]”. Se trataba de una chica española, que ya contaba con experiencia escénica gracias a su trabajo con los populares Nadie. Con ella al frente, se hacía necesario un nombre. Una tarde Shía tomó la iniciativa. “Ella trajo un listado de nombres y dentro de ese listado estaba el nombre de La Ley -recuerda Aboitiz-. Y nos gustó a todos, a Carlos también”. Un nuevo grupo había nacido.

Con algunos temas avanzados el trío grabó entre febrero y abril de 1988, en el estudio Horizonte, un primer cassette de 6 temas y 4 remezclas, editado por etiqueta Fusión. Partieron grabando baterías, bajo secuenciado, los teclados de Aboitiz y las guitarras. Al final se sumó la voz de Arbulú. “Fue una grabación muy limpia, en el sentido de que lo teníamos todo muy claro”, dice Aboitiz. Además recuerda el rol del ingeniero de grabación, Óscar “chico” López. “Él tenía muy claro cómo teníamos que sonar y se la jugó un 100%. Estaba súper comprometido con el proyecto”.

Tras grabar ese cassette, Shía Arbulú sorpresivamente regresó a España. La historia del grupo continuó, con Aboitiz y Bobe sumándo, en orden, a Luciano Rojas, Iván Delgado (en principio solo como letrista) y Mauricio Clavería. Lo que sucedió después es conocido; con la inclusión de Beto Cuevas como cantante, La Ley despegó hasta volverse un nombre ineludible de la música chilena. Pero ese primer cassette quedó como una reliquia. Una suerte de anécdota de la prehistoria de la banda.

Como hermano menor de Andrés, el realizador Germán Bobe es el guardián de su legado. En 2010 produjo junto a Carlos Fonseca una antología póstuma con grabaciones del músico, fallecido en 1994.“A mí siempre me gustó la música que hacía Andrés”, dice a Culto. Por ello, fue la persona clave en revivir ese disco de 1988. En 2012 contactó a Fonseca con la idea de volver a poner en circulación ese trabajo. “Supimos que las pistas originales están en nueve cintas de una pulgada que son parte ahora del Archivo de Música de la Biblioteca Nacional”, recuerda. Luego consiguieron digitalizarlas en EE.UU., lo que les permitió tener cada pista de instrumento separada. Allí se plantearon la idea de reeditar el álbum como un vinilo doble; uno con la grabación original y otro con una remezcla de Carlos Barros.

Sin embargo, algunas pistas de audio originales no estaban separadas. Así los músicos regrabaron algunos instrumentos. Para “Coti” Aboitiz fue toda una experiencia. “Yo no había escuchado el disco hace siglos, en verdad”. Así, echó mano a su valiosa colección de teclados análogos de la época para volver a grabar los sonidos y al mismo tiempo, aprovechar de integrar algunas cosas que no pudo ocupar en la época. “Fue muy entretenido ocupar los mismos teclados. Volver a tocar el Jupiter 8, en esa época a mí me hubiera encantado tener ese teclado y no lo tenía, pero ahora lo hago con eso”. Por su lado, Luciano Rojas grabó pistas de bajo. “Es un desafío, porque son canciones que yo escuché muchas veces, pero nunca las interpreté, y ahora hacer bajos es un desafío en lo personal y musical”.

El arte del vinilo fue trabajado por Germán Bobe a partir del material de la época. Se recuperaron negativos y diapositivas, lo que les permitió contar con un set de más de 100 fotografías, varias de ellas, tomadas por Carlos Fonseca. “Yo me acuerdo muy bien que él fotografiaba todo”, dice Rojas. Además trae un booklet con un texto de la periodista musical Marisol García. Los primeros 1000 ejemplares son seriados, a la manera de una edición de lujo. “Nos basamos en el diseño que hicieron Arturo Duclos con Vicente Vargas”, apunta Bobe.

El vinilo La Ley 88 estará a la venta por primera vez y de manera exclusiva, el jueves 29 de enero en el lanzamiento oficial y presentación en vivo del disco en Citylab del GAM, desde las 19:30 horas. Un hito, pues el disco nunca se tocó en vivo en su época. La puesta en escena tendrá a “Coti” Aboitiz y a Luciano Rojas, quien tocará guitarra en dos temas, recreando el sonido de Bobe. “El Andrés tenía un sonido muy particular, muy personal. Más que la interpretación misma, el desafío es sacar los sonidos que él ocupó en esa época”.

El evento también tendrá la presencia de Shia Arbulú cantando en video, a quien se le grabó en España haciendo lypsync y luego se sincronizó con la música. También participarán los integrantes del grupo María Bonobo, quienes fueron de los artistas invitados a crear un rework de uno de los temas, al igual que Sokio y Cristián Heyne. Las entradas se pueden adquirir en Portaltickets.

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