Experta en educación socioemocional de la U. de Columbia y la violencia escolar en Chile: “Niños y jóvenes son un espejo de lo que hacemos los adultos”

Lorea Martínez también es directora del diplomado de Aprendizaje Socioemocional de la Fundación Seminarium.

La experta en educación socioemocional, Lorea Martínez, aborda en entrevista con La Tercera el agresivo retorno presencial a clases que se ha registrado en el país. En su análisis dice además que los factores podrían apuntar a los encierros de la pandemia, pero también a factores que se arrastraban desde antes, como el estallido social que vivió Chile. La académica recomienda priorizar la salud mental de los estudiantes y que ese tema se trabaje de forma permanente como parte del programa educativo de los colegios.


Tras dos años de clases mayoritariamente virtuales en Chile y el mundo, este 2022 quedará marcado como el momento en que niños y jóvenes volvieron a las aulas de manera presencial, con notorios hechos de violencia escolar en el caso de nuestro país. Los expertos han debatido las causas de esto y toman posturas que van desde el prolongado tiempo de encierro hasta el clima que vive Chile desde el estallido social.

Los estudiantes que muestran estos comportamientos agresivos hacia sus compañeros son una llamada de emergencia, posiblemente tienen necesidades o traumas que no se han trabajado de manera apropiada”, dice en conversación con La Tercera Lorea Martínez, académica española-estadounidense de educación socioemocional de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y fundadora de Heart in Mind Consulting, organización dedicada a ayudar a escuelas y organizaciones a integrar el aprendizaje socioemocional.

Martínez es autora de diversas publicaciones relacionadas con el apoyo a profesores para el aprendizaje social y emocional. Aquí aborda todo lo que ha rodeado el retorno a las aulas.

¿Cómo ha analizado la vuelta presencial a clases en el mundo?

Los estudiantes han recibido la noticia de poder volver con mucha ilusión y ganas. De tener un sentido de rutina, estar con sus compañeros, amigos y también los padres. La vuelta supone un paso a la normalidad para padres, estudiantes y educadores. Ahora bien, aunque hay ilusión, muchos educadores notan que los estudiantes muestran más dificultades para participar activamente en clases. Esto se debe a los altos niveles de estrés que tuvieron en pandemia. Cuando están en esa condición continuamente, el sistema nervioso se ve afectado y la capacidad para regular emociones disminuye. Al mismo tiempo, sabemos por la neurociencia, que los cerebros estresados no pueden aprender.

¿Estas son conductas que las ve de modo general en el mundo?

Es un problema que se da a nivel global. Todo el tiempo que los estudiantes estuvieron en sus casas no han podido ejercitar sus habilidades sociales y si lo han hecho, ha sido limitado al uso de herramientas digitales. El otro aspecto es que tanto padres como estudiantes llegan a la escuela con la preocupación de contagiarse. Les hemos estado diciendo a los niños ‘ten cuidado, usa mascarilla’ y con el regreso esa preocupación se ha mantenido. Además de las adversidades y traumas que han experimentado, muchos perdieron familiares y todo eso afecta a la salud mental. No es una situación localizada en algún país. En todos lados vemos cómo la pandemia ha influido.

¿Lo anterior da pistas de la violencia que se ha visto en Chile?

Hay que entender qué necesidad o motivación se esconde detrás de esa conducta. El comportamiento es una manera de comunicación. Estas dificultades pueden venir por la pandemia, pero también pueden ser previas y que por estar aislados se haya incrementado. En estos casos el trabajo que se tiene que hacer es ver qué se esconde y poder ayudar a estos estudiantes a aprender competencias emocionales que les ayuden a definir e identificar esa necesidad.

¿La violencia escolar es algo que solo ocurre en Chile?

En general ha habido un aumento de estos comportamientos más disruptivos o agresivos. Depende del entorno y el trabajo que hace la escuela para los procesos de bienvenida.

¿Es lógico que esté ocurriendo?

Creo que sí. Es importante darse cuenta que muchos de los aspectos que vivimos ahora no se originan por la pandemia, sino que pueden ser problemas de salud mental de nuestros estudiantes a los que no se les había prestado atención antes y que ahora se han visto incrementados por la crisis sanitaria.

¿Influye la experiencia de cada quien en la pandemia?

Y no solo por condiciones concretas, sino también por cómo la percibieron. Es decir, un niño en un espacio chico pero con un buen ambiente familiar y padres regulando el propio estrés, el encierro puede haber sido muy diferente a alumnos con mucho espacio de encierro, pero con un ambiente familiar con alto nivel de estrés o pérdidas. La percepción y vivencia puede que sean diferentes.

¿Tiene que ver, además, el ambiente de Chile, que venía de un estallido social?

Las emociones se contagian. Si los adultos están lidiando con niveles mayores de estrés que en otro momento histórico, los estudiantes están al mismo tiempo experimentando esos niveles de estrés. De alguna forma niños y jóvenes son un espejo de lo que hacemos los adultos. Si tenemos una población de adultos que por la situación social que se vive, con violencia o tensión, eso arrastra a niños y jóvenes. Sí que vemos una relación entre la experiencia de los adultos a cómo reaccionan los estudiantes a situaciones de la vida cotidiana.

¿Y cómo se aborda?

Una de las cosas más importantes es que los adultos no podemos enseñar lo que no practicamos. Los adultos tenemos que servir como modelos. Padres y madres tenemos que intentar trabajar esos niveles de estrés y mantener un ambiente lo más tranquilo posible para que nuestros hijos puedan aprender esas formas positivas de responder al estrés. La familia y el trabajo de la escuela cumplen también un rol importante. Poder enseñar de forma explícita estas habilidades sociales y emocionales tiene que ser parte del programa educativo de cada centro. Y un espacio donde los estudiantes puedan aprender por qué me cuesta tomar una decisión cuando me siento enfadado, o por qué quiero pegarle a alguien. Hay una parte de la biología de las emociones que los estudiantes deben aprender para desarrollar herramientas de conocimiento y regulación para que les ayuden no solo a enfrentar las dificultades de ese momento, sino que para la educación del siglo XXI. Esto no solo tiene repercusión en el aula, sino que en su vida adulta.

¿Debe existir una estrategia transversal desde el Mineduc?

Absolutamente. El aprendizaje socioemocional tiene que ser sistemático y planificado para que funcione bien. Las instituciones administrativas cumplen un rol importante para que los centros educativos puedan hacer ese trabajo, promover que adopten esos principios y los pongan en práctica. El proceso debería involucrar a toda la comunidad educativa: administración, docentes, padres, centros y estudiantes. Así podemos aprender mucho cuáles son sus motivaciones y preocupaciones.

¿Cómo ha abordado el mundo la vuelta a clases presenciales?

Uno de los aspectos que se ha priorizado es la salud mental de los estudiantes. Durante muchos años la escuela ha priorizado los aprendizajes como matemáticas o ciencias, pero quienes han hecho bien este trabajo de vuelta a clases lo que han hecho es priorizar al menos en las primeras semanas la salud mental y trabajar estos aspectos sociales y emocionales. Un aspecto que tal vez no hemos hablado tanto es cómo las condiciones de aprendizaje del centro educativo pueden llevar a cómo se comporta el estudiante. Hay que ver cómo el centro educativo mantiene condiciones de aprendizaje positivas.

¿Esa es la recomendación? ¿Primero la salud mental y luego los contenidos?

Hay que centrarse primero en establecer un clima positivo en el aula, asegurarse que los estudiantes tienen un espacio para procesar todo lo que han vivido en pandemia, donde al menos haya un adulto con el que hablar. Pero no podemos hacer eso las primeras semanas y luego solo centrarse en lo académico. Para que sea sostenible hay que trabajarlo a lo largo del año. Debería formar parte del programa educativo de todos los centros.

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