Este es el dato del que nadie habla en la educación superior
Ya cumplida la meta de ingresar a la educación superior, el desafío que sigue es la permanencia. Uno de cada cuatro estudiantes deserta en el primer año, obligando a las universidades e IP a desplegar estrategias de acompañamiento que van más allá de lo académico.
El ingreso a la educación superior funciona con precisión, integrando tanto el acceso universitario como las vías directas a la formación profesional y técnica. Solo en las universidades, el último proceso dejó a más de 230 mil personas habilitadas para postular. Sin embargo, esta “foto de éxito” tiene un límite claro: el sistema mide quién entra, pero dice muy poco sobre lo que ocurre después.
Hoy, las instituciones reciben estudiantes con trayectorias académicas y contextos formativos cada vez más diversos. Ya no se trata de un grupo homogéneo, sino de jóvenes con distintas preparaciones, expectativas y formas de enfrentar el aprendizaje.
Natalia Cortés, coordinadora de la Unidad de Apoyo al Aprendizaje de la Universidad Austral, enfatiza que este proceso formativo no es lineal: “La universidad no es una carrera en línea recta. Aprender a equivocarse, reorganizarse y volver a intentarlo es parte del proceso. Cuando un estudiante entiende que no está solo y que existen redes y unidades de apoyo que lo sostienen, la frustración deja de ser un motivo para abandonar”.
El primer año como punto crítico
Si el acceso ha sido históricamente el principal indicador del sistema, la permanencia se ha convertido en su mayor desafío. El primer año concentra los mayores niveles de abandono. Según el último informe del SIES, la retención alcanza un 76,5%, lo que implica que cerca de uno de cada cuatro estudiantes no continúa en su carrera al segundo año.
El tránsito desde la enseñanza media a la formación superior implica un cambio profundo en las exigencias académicas, pero también en la forma de aprender. La autonomía, la gestión del tiempo y la capacidad de enfrentar nuevas metodologías se vuelven factores determinantes en una etapa donde muchos estudiantes aún se están ajustando a un entorno completamente distinto.
Además, no solo llegan estudiantes con distintos niveles de preparación académica, sino también con realidades más complejas. En Inacap, cuatro de cada 10 estudiantes combinan estudio y trabajo, lo que complejiza la adaptación en el primer año. “Por eso hemos incorporado herramientas de flexibilidad y reconocimiento de aprendizajes previos, que permiten sostener las trayectorias sin duplicar esfuerzos”, señala Catalina Iglesias, vicerrectora Académica y de Innovación de Inacap.
Diego Errázuriz, director de Admisión de Duoc UC, advierte que el principal quiebre se produce en la transición desde la enseñanza media, muchas veces por expectativas poco claras sobre la carrera: “Anticipar ese proceso y apoyar la toma de decisiones antes del ingreso puede reducir las dificultades del primer año”.
El nuevo perfil: primera generación y alumnos trabajadores
A la heterogeneidad en la formación escolar se suma un cambio relevante en el origen educativo de quienes ingresan. Según datos del DEMRE, el 43% de los estudiantes matriculados en universidades se considera primera generación en educación superior; es decir, proviene de familias donde los padres no han cursado estudios superiores. Este factor incide directamente en la forma en que los estudiantes enfrentan la experiencia formativa, especialmente en aspectos como la comprensión del sistema, las expectativas y las estrategias de adaptación.
Frente a esta realidad, el acompañamiento ha debido ampliarse más allá de lo académico. “El acompañamiento académico por sí solo no es suficiente”, señala Mirza Villarroel, jefa del Departamento de Acceso Inclusivo, Equidad y Permanencia de la Universidad de Santiago, quien enfatiza la necesidad de incorporar un enfoque socioeducativo que favorezca la integración a la vida universitaria y el desarrollo de herramientas personales como la organización del tiempo, las estrategias de estudio y el manejo del estrés.
Desde una mirada complementaria, Francisca Yuri, directora del Centro de Apoyo al Desempeño Académico de la Universidad del Desarrollo, advierte que el desafío es profundo: “El primer paso es reconocer las características de los estudiantes de primer año. A partir de ello, las instituciones de educación superior deben diseñar planes de apoyo que prioricen, incluso antes del desempeño disciplinar, el desarrollo de estrategias de autorregulación”.
La receta contra el abandono
Ante este escenario, las instituciones han fortalecido estrategias orientadas no solo al acceso, sino también a la permanencia. El foco ya no está únicamente en seleccionar estudiantes, sino en generar condiciones para que puedan avanzar.
En los últimos años, esto se ha traducido en el desarrollo de distintas iniciativas de acompañamiento: programas de nivelación académica, tutorías, sistemas de alerta temprana y apoyo socioemocional. Más que acciones aisladas, se trata de un cambio progresivo en la forma de entender la trayectoria formativa.
Diego Errázuriz (Duoc UC) señala que una de las claves ha sido intervenir tempranamente, con iniciativas dirigidas a estudiantes de enseñanza media, como Tu Primer Paso, que permite anticipar la experiencia formativa mediante talleres prácticos, clases abiertas y asesorías vocacionales. “Buscamos que los estudiantes tomen decisiones informadas antes de matricularse, para facilitar su adaptación desde el inicio”, asevera el especialista.
La U. de Santiago también ha fortalecido su estrategia de acompañamiento con iniciativas que comienzan antes del ingreso formal. A través del programa USACH Inicia, ofrece instancias de nivelación académica y actividades socioeducativas orientadas a facilitar la transición desde la enseñanza media. Mirza Villarroel destaca que “estos acompañamientos cuentan con evidencia, observándose una relación directa entre participación en estos espacios y la permanencia de los estudiantes”.
Catalina Iglesias (Inacap) señala que compatibilizar estudio y trabajo es una realidad extendida: “Todas nuestras medidas buscan favorecer la empleabilidad, la continuidad formativa y la movilidad social”.
Este enfoque se materializa en programas de acompañamiento inicial durante el primer año, cursos de inserción temprana, tutorías entre pares y ayudantías en grupos pequeños, que permiten un apoyo más cercano y efectivo en el aprendizaje.
Lo último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE