Récord de rojas

Lavanini

El argentino Lavanini (2 metros y 120 kilos) mete un hombrazo al inglés Farrell. La acción le costó la roja.

Aún no concluye la fase grupal y ya son seis las expulsiones en Japón, más que nunca, debido al rigor con los golpes en la cabeza.




El rugby, por su marcada condición de deporte de contacto, es de las disciplinas donde las normas de seguridad son más estrictas. Son muchos los ejemplos al respecto. En esta edición del Mundial, el foco, sin descuidar las otras medidas, ha estado centrado en los golpes a la cabeza, en especial en aquellas acciones en que el impacto es evitable o se propina directamente sobre el cráneo o el cuello del rival.

Es una regla que tiene sobradas razones para aplicarse. Y hasta uno de los jueces en Japón 2019, el australiano Nick Berry, pude dar testimonio: jugó como medioscrum en Reds, Racing Métro de París y London Wasps, pero los médicos le recomendaron terminar su carrera debido a la serie de conmociones sufridas. Tenía apenas 28 años. Lo dejó, se tituló de profesor y, además, aprobó el curso de árbitro.

Y en este Mundial, la mano ha sido dura con estas infracciones: aún no concluye la fase de grupos y seis jugadores han abandonado definitivamente los campos: John Quill (EE.UU.), Facundo Gattas (Uruguay), Ed Fidow (Samoa), Andrea Lovotti (Italia), Tomás Lavanini (Argentina) y Josh Larsen (Canadá).

De ellos, solo el samoano Fidow y el italiano Lovotti han sido sancionados por razones diferentes al tackle alto. El isleño fue el caso menos grave, porque fue una acumulación de sanciones antijuego, pero sin riesgo de daño para el rival. No recibió sanción adicional. El azzurro, en cambio, realizó un tackle peligroso (catedral, como le llaman los franceses, por levantar al rival y dejarlo caer de cabeza sobre el césped) y se quedó sin jugar el resto del Mundial. Los demás fueron golpes al cráneo o al cuello.

Cuatro era el máximo

La estadística es clara. Hasta ahora, el máximo de tarjetas rojas (con torneo ya concluido) era de cuatro, en 1991 y 1995. En el Mundial más reciente, Inglaterra 2015, solo un jugador recibió el máximo castigo en cancha (el uruguayo Ormaechea, ante Fiyi), aunque las palmas de buena conducta o permisividad referil se las lleva Australia 2003, donde no hubo rojas.

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