La notable historia de Matthew Richards, de preparase en una piscina de plástico al oro olímpico

Matthew Richards y la piscina que compró para entrenar. Foto: Instagram.

El nadador galés fue una de las figuras en los 200 metros libres por equipos, donde Gran Bretaña estuvo a un paso de alcanzar el récord mundial y, de paso, dejó fuera del podio a Estados Unidos.


Los Juegos Olímpicos siempre dejan muchas historias. Algunas más peculiares que otras, pero en esta edición es donde más han surgido, debido a las alteraciones que provocó la pandemia en la preparación de los deportistas. Es el caso del nadador británico Matthew Richards, quien tuvo que preparse para Tokio en una piscina de plástico. Sí, leyó bien. En una piscina de plástico, de esas que venden en un supermercado.

El miércoles ganó el oro en los 200 metros libres por equipos e, incluso, estuvo cerca de romper el récord mundial de la especialidad. Además, él y su compañero Calum Jarvis se convirtieron en los primeros galeses en ganar la medalla dorada desde 1912. Sin duda, una gran hazaña.

Según destaca BBC, el deportista, de apenas 18 años y debutante en la cita de los anillos, tomó junto a sus padres la decisión de entrenar en el jardín de su casa ante la incertidumbre de saber cuándo iba a regresar al agua, producto de las prohibiciones por el Covid. Fue entonces que, conociendo la historia de un nadador neerlandés que adquirió una piscina plástica, decidió imitarlo.

Mattew Richards es el tercero de izquierda a derecha, durante la celebración del oro. Foto: AP Photo/Matthias Schrader.

El rectángulo de lona tiene un largo de cinco metros, un ancho de tres y una profundidad. “Le ajustamos unas cuerdas elásticas a la pared del garaje y él pasó allí, nadando hora tras hora, en su traje de neoprén, para no perder su contacto con el agua”, expresó su padre, mientras que la madre agregó que “eso lo ayudó mentalmente”.

Estados Unidos, fuera del podio

La victoria del cuarteto británico, que además estuvo compuesto por Tom Dean. James Guy y Duncan Scott, fue uno de los grandes golpes, ya que establecieron un tiempo de 6.58′58″, a apenas tres centésimas de la marca de los estadounidenses Phelps, Berens, Wlters y Lochte en el Mundial de Roma de 2009.

Precisamente, el equipo norteamericano se convirtió en la gran decepción, ya que no fueron capaces de meterse en el podio, en gran medida por la ausencia de Caeleb Dressel, el mejor velocista, a quien prefirieron guardar para la final individual de los 100 metros estilo libre. La apuesta fracasó en lo colectivo, pero funcionó en lo particular, ya que su figura principal ganó con récord olímpico.

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