La película de Tobar en la Bombonera

El juez chileno cuenta su exitosa experiencia en la final de ida de la Libertadores, entre Boca Juniors y River Plate, que parte con el trauma de la suspensión por la intensa lluvia que anegó Buenos Aires.


Roberto Tobar se llenó de elogios por su desempeño en la primera final de la Copa Libertadores, entre Boca Juniors y River Plate. De jugadores y medios de comunicación, a los que atendió con orgullo ayer. La Tercera, sin embargo, sometió al árbitro a otra prueba. La de revivir paso a paso su experiencia en la Bombonera, desde un punto de vista más íntimo, como si fuera su propia película del paso por Buenos Aires.

“Estar ahí es una motivación enorme. Es un estadio distinto, aunque la vibración de la que hablan no se siente en el camarín de los árbitros. Estamos en un túnel, donde no llega el sonido ambiente de la cancha. Uno piensa en entrar y en hacerlo todo bien. En estar encima de las jugadas y de los jugadores, para que no pasara nada. La expectación era tremenda en todo el mundo y lo sabíamos. Teníamos confianza, basada en los buenos partidos que habíamos hecho en la Copa Libertadores. También sabíamos que el folclor que genera este partido es muy grande”, sostiene.

Ya con la tarea resuelta, agradece la disposición de xeneizes y millonarios. “Hubo mucha cooperación de los jugadores para que saliera un partido bonito, de mucha intensidad. Fue un partido de mucha potencia, por decirlo así. Un excelente espectáculo que disfrutamos todos. Hubo también, jugadas difíciles. La de (Milton) Casco fue la primera. La temperatura del partido no estaba para amonestar. Por eso, llamé a los involucrados y les hablé. Afortunadamente, me creyeron y luego se tranquilizaron. Uno, como árbitro, debe leer ciertas jugadas. A (Ramón) Ábila, por ejemplo, le hago un gesto que pudo parecer engañador, pero fue porque me desaprobó con palabras. En el fondo, le expliqué de esa forma por qué lo había amonestado”, explica.

También se autoevalúa. “Quedé conforme con lo que hicimos. Sin dudas, es el partido más trascendente de mi carrera. En la cancha estaban dos potencias mundiales del fútbol. Haber estado en este partido lo considero un halago. No sé si se podrá dar una segunda final. Si se da, bienvenida. Lo que sí tengo claro es que ésta la atesoraré para siempre”.

Atrás quedaba la pesadilla del sábado, cuando el aguacero obligó a postergar la definición en un día, debido a la fuerte acumulación de agua que presentaba la cancha del recinto xeneize. “Cuando salimos de Chile supimos que habían pronosticado tormentas para el sábado, pero no pensamos que serían tan fuertes”, dice. También, por primera vez, admite que experimentó ansiedad antes del partido, una sensación que la postergación aumentó. “Llegar al sábado ya implicaba una dosis de presión y otra de ansiedad, por lo que significaba el partido, del que se hablaba en el mundo. Luego, con la suspensión, aumenta ese estado de ánimo”, confidencia. En ese momento, recibe consejos clave. “Estuvimos trabajando con Héctor Baldassi y Wilson Seneme, nuestros instructores. Ellos nos traspasaron la experiencia de dirigir estos partidos y, por cierto, la tranquilidad. No por nada Baldassi dirigió 18 Superclásicos en Argentina. Algo me podía enseñar. Sus consejos me ayudaron para desenvolverme de manera justa, incorporando mi forma de dirigir, que busca darle fluidez al juego y evitar que los jugadoresno cayeran en simulaciones. Se cumplió, gracias a la colaboración de ellos”, explica.

La suspensión fue, en su definición, una decisión compleja, pero atingente. “La responsabilidad era tremenda. Una hora antes de salir al campo para la revisión que determinaría si se jugaría el sábado, nuestros instructores fueron a reconocer la cancha y nos dijeron que estaba colapsada, que el drenaje no daba abasto para soportar la cantidad de agua que había caído y seguía cayendo. Al llegar a la cancha nos dimos cuenta de que era imposible jugar y se adoptó la decisión de suspender. Muy difícil, por cierto. Por todo lo que implicaba”, revela.

También desclasifica el enclaustramiento obligado después de la determinación, por razones de seguridad. “En el tiempo que pasó entre la suspensión y la reprogramación, no pudimos salir del hotel. Estábamos custodiados por guardias durante todo el día”, comenta en la última anécdota relativa a su final soñada.

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