Entre los nuevos artilugios tecnológicos que hoy utilizan los entrenadores y expertos para analizar el juego está esa imagen que registra, como un mapa de calor, el movimiento de los jugadores en la cancha. Los manchones, que van de tonalidades azul hasta el rojo más vivo según la cantidad de tiempo y el número de jugadores que se mueven por esa zona, en general muestran actividad abultada por el centro de la cancha, diluyéndose de forma paulatina hacia los costados. Así, como dato único, el mapa de calor poco puede aportar al análisis de un partido. Es un factor más, entre decenas que se utilizan hoy, para sacar conclusiones.

Pues bien, un amigo me envió el mapa de calor de Universidad de Chile el martes, en el José Pinheiro Borda de Porto Alegre, cuando enfrentó a Inter por la Copa Libertadores. En el primer tiempo se veía apenas una manchita de naranja muy pálida en el área del equipo brasileño; en el segundo, todo era azul frente a la portería de José Lomba. En los 90 minutos el equipo de Hernán Caputto no registró un tiro al marco, es decir a puerta, y por lo mismo, Lomba no atajó un balón.

Ya sabemos con largueza que la U quedó fuera, mansamente fuera, de la Copa Libertadores. Que contra un lento y tieso Inter, todavía en proceso de sacarse la pretemporada y recién calentando motores contra los poco exigentes rivales del campeonato Gaúcho, los azules apenas ofrecieron amontonamiento defensivo, pero nada de aplicación y gotas de garra. Los dos goles (Boschilia y Guilherme) fueron regalos clamorosos de unos distraídos Diego Carrasco y Luis del Pino Mago. No debió exigirse Inter para pasar la llave, solo quedó esperando que la U le regalara dos mano a mano.

Un equipo que no dispara al arco y que su defensa está distraída, dicho con piedad, no solo queda fuera de la tercera fase de la Copa, y pierde 550.000 dólares en la pasada, sino que da a entender que entra a la cancha eliminado, sin ganas de pelearla y resignado a su destino. Una cosa es la diferencia en dinero que media entre el plantel de Inter y la U, otro muy distinto es una actitud pusilánime, determinista y anodina. Los que vimos el partido nos preguntábamos cuándo Caputto iba a soltar amarras y mandar el equipo al frente, y la respuesta fue que nunca. Jugaran 90, 180 ó 360 minutos, la U jugaba con la eliminación firmada de antemano.

Después de tanta cueca reglamentaria, partidos ganados por W.O., cupos forzados en Quilín, plazos alargados desde la Conmebol, polémicas, entrevistas, tuiteos desde Madrid, para quedar fuera de esta manera. Así, mejor que jugara Unión Española.

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