Lado B: La vida de los Cóndores fuera de la cancha

Los Cóndores celebran tras el hito conseguido en Valparaíso FOTO: VICTOR HUGO MONTALVA/AGENCIAUNO

Cocineros, vendedores, médicos, ingenieros, profesores y estudiantes componen el equipo que hoy tiene a Chile a las puertas de su primer Mundial de Rugby. Aquí, sus historias.



Hace solo tres semanas, los Cóndores conseguían la victoria más importante de su historia al derrotar a Canadá en Valparaíso y quedar a una serie de clasificar a su primer Mundial. Un triunfo increíble ante un equipo ciento por ciento profesional, algo que recién ahora en Chile se está logrando.

“El rugby siempre fue un deporte amateur y solo en 1995 se hizo profesional y se crearon las ligas oficialmente profesionales, porque en las potencias existía de forma encubierta. En Chile, esto recién lo logramos materializar en enero del año pasado con la creación de Selknam y la Superliga Americana”, explica Cristian Rudloff, presidente de la Federación de Rugby.

“Armamos un staff técnico de alto rendimiento. Hay entrenadores para las distintas áreas del juego y preparadores físicos. Incorporamos GPS, kinesiólogos, masajistas, nutricionistas, médicos, psicólogos... Más de 16 personas dan apoyo técnico y transferencia de conocimientos”, comenta el timonel acerca de este salto de calidad, que hoy se ve reflejado en los éxitos de la Selección en las Eliminatorias para el Mundial de Francia.

El régimen de entrenamientos es exigente, ya que contempla sesiones desde las 8.00 hasta las 15.00, generalmente de lunes a viernes. “Después de ese horario, los jugadores se dedican a sus actividades. Eso sí, procuramos que se vayan siempre almorzados, para que no se produzca ningún desorden en la nutrición”, resalta Rudloff.

De todos modos, como esto es bastante reciente, la gran mayoría del plantel no vive del rugby y cumple otras funciones. Así se puede encontrar desde cocineros, médicos y estudiantes a emprendedores de la carne.

A este último rubro se dedica Matías Dittus (28), uno de los hombres clave del elenco que dirige Pablo Lemoine. Su negocio se llama La Bodega del Tongua (@labodegadeltongua en Instagram). “Nace porque hace un año, le pedí a un amigo medio huaso que me consiguiera un cordero para celebrar mi cumpleaños, pero al final me consiguió unas chuletas magallánicas y unas malayas espectaculares. De ahí vimos que los precios eran buenos y empezamos a vender costillares, malayas y, de ahí, cortes premium. Nos empezó a ir bien y hace dos meses creamos la empresa más formal”, relata.

El pilar derecho se las ingenia con los entrenamientos y el trabajo. “A veces me tengo que levantar a las 6 de la mañana a buscar carne, luego ir a envasar y después entrenar toda la mañana. Lo bueno es que soy mi propio jefe y ahí me puedo arreglar si tengo algo que hacer”, comenta. Y agrega: “Yo mismo reparto la carne por todo Santiago. Cuando no estoy, mis viejos y mi hermana me ayudan con eso”.

Su sueño, junto con dedicarse ciento por ciento al rugby, es ser técnico. “Me gustaría ser entrenador de scrum y de forward y para eso quiero irme de viaje y capacitarme en Irlanda o en Escocia”, señala.

Cocinas y granolas

Esteban Inostroza (27) es otro de los miembros del equipo. De profesión cocinero y administrador gastronómico, egresado del Inacap, el pilar derecho también compatibiliza los entrenamientos con sus labores.

“Encontré un trabajo en 2018, en una empresa que se llama Windberg, que fabrica granola, y por suerte mi jefe era muy flexible con los horarios que tenía, y eso me facilitó mucho todo”, detalla desde Uruguay, donde se encuentra reforzando a la Selección M-23.

“Yo era el que producía la granola. Era el cocinero que hacía las mezclas y también participaba en toda la línea de producción”, agrega el oriundo de Maipú.

Al fondo, Esteban Inostroza, junto a sus padres en un local de comida.

Más recientemente ha ido adaptando su rol. “Últimamente, como hemos estado en pandemia y hemos viajado por más tiempo, he estado haciendo reemplazos y ayudando”, apunta.

Recuerda que la pasión por la cocina la lleva en la sangre. “El ámbito familiar ha sido siempre en torno a la comida. Es un momento de reunión, y si a eso le sumamos que mi abuelo tenía una quinta de recreo donde trabajó mi papá un tiempo, al final se fue quedando una esencia, más que por la comida, por el servicio”, dice.

En su caso, desde pequeño había interés. “Si había un cumpleaños, siempre terminaba en la cocina ayudando”, relata, además de destacar cuál es su preparación favorita: “Me siento cómodo con los postres, pero si tuviera que elegir, me quedo con el mousse de chocolate”.

El Covid de frente

Una de las figuras del proceso, que partió con Selknam, es Francisco Urroz (28), quien hoy se recupera de un corte del tendón de Aquiles, que se produjo el 10 de julio. “Desde ahí estoy recuperando a full para volver”, comenta el jugador, quien se tituló de médico en la Universidad de Chile.

“Me titulé en mayo y con el rugby y la lesión no había podido trabajar, pero ahora empezaré pronto”, afirma.

Antes del infortunio, el fullback colaboró en el hospital Barros Luco, como interno de medicina. “Estuve unas semanas apoyando y después nos contrataron en una clínica”, narra.

Francisco Urroz, en el hospital clínico de la Universidad de Chile.

En un escenario de pandemia y de tanta incertidumbre, Urroz enfrentó situaciones complejas. “Lo más difícil fue ver a pacientes jóvenes con Covid muy complicados”, apunta.

En el futuro espera poder compatibilizar la medicina con el rugby, aunque por ahora no tomará alguna especialización. “Entrar a una especialidad significar retirarme del rugby de alto rendimiento”, lamenta.

Estudiante y DT

Augusto Böhme (24) es otro de los ejemplos de versatilidad en los Cóndores. Es estudiante de cuarto año de Educación Física en la Universidad Andrés Bello, donde está becado.

“Me tuve que cambiar a la modalidad vespertino, porque las exigencias de entrenamiento y de tiempo destinado a los Cóndores se han ido incrementando desde que comenzó el nuevo ciclo con Pablo Lemoine”, revela acerca de esta decisión.

De todos modos, la tecnología ha ido ayudando a acomodar la vida en tiempos de pandemia. ”La virtualidad de las clases ha hecho que esto sea más fácil, pero igual es una preocupación tener que rendir bien en las dos facetas”, apunta.

Paralelamente, el hooker es el DT de la Selección M-17. “Yo había entrenado en mi club a menores de ocho y de 10 años y también trabajé en un colegio. Me llegó un ofrecimiento de Dalibor Franulic, y a mi me gusta dedicarme al alto rendimiento. Es lo mejor que me pudo haber llegado para desempeñarme como profesor de Educación Física”, expresa sobre una vida marcada por el amor al deporte, tal como la de sus compañeros, que hacen lo imposible para seguir con el sueño de poner a los Cóndores en la historia del rugby chileno.

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