El que no llora no es de la U

LA U

El partido más tenso del año, hasta la fecha. También el con mejor asistencia de todo el torneo. El hincha azul sufrió, tanto o más que los jugadores. El triunfo fue un desahogo.




Lloran los jugadores, lloran los hinchas. Eso es la U hoy. Eso se vivió anoche en el Estadio Nacional. Cánticos mezclados con lágrimas y mucha emoción. Es la tensión, el temor. La desesperación por no bajar a la B. El premio de una noche buena, al fin una noche buena para esos fanáticos que por unos días se verán fuera de la zona de descenso.

A las siete de la tarde en punto se abrieron las puertas del Estadio Nacional. La procesión para el hincha azul, eso sí, comenzó mucho antes. Lleva meses carcomiendo a una barra que nunca dejó de alentar. El duelo de anoche ante Iquique, otro apremiado con perder la categoría, se transformó en una verdadera final de finales.

Llegó el bus con los jugadores y se desató el ambiente de definición, como hace tiempo no ocurría para el Romántico Viajero. Final por no bajar, pero final al fin y al cabo. Y así, mientras los protagonistas descienden del vehículo con Caputto en primer lugar, se escuchan también las primeras consignas del crítico momento.

"¡A ponerle huevos hoy!", "¡Necesitamos los puntos como sea!", "¡Hoy más que nunca!" y "¡Mojen la camiseta!", son algunos de los ruegos de los fanáticos que acompañan el arribo del equipo. Johnny Herrera es el más aplaudido. A él se encomiendan. Las caras de los futbolistas son de absoluta concentración.

La temperatura del estadio empieza a subir. De a poco pasa de tibia a caliente. Más aún cuando a las 20.18 el equipo salta a la cancha a hacer el trabajo de precompetencia. La victoria de Everton, otro metido en la pelea por el descenso, a esa altura ya se consuma. La batalla que se aproximaba entre el Chuncho y los Dragones Celestes tomaba tintes épicos. Y casi definitivos. Así se murmura en las escalinatas, asientos y pasillos del Nacional.

A las 20.43 el estadio se viene abajo por primera vez. Es cuando el equipo se va al camarín a recibir las últimas instrucciones antes de que empiece el partido. Un minuto más tarde, la pifia es ensordecedora cuando Iquique hace lo propio. Las graderías ya hierven. "¡Sale León, sale León!", canta el público incesantemente. Hace mucho que no se veía un Nacional así. Los nervios están a flor de piel.

La tensión se empieza a disipar prontamente. O al menos eso parece. Apenas dos minutos dura el grito contenido. Eso se demoró Marcos Riquelme en provocar el desahogo de miles. Un gol que significaba una luz de esperanza. Y que por cierto sacaba a la U de los puestos de descenso. Pero el ídolo se equivoca bordeando la media hora de juego. El arquero por el que Caputto lo apostó todo le da vida a Iquique. Un error suyo significa el empate parcial. Los azules vuelven a sufrir, los garabatos se multiplican, la pregunta sin respuesta es obvia: "¿Por qué, por qué?".

En las tribunas lo sufren los dirigentes Goldberg, Vargas y Navarrete; los suspendidos Moya y Benegas y hasta los ex jugadores del club Waldo Ponce y José Rojas. El reloj parece avanzar a mil por hora en la segunda etapa. Y es que el empate, sobre todo con uno menos, es negocio para la visita. Porque encima mantiene a la misma distancia que comenzó el partido a la U en la tabla. La misma U que en la cancha empieza a quedarse sin ideas.

El público se impacienta. Caroca, Espinoza y Caputto son los principales blancos de las quejas. También de los insultos. Y justo cuando no se veía por dónde, el recién ingresado Jimmy Martínez sacó un pésimo remate que Zenteno envió a propia puerta. Un gol feo. Un gol adorado y gritado con el alma en todos los puntos del coliseo. Un desahogo brutal. Para jugadores, dirigentes, cuerpo técnico y la hinchada estudiantil. Un grito de alivio.

Y es que la U dice que está viva. Se niega a caer. Que la B debe ser cosa de otros. Que el León quiere seguir rugiendo en Primera. "Salta cuando todos estén tristes, salta solamente por la U... ¡La U!". La canción más emotiva de la barra tiene vida propia. Calza perfecto. Se guardan los insultos, se olvidan los reproches, los errores del equipo dan lo mismo. Lo único que interesa en Ñuñoa es que Universidad de Chile, por diferencia de goles, ya no está en la zona de descenso. Los azules también tienen derecho a reír.

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