Cecilia Lagos

Cecilia Lagos

El Deportivo

Solskjaer, el maestro de lo imposible


Si hay un jugador legendario de nombre difícil de pronunciar, pero sobrenombre inolvidable, ese es el noruego Ole Gunnar Solskjaer, “the baby-faced assassin” o “el asesino con cara de niño”, como lo tradujeron al español. Tenía 23 años cuando en 1996 llegó a Manchester United y la dulzura de sus facciones contradecían completamente sus brutales instintos frente al arco.

“Úle Gúnar Súlshar” -como se pronuncia su nombre en noruego- estuvo once años como jugador en Manchester United, bajo el mando de Sir Alex Ferguson, y otros tres años como técnico del equipo reserva, en los que incluso alcanzó a entrenar a un jovencito Paul Pogba. Fueron casi 15 años como Red Devil que lo convirtieron en ídolo, a pesar de nunca haber sido precisamente titular en los planes de Sir Alex. El escocés siempre lo sacaba de la banca cuando había que revertir o cerrar un partido. Solskjaer no tenía todos los minutos que a un jugador como él le hubieran dado en cualquier otro equipo, pero aceptaba el sacrificio porque prefería ser el héroe en esos 10 ó 15 minutos finales, antes que jugar partidos enteros y ser del montón. La categoría de leyenda, de esas que inspiran tatuajes en las espaldas de los hinchas extremos, se la ganó en la inolvidable final de la Champions League de 1999 en el Camp Nou frente a Bayern Munich. El equipo alemán ganaba por 1-0 desde el minuto seis. United apenas había lanzado al arco hasta que en el minuto 80, Sir Alex decidió usar su truco infalible: Solskjaer saltó a la cancha y noventa segundos después del empate de Teddy Sheringham, en el minuto 92, el noruego marcó el 2-1 que lo inmortalizó en la historia del fútbol mundial.

Por todo lo anterior, Ed Woodward, el criticado vicepresidente de los Diablos Rojos, decidió tomar prestado a Solskjaer desde el Molde de Noruega -donde lo esperan de vuelta en mayo- para arreglar el desastre que sus propias malas decisiones, junto con las de los Glazer y José Mourinho, dejaron en el camarín y en la cancha. Pero si bien Ole Gunnar ha sido campeón dos veces en la liga noruega, también se cuestiona su poca experiencia y su paso por el Cardiff, al que no pudo salvar del descenso en 2014. ¿Su mayor problema? La gran cantidad de goles que sus equipos reciben, incluso si ganan. Ahora, además de crear un equipo equilibrado, también deberá recuperar la utilidad y motivación de talentosos como Pogba o Alexis. En su primera entrevista como DT del United, Solskjaer dijo que quiere devolverle a sus futbolistas la alegría de jugar y que se expresen libremente en la cancha. Ahí se ve directamente la influencia de Sir Alex. Hace poco, Eric Cantona contó cómo el escocés hacía exactamente lo mismo con ellos: “Sentíamos libertad de movernos y jugar como quisiéramos.”

A sus 45 años, Solskjaer sigue teniendo cara de niño, pero ahora Manchester United ya no necesita su instinto asesino, sino de salvador para recuperar el alma y el fútbol que le han robado al club. Suena una locura, suena imposible. Tan imposible como esa final de Barcelona en 1999.

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