¿Un genio del fútbol o un técnico sobrevalorado? Análisis al método de Marcelo Bielsa
La temprana eliminación de Uruguay en el Mundial abre el debate respecto de la validez del sistema de trabajo del entrenador, que deslumbró con su desempeño en la Roja. Su estilo no genera términos medios: en Chile lo aman, mientras que en las riberas del Río de La Plata suma más detractores que adeptos.
Uruguay cae ante España y se despide el Mundial. La decepción celeste es evidente, aunque, hasta cierto punto, predecible: era complejo reparar ante los ibéricos, uno de los candidatos al título, los errores que habían costado puntos clave frente a dos rivales absolutamente abordables, como Arabia Saudita y Cabo Verde.
Marcelo Bielsa se transformó en el blanco de todas las críticas. Lo fue, primero, por sus formas, por el desdén con que atendió requerimientos oficiales y hasta por su mirada ausente. Antes del duelo frente al equipo de Luis de la Fuente, ya existía otro elemento para sumar al pesimismo: la distancia que el estratega había generado con los jugadores, producto de la forma de entrenar y la extensión de las charlas (le pidieron reducirlas a un máximo de 10 minutos). En su paso por la banca de la Celeste quedó bastante claro que no consiguió la cohesión que se necesita entre un adiestrador y su plantel. Se habló de una división profunda. La consideración se extiende a todo el medio uruguayo. El DT intentó explicar el quiebre. En su estilo: en una conferencia que duró una hora y media.
A estas alturas de la carrera de Bielsa existen dos certezas: que se trata de un técnico de excepción y que en torno a su figura no existen posturas medias. Para reflejarlo, solo basta acudir a sus experiencias en selecciones: en Chile, hay una amplia mayoría que lo adora por haber llevado a la Roja al Mundial de Sudáfrica y que, hasta hoy, pide su regreso. En las riberas del Río de La Plata, que considera a Argentina y Uruguay, los detractores les ganan a los adeptos. En su país, por ejemplo, ni la medalla de oro en Atenas 2004 alcanza para disimular su fracaso más sonado: la paupérrima presentación en el Mundial de Japón y Corea del Sur 2002, donde no pasó la fase de grupos. Aunque en Rosario el panorama cambia: el estadio de Newell’s Old Boys lleva su nombre. En el borde oriental, jamás le perdonarán la campaña que cumplió en Norteamérica ni menos haber intentado remecer la idiosincrasia del fútbol de ese país.
En el país charrúa, por ejemplo, Diego Lugano, el máximo detractor de Bielsa, encontró la opción ideal para lapidarlo. “La decepción, la tristeza que siento. También por los jugadores, porque dejaron todo, pero no tuvieron la oportunidad de pelear de igual a igual con otras selecciones, porque no tuvieron un entrenador que los guiara por buen camino. Cambios inentendibles, tácticas inentendibles. Creo que Bielsa nunca entendió dónde estaba. Los jugadores nunca entendieron a Bielsa”, declaró el excapitán del combinado.
En Argentina, Hernán Crespo recuerda siempre que, en su mejor momento en el fútbol italiano, el técnico lo ignoró, por la inflexible posición de no utilizar dos centrodelanteros. Optaba por Gabriel Batistuta. Después de un partido ante Perú, en que el entrenador le pidió jugar como puntero, Crespo explotó. “Me avisaron ‘vení mañana al predio, Marcelo quiere hablar con vos’. Llegué, ya en un clima tenso. Nos juntamos en un cuarto y, lejos de justificarse o pedir perdón, redobló. Le respondí: ‘Mire, es tan grave lo que viene haciendo hacia mi persona, estas faltas de respeto en años, que voy a dejar de lado lo más grande que me pasó en la vida, que es la Selección. No vengo más mientras esté usted. Yo no voy a tolerar la falta de respeto’. La Selección fue a la Copa América, a los Juegos Olímpicos, ganó la medalla de oro y él renunció. Y nunca se supo de mi renuncia”, graficó.
Chile se divide
En Chile, de hecho, también hay opositores. “Un día se le perdió plata de la oficina (700 dólares) y dijo que fueron las tías (del aseo). Yo las vi llorar, si eran las tías de las cocinas y las camas po’ hueón. Las vi llorar, yo las conozco desde los 15, 16 años. Y de viejo vine a verlas llorar…”, reveló Nicolás Peric, en una entrevista en la radio La Metro. El dinero lo repusieron los jugadores. El Loco talquino, vale la aclaración, también recordó un episodio habitual en los entrenamientos. “También se le ocurrió que nos cambiáramos cada ocho minutos en las prácticas de fútbol. Cuando pasaba nos cagábamos de la risa con Claudio Bravo cuando nos topábamos en la mitad de cancha. Sus entrenamientos los hacían Bonini y Berizzo, con los sparrings”, explica. “Había mucho trabajo, eso no se duda”, reconoce.
El más insigne es Arturo Vidal. “Es buen entrenador, pero es una persona fría, una persona que no me llegó nunca a mí. No sé a los demás, pero yo te hablo de lo personal, no llegué nunca a sentirme cómodo con él”, dijo en un diálogo con Jefferson Farfán. “Como entrenador es muy bueno, pero para mí no sé, he tenido mejores entrenadores. Entrenadores que a mí me llenaban, que me hacían entrenarme feliz, aunque fuera fuerte el entrenamiento, da igual”, insistió el Rey. Y dejó una conclusión. “Aunque el entrenador sea espectacular, si la energía no está buena, las cosas no van a funcionar... con él funcionó, pero duró muy poco”, sentenció.
Escasa cercanía
Waldo Ponce procura interpretar adecuadamente el fenómeno que produce Bielsa. “El profe, que no era muy cercano, te daba conocimiento. Para nosotros, la tarea era aprovechar de lo que nos nutría. Información, buenos trabajos. Eso nos hizo obtener resultados. Los uruguayos estaban acostumbrados a otro trato con (Óscar) Tabárez”, sostiene.
El mundialista en Sudáfrica 2010 marca la diferencia respecto de la experiencia charrúa. “Con nosotros las charlas eran largas. Los uruguayos reclaman por 20 minutos. Acá era una hora, o una hora y cuarto. Veíamos los partidos que jugábamos en tres tandas de media hora, en distintos días. Analizábamos todo. Qué hicimos bien o mal. Por dónde nos atacaban, por dónde entrábamos. Ya sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Con otro técnico nunca estuvimos 30 o 40 minutos sentados”, dice.
Bielsa estaba muy alerta de que su mensaje estuviese siendo recibido. “Había que estar atento, porque el hombre estaba pendiente de lo que uno estaba haciendo, de cómo estábamos sentados. Preguntaba alguna cosa y había que estar atentos. Te hacía interactuar. No era un monólogo. Te preguntaba si estaba bien lo que se estabas haciendo”, detalla.
Espacio para la negociación, no había. “En la forma de él, no había margen para sugerir. O por lo menos nunca se lo planteamos”, reconoce Ponce. El exazul concluye con otra potente diferencia respecto de la experiencia charrúa. “Sabíamos la calidad, la capacidad y la forma de trabajar. No las podíamos desperdiciar”, remata.
Modificar cultura
El análisis de la experiencia de Bielsa en Uruguay es multidimensional. “Modificar cultura en el fútbol es complicado. Uruguay tiene una tradición centenaria, son campeones del mundo. El fútbol exige resultados ahora”, explica el sociólogo Andrés Parra.
Otra vez, frente a la resistencia que provoca en otros medios, la comparación con el caso chileno es inevitable. “Lo explicaría porque son distintos focos e identidad futbolística. Uruguay no ha sido característicamente ofensivo ni dinámico. Ellos apelan a otra cosa. A la garra. Bielsa fue criticado por lo mismo. Ellos tienen que ver con otra cosa, similar a lo que mostró Paraguay. En Argentina está el tema del bilardismo. O la capital vs. provincia. El rosarino Bielsa vs. el porteño. En Chile, en cambio, encontró un país similar a su personalidad. Acá disfrutó de la cultura, fue al teatro, compraba en la panadería de la esquina. Los chilenos adoptamos mucho más ese juego ofensivo, aguerrido. No teníamos mucho que perder. Todos creyeron en esa línea ofensiva o en la de los perros de presa, que después continuó Sampaoli“, postula.
El error, dice Parra, es compartido. “Un entrenador no es para cualquier selección. Ahí hubo un error. Uruguay se equivocó al elegir a Marcelo Bielsa. Él apunta a equipos más ofensivo. En México, en el Espanyol o en el Lille no le fue bien. Bielsa nunca pegaría en Italia, donde les gusta el catenaccio”, establece.
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