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Paredones: la historia vinícola de la localidad adoptada por Colchagua

Los vinos de esta comuna de la Región de O’Higgins la han posicionado como un destino crucial para las cepas de clima frío. A pesar de que su historia vinícola se remonta a 1930, desde la década de 2010 la zona experimentó un gran auge de viñedos. Esto es Chile aborda en este artículo la importancia del vino para la región, mientras que las bodegas que apostaron por la localidad reconstruyen su trayectoria.

Décadas antes de que Paredones fuera premiada por sus vinos de influencia marina y la comuna fuera incorporada a la denominación de origen de Colchagua Costa, la historia vinícola de esta localidad de la Región de O’Higgins de 6.200 habitantes empezó con el doctor Eduardo Moore en los años 30. De padre estadounidense y madre colchagüina, el botánico y médico cirujano se desempeñó como director del Museo Nacional de Historia Natural antes de volver a su natal Paredones con un dulce cargamento importado desde Europa.

“Trajo plantas de Francia: cepas blanca italia, torontel, chasselas y otras”, relata Max Rodríguez, su bisnieto, en conversación con La Tercera, desde la provincia de Cardenal Caro. Con esas variedades de uva, entre 1930 y 1935, nació la Viña Querelama.

No obstante, esos antiguos viñedos hoy solo persisten en las parras silvestres de las quebradas de Paredones. En 1980, cuando “el valor de la uva era mínimo”, agrega el descendiente de Moore, la viña detuvo su producción.

Pero el legado del médico cirujano persiste en Paredones. Así lo demuestra el nombre de su avenida principal: Doctor Moore, un nombre que también lleva el principal barrio comercial de la localidad. Por otro lado, su herencia vinícola no tardó en encontrar nuevos asideros.

En 2006, la Viña Querelama resurgió cuando Rodríguez decidió volver a plantar viñedos. En una iniciativa con apoyo de la Viña Casa Silva, una de las más antiguas vinícolas del Valle de Colchagua, Paredones daba sus primeros pasos para volver a ser una comuna vinera.

Los viñedos de Viña Querelama

“Él apostó en realizar algunas plantaciones en esa zona y nosotros le dijimos ‘planta, nosotros te vamos a comprar la uva’”, recuerda Mario Pablo Silva, gerente general de Casa Silva. Si la iniciativa fue considerada una apuesta, en parte fue por la desafiante geografía de Paredones. La comuna está ubicada en el secano costero, una zona semiárida al borde de la Cordillera de la Costa que carece de los amplios sistemas de riego de la zona central.

“El secano costero de O’Higgins presenta unos desafíos muy peculiares”, explica Consuelo Ceppi de Lecco, académica de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales UC y experta en enología. Según dice, el desafío que enfrentaron las viñas al apostar por Paredones “es cultivar la vid en una región que tiene suelos con características dadas por la sequía de la zona y todas las características climáticas que esto conlleva, con el atenuante de que es una zona costera que cuenta con la influencia del océano”.

Esa aridez, sin embargo, también presenta ventajas: “La vid se adapta a este medioambiente en que le toca desarrollarse, pero de una manera muy fantástica”, explica. Según dice, como la planta debe ser más eficiente, sus uvas y el vino que se produzca con ellas van a contar con “características únicas tanto en el aspecto aromático como gustativo”.

Con eso en mente, Silva resume la apuesta que significó plantar en Paredones: “Había que jugársela y recolectar agua de la lluvia, tener un tranque, y entender que a lo mejor la producción de uvas no iba a ser tan grande en términos de kilos, pero las calidades iban a ser excepcionales”.

Así, la alianza estaba consolidada. Mientras que Rodríguez encontró un comprador para las uvas, Casa Silva se encargaría “de la calidad, de los premios, de la participación en los concursos, y darle a conocer al mundo que los vinos de Paredones son vinos de calidad”, afirma el gerente general de esa compañía.

De esa forma, la localidad se sumó nuevamente a la larga tradición vinícola de O’Higgins. En la encuesta de Esto es Chile -el proyecto de Cadem, La Tercera e Inacap para descubrir y dar a conocer qué piensan y sienten las regiones del país-, el vino se posicionó como un símbolo líder. En la provincia de Colchagua, el 52% lo señaló como lo más característico de la zona.

Además, esto se complementa con que la industria vinícola fue considerada la tercera actividad económica más importante de la región (29%), después de la agricultura (75%) y la minería (67%). Por otro lado, la sequía también fue relevante para sus habitantes: el 71% afirmó que, junto con el cambio climático, está afectando la economía y la vida cotidiana.

Un vino influenciado por el mar

Luego de las plantaciones de Querelama, otras viñas no tardaron en apostar por la localidad. Así, en 2008, la primera empresa externa en plantar en la comuna fue la Viña Estampa. Según explica su enóloga jefe, Johana Pereira, en busca de un lugar donde proliferar sus variedades de vino blanco, el propietario de la viña, Miguel González, decidió poner sus fichas en Paredones y “plantar cepas de zona más fría”.

Los viñedos de Viña Estampa en Paredones. Cortesía: Viña Estampa

Mientras tanto, se alistaba el producto de las viñas de Querelama. Así, las primeras botellas que Casa Silva etiquetó salieron al mercado alrededor de 2009. Era el nacimiento de su línea Cool Coast, con cepas como sauvignon blanc, sauvignon gris y pinot noir. Según explica Rodríguez, se comprobó que aquellas variedades “se acomodan muy bien al terroir de la zona, dando vinos de gran calidad”.

Entre las características de la zona, añade Rodríguez, está que sus viñedos se ubican a solo nueve kilómetros de la costa. “La cercanía al mar, los días sin temperaturas extremas, ni de día ni de noche”, junto con suelos arcillosos y con presencia de cuarzo, conforman un terreno “que da un sello de calidad muy característico de la zona”, complementa.

Así, el recibimiento de las botellas de Casa Silva fue tal que, en 2011, la viña adquirió sus propios viñedos, emplazados en la ladera de la Cordillera de la Costa. Según explica Silva, su gerente general, producto de las primeras cosechas de ese campo, “la periodista inglesa famosísima Jancis Robinson, que es probablemente la mujer número uno del mundo en vinos, nombró al Cool Coast sauvignon blanc de Paredones como el mejor vino blanco del nuevo mundo”.

Por otro lado, la Viña Koyle, otra de las bodegas que apostó por las uvas de Querelama –y que empezó a producir vinos de la zona en 2011–, también consiguió productos de calidad. Según Rodríguez, la presencia de cuarzo en los terrenos de los viñedos “dio precisamente origen al Koyle Cuarzo, un muy buen sauvignon blanc”.

Viñedos de Koyle en Paredones. Cortesía: Viña Koyle

La Viña Estampa tampoco se quedó atrás en cuanto a una acogida positiva. Gracias a su cosecha de 2018, su riesling “Estampa del Viento” ganó un concurso en Estrasburgo, Francia, como el mejor del mundo en la cepa. “Es como que viniera para acá un uruguayo y ganara el mejor carmenere del mundo”, afirma Pereira.

De esta forma, Paredones se consagró como una localidad vinícola. Según Rafael Bianchi, enólogo de Koyle, “las viñas que hemos hecho viticultura en ese lugar, levantamos de cierta manera y mostramos un lugar que no era tan conocido en Chile y demostramos su gran potencial con vinos que hoy tienen buena y reconocida presencia en Chile y el mundo”.

Moisés Carvacho, alcalde de Paredones, también resalta el valor histórico de los viñedos familiares de la zona, dedicados a la producción de vino artesanal. “Una tradición del campo es iniciar la jornada de trabajo acompañada de un buen pihuelo de vino con harina tostada”, afirma. Así, destaca las viñas de la familia Galarce, además de otros emprendimientos que le gustaría que se potenciaran.

Una localidad adoptada por Colchagua

Antes de la creación de la provincia de Cardenal Caro en 1979, Paredones era parte de la zona costera de Colchagua. Sin embargo, desde un punto de vista de la zonificación vitícola del Ministerio de Agricultura, en la actualidad es considerada una extensión del Valle de Colchagua.

Según explica Silva, el gobierno decidió incluirla en la denominación de origen del valle porque en la comuna “hay vinos que han destacado a nivel mundial”. Así, en las botellas producidas en la zona es posible encontrar la etiqueta de denominación de origen de Colchagua Costa. Esto incluye a las comunas de Paredones, Litueche, Lolol y Pumanque.

Al igual que en gran parte de la zona central de Chile, la sequía ha sido un factor importante en la historia de la industria vinícola de O’Higgins. De acuerdo con Rodríguez, en Paredones “la sequía fue fuerte en la década de 2010 a 2022 aproximadamente, luego de ello se ha entrado a un ciclo más abundante en agua”. En su opinión, “nada ocurriría si se progresara en facilitar la construcción de más embalses, por chicos que sean”.

El enólogo jefe de Casa Silva, Juan Francisco Calderón, explica que “por las condiciones climáticas que existen en la zona no se requiere de tanta agua para riego como en zonas más calurosas al interior del valle, pero el agua sigue siendo un elemento crítico, ya que somos los últimos campos en tomar el agua que baja desde la cordillera”.

Según desarrolla Yerko Moreno, director del Centro Tecnológico de la Vid y el Vino de la Universidad de Talca, sobre el contexto de la sequía en la Región de O’Higgins, “la situación hídrica hoy es adecuada producto de las precipitaciones que hemos tenido en el invierno y primavera”.

No obstante, aclara que “esto no significa que en un contexto sin El Niño nosotros no debiéramos preocuparnos por cuidar los recursos hídricos”. Entre otras medidas, afirma, esta protección se realiza mediante limitaciones de riego en la zona. Además, explica que es de ayuda el embalse Convento Viejo, ubicado en la comuna de Chimbarongo, que “antiguamente no tenía agua y nos va a ayudar por varios años más”.

Por otro lado, complementa Ceppi de Lecco, la industria vinícola actualmente atraviesa una crisis a nivel mundial, porque la gente está “consumiendo menos vino”. Esto se demuestra, dice, en la gran reducción de hectáreas de viñedos que O’Higgins ha experimentado durante los últimos años.

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