Por Methe OstosAmor de amores

Hace frío, hace calor. Llueve, sale el sol. Granizos, torrentes. La más maldita de las malditas primaveras. Navegar el clima que nos ha traído “el niño Godzilla” se facilita con algunos tragos. El whisky ayuda a echar el cuerpo a la tormenta. Pero pocos le ganan a un gin tonic para terminar un día intenso. Un gran contendor es el vermut, que es un vino macerado en hierbas y botánicos, y “fortificado” con aguardiente. “Wermut” significa ajenjo en alemán, el botánico que lo hace amargo. Se puede hacer vermut con distintos vinos, distintas hierbas, con o sin azúcar (o caramelo) y más o menos fuerte (entre 15 y 22 grados). Hay vermut rojo, rosa, blanco y seco. Esta inmensa variedad es la que justifica las vermuterías.
Es muy flexible: funciona solo, con hielo, soda, agua tónica, ginger ale y ginger beer, entre otros. Puede ser un gin tonic suave, pero con esa alegría vinosa. Y también puede ser, mezclado con alguna ginger beer poderosa, como La Hacienda o la Real Ginger Beer de Canis Major, un brebaje complejo que devuelve el alma al cuerpo. Yo probé el Vermut Rosé La Consentida de Quintal, hecho con lágrimas de uva país (primer jugo del lagar), sin azúcar y sin filtrar. 17 grados. Dice vino generoso, y lo es. Funciona, según el ánimo del día, con todas las combinaciones mencionadas. Ligero, dulce y cariñoso. Tiene algo de invierno. Podría tomarse caliente como mulled wine, lleno de canela y naranja. Pero es dieciochero también y, correctamente combinado, nos invita al verano. Amor de amores.
Por Methe Ostos.
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