Adiós de Mañalich consolida peor momento de la crisis sanitaria para Piñera

Justo cuando cumplía un año en el cargo y mientras la pandemia alcanza sus efectos más devastadores en el país, el ya exministro de Salud, Jaime Mañalich, dejó su lugar en el gabinete. Al menos tres veces, el doctor había presentado su dimisión al Presidente.




“Agradecido de ustedes, que la fuerza los acompañe”. Fueron las últimas palabras de Jaime Mañalich ayer, a las 13.26, en el grupo de WhatsApp de los ministros denominado “Gabinete 2018-20??”.

El mensaje llegó tan solo 30 minutos después de la ceremonia que se realizó en La Moneda, en que de manera inesperada -pese a su creciente desgaste- dejó el cargo de ministro de Salud y asumió en su lugar el doctor Enrique Paris. Mañalich era por estos días -según confirman en La Moneda- el ministro más cercano al Presidente Sebastián Piñera, a quien ya había acompañado en el gabinete durante su primer gobierno.

“He llegado personalmente al convencimiento de que esta nueva etapa de la lucha contra el coronavirus requiere un nuevo liderazgo (…). En ese sentido, no he dudado un segundo en manifestarle al Presidente de la República que es mi deber republicano dar un paso al costado, cuestión que el Presidente ha considerado a bien y ha aceptado mi renuncia”, manifestó ayer Mañalich en una declaración que realizó -acompañado en los alrededores por el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, y el subsecretario Juan Francisco Galli-, en el Patio de los Cañones de La Moneda.

De esta manera, Mañalich dejó de manifiesto que su salida había sido una decisión personal y fue el corolario de un proceso de desgaste continuo, tal como lo publicó Domingo LT en su edición anterior.

Tanto era el interés de Piñera en mantenerlo en sus funciones, que no lo consideró en el reciente ajuste ministerial del 4 de junio, cuando cambió a dos ministros del comité político y mantuvo a Mañalich en Salud, pese a los cuestionamientos que acumulaba su gestión.

A esas alturas, el hoy exministro ya había presentado su renuncia al Presidente en al menos tres oportunidades. Una de ellas fue a fines de abril, cuando enfrentó duras críticas desde los alcaldes y el Colegio Médico a raíz de la demora en aplicar cuarentenas. Blumel aplacó las críticas al convocar a la Mesa Social Covid, instancia en la que participaba el hoy sucesor de Mañalich.

La segunda dimisión fallida fue los últimos días de mayo, luego de que reconociera públicamente que su estrategia para enfrentar la crisis sanitaria se desplomó como “castillo de naipes”, y la última fue el viernes, cuando sostuvo una larga conversación con Piñera.

Mañalich -quien era reconocido en Palacio por tener un carácter incontrolable, que suele seguir sus propias reglas y no las recomendaciones externas, ya no pudo lidiar con las críticas, pero en especial con la desazón personal que le provocó el alejamiento de su esposa, María Cristina Riffo, quien dejó el departamento que comparten en el barrio El Golf debido a las potencialidades de contagio del hoy extitular de Salud.

Los cuestionamientos en ascenso -en particular respecto del conteo de fallecidos y los cambios a su información- ya tenían superado al ministro, quien pidió en los últimos días disminuir sus vocerías.

Mañalich ya había resentido la decisión de entregar mayor información sobre el manejo de la pandemia. Ello, debido a que -según manifestó en reuniones del comité de crisis- entregaba “municiones” a la oposición.

Cuando ayer en la mañana un reportaje de Ciper reveló que el Departamento de Estadísticas (DEIS) del Minsal seguía el criterio establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para entregar la cifra de fallecidos y no solo contabilizar los decesos con examen PCR positivo, sino también aquellos catalogados como sospechosos o atribuibles a Covid, Mañalich decidió que llegaba hasta ahí.

El aún ministro llegó a La Moneda para sellar su salida con Piñera. Ahí, le habría dicho al Mandatario que ya era insostenible que continuara y que su decisión era definitiva. La determinación del doctor sorprendió, por la oportunidad, a los ministros del comité político y a los subsecretarios Paula Daza (Salud Pública) y Arturo Zúñiga (Redes Asistenciales).

De hecho, Daza había dado, pasadas las 10.00, el reporte diario del Minsal sobre la situación de la pandemia en el país. Terminando su balance se fue a su casa y la llamaron de vuelta a La Moneda para que estuviera en la ceremonia del cambio.

Previo al acto en que ascendió Paris como ministro de Salud, ambos subsecretarios pusieron su cargo a disposición. Pero el Mandatario no accedió. La razón, afirman en Palacio, era porque no se podía desmantelar a todo el equipo de Salud y, pese a las modificaciones que habrá en la estrategia sanitaria, se buscaba dar una señal de unidad en el equipo del Minsal. Ambas autoridades, afirman las mismas fuentes, seguirán por ahora en sus cargos.

Golpe personal a Piñera

La renuncia de Mañalich al Minsal significó un duro golpe para Piñera. El Mandatario se resistía a su remoción no sólo por el vínculo personal y de confianza que mantenía con el ahora exministro, sino que también porque su salida del gabinete significaba reconocer que la estrategia sanitaria del gobierno había fracasado.

Un escenario que, dicen en Palacio, el Jefe de Estado quería evitar a toda costa, debido a que, desde el inicio de la pandemia, el Presidente repitió una y otra vez que “estaban preparados” para enfrentar al virus. Por eso mismo, no era extraño escuchar en La Moneda en que en medio de los momentos más difíciles del coronavirus no se podía “remover a la autoridad sanitaria”, lo que finalmente terminó forzando a Mañalich y que en la práctica significa también un vuelco en la estrategia.

En La Moneda sostienen que no se veía al Presidente tan afectado desde que tuvo que remover el año pasado a Andrés Chadwick del Ministerio del Interior. En esa oportunidad, producto de otra crisis: el estallido social originado el 18 de octubre.

Piñera se veía ayer evidentemente emocionado y afectado por tener que sacar a Mañalich del cargo y señaló: “Quiero empezar estas palabras agradeciendo muy sentida y sinceramente al doctor Jaime Mañalich, no sólo por sus cualidades profesionales, sino que sobre todo por su compromiso y su entrega total para cuidar y proteger la salud y la vida de todos nuestros compatriotas”.

¿Responsabilidades políticas?

La salida de Mañalich generó múltiples reacciones. En el oficialismo se multiplicaron las voces para respaldarlo, ministros que entregaron sus agradecimientos por el rol que cumplió a cargo de la pandemia, mientras que en la oposición destacaron su salida y le dieron la bienvenida a Paris.

“Desde nuestro partido estamos evaluando las acciones penales y políticas para perseguir todas las responsabilidades que este cambio de gabinete no soluciona y que no podemos dejar pasar. Estaremos recabando información, conversando con distintos actores y viendo los mecanismos y tiempos más razonables para emprender estas acciones, teniendo en consideración que lo más importante es enfrentar la urgencia sanitaria que estamos viviendo”. Con esas palabras, la presidenta de Convergencia Social, Gael Yeomans, reaccionó ayer a la salida del exministro Jaime Mañalich del Ministerio de Salud.

Los dichos de la parlamentaria reflejan una idea que se ha estado evaluando desde hace algunos días en sectores de la oposición, principalmente en el Frente Amplio, respecto de emprender una eventual acusación constitucional en contra de la ahora exautoridad. La opción cobró fuerza, precisamente, tras el ajuste ministerial.

La ofensiva de ese sector de la izquierda, en todo caso, no cayó bien en algunos sectores de la oposición, quienes transmitían que era “pequeño” estar pensando en acciones de ese tipo. Con todo, los ministros del comité político, principalmente Claudio Alvarado (Segpres) y Cristián Monckeberg (Desarrollo Social), se activaron e iniciaron conversaciones con personeros de la oposición para evitar que la ofensiva prospere.

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