Claves de un inédito y estresante año electoral

Por primera vez se renovarán en un mismo año autoridades de todos los órganos de elección popular, lo que ha sometido a partidos y movimientos de independientes a un mayor nivel de tensión en las negociaciones, pues el resultado de un escrutinio tendrá consecuencias en los siguientes.




Acercarse al 40% y la posibilidad de retener el gobierno

Pasadas las 22.30 horas del jueves 7, en forma casi simultánea, los consejos generales del RN y de Evópoli refrendaron el acuerdo para que Chile Vamos y el Partido Republicano presenten una lista unitaria de candidatos a la convención constituyente. Esto, luego de que la colectividad liderada por José Antonio Kast accediera a reducir sus expectativas de 20 a 13 candidatos en sólo nueve distritos. En el caso de RN, fueron 225 a favor y 76 en contra, mientras que en Evópoli el acuerdo fue respaldado por el 67% de los consejeros.

En medio de la fragmentación de la oposición, la idea de ir en una sola lista era impulsada desde La Moneda por el Mandatario, pues permitiría a la derecha acceder a un mayor número de escaños en la convención constituyente. En la elección de diputados de 2017, con el 37% de los votos, el sector se adjudicó el 42% de los asientos en la Cámara Baja.

De todas formas, el debate en Evópoli fue intenso. El diputado Pablo Kast fue uno de los que rechazaron la propuesta, remarcando el riesgo de perder identidad al acercarse a los Republicanos. Por lo mismo, el voto político aprobado excluye la posibilidad de un pacto electoral con miras a las parlamentarias y presidenciales.

Pese a que José Antonio Kast ha dicho que no está interesado en ir a las primarias de Chile Vamos, los resultados que obtenga el sector en las elecciones de abril podrían abrir un escenario distinto. En el oficialismo están conscientes de que se juegan la posibilidad de dar continuidad al actual gobierno, pese a la baja aprobación de la actual administación.

josé antonio kast

OJO CON ¿El fin de la batalla de Santiago?

Por años, la contienda por la alcaldía de Santiago fue considerada “la madre de todas las batallas” en la municipal. Esta vez, sin embargo, está lejos de convocar la atención política y ciudadana. El actual edil, el RN Felipe Alessandri, busca ser reelecto por un segundo periodo, tras ganar la alcaldía a Carolina Tohá (PPD) en 2016 con el 46,76%.

El jueves pasado, a sólo cuatro días del cierre para la inscripción, aún no surgían en la oposición cartas fuertes interesadas en esta pelea. El 7 de diciembre pasado, la concejala comunista Irací Hassler se impuso en las primarias de Chile Digno y Frente Amplio con el 55% de los votos, en una jornada en la que participaron sólo 2.604 personas. Mientras que el pacto electoral Unidad Constituyente, el único partido que ha manifestado interés es el PPD. El nombre que suena es el del concejal Alfredo Morgado.

Alcalde de Santiago, Felipe Alessandri.

La pelea por ser la principal fuerza de oposición

El jueves 7, a sólo cuatro días del plazo para inscribir candidaturas, los negociadores electorales del pacto Unidad Constituyente, junto al Partido Liberal y los exfrenteamplistas agrupados ahora en Nuevo Trato, lograron cerrar en casi un 90% las listas de convencionales constituyentes y alcaldes. Una cifra alentadora, según ellos mismos reconocían al término de la jornada.

En el bloque reconocen que las elecciones del 11 de abril -en las que se definen, además de constituyentes, los gobernadores, alcaldes, concejales- se juegan la hegemonía de la oposición y la posibilidad de disputar la próxima presidencial, pese a que aún no tienen liderazgos posicionados en las encuestas que puedan hacer frente a la carta del PC, Daniel Jadue, quien en la última encuesta de Criteria aparecía como la figura mejor expectada, con un 12% de respaldo.

Por eso, en los equipos electorales de la DC y el PPD ya hablan incluso de la cifra mágica: 10 gobernadores (incluyendo la Metropolitana) y lograr mayoría en alcaldes y convencionales dentro de la oposición, para consolidarse como la principal fuerza electoral de la oposición , un guarismo que se ve muy difícil de alcanzar.

En Unidad Constituyente reconocen, además, que el resultado de abril refrendará la posibilidad para que la centroizquierda pueda ampliar un bloque electoral y político junto al Partido Liberal y los ex RD que renunciaron al Frente Amplio por su acercamiento al PC.

Unidad Constituyente celebró anoche en el centro de Santiago. Foto: Patricio Fuentes

OJO CON Valparaíso

Cerca de 2.500 firmas presentó el viernes 8 ante el Servel el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, para inscribir su candidatura a la reelección como independiente, camino por el que optó tras su salida de Convergencia Social en rechazo al apoyo que dio el diputado Gabriel Boric al acuerdo que posibilitó el plebiscito para una nueva Constitución. Pese a ir como independiente, Sharp tiene el respaldo de algunos dirigentes del FA, entre ellos el diputado RD Jorge Brito, Marcelo Díaz (Unir) y del líder de Fuerza Común, Fernando Atria, además, de apoyos del PC y el PH.

En los cuatro años al mando de Valparaíso, recibió cuestionamientos a su gestión y sufrió el alejamiento de varios de los movimientos sociales que le sirvieron de plataforma para ganar la alcaldía. Ahora, enfrentará a los concejales UDI Carlos Bannen y al DC Marcelo Barraza, vencedores en las primarias de Chile Vamos y Unidad Constituyente, respectivamente, en lo que muchos pronostican será una de las batallas más emblemáticas de la próximas elección municipal.

Jorge Sharp
Jorge Sharp, alcalde de Valparaíso.

El calvario del FA ante el liderazgo comunista

El Frente Amplio (FA) está en una situación muy delicada, admitían esta semana en Comunes y en Convergencia Social, ante el riesgo “real” de perder identidad y terminar sumidos a la estrategia del PC, ante la falta de una carta presidencial fuerte del bloque que pueda intentar contrapesar el liderazgo del alcalde de Recoleta, Daniel Jadue.

La decisión de Beatriz Sánchez de no ir a la presidencial para competir por la convención constituyente deja en una compleja situación a los frenteamplistas. En el sector le reconocen a Sánchez, quien en la primera vuelta de 2017 sacó el 20% de los votos, un rol fundamental para que el FA lograra conquistar 20 escaños en la Cámara y un senador.

Hoy, en el FA -donde Comunes ha adquirido el rol de partido ancla- apuestan a que la candidata a gobernadora por la Metropolitana del pacto, Karina Oliva, asuma un papel articulador para potenciar las candidaturas a alcaldes y concejales del FA y fortalecer la identidad frenteamplista. El resultado de las elecciones de abril, sin embargo, podría terminar propiciando una nueva fuga de militantes, agudizando la fragmentación de este bloque.

Hasta el jueves 7 en la noche, el pacto electoral entre el FA, Chile Digno y el Partido Humanista, más movimientos sociales, habían logrado afinar el 80% de su lista a convencionales. Para la oposición el riesgo es alto. A diferencia de la derecha que optó por ir unida, tanto la DC como el PC alentaron la estrategia de fortalecer identidades y competir, lo que pone en riego la posibilidad de acercarse a los 2/3 de escaños de la convención, necesarios para asegurar un nuevo texto que consagre los cambios al modelo que esperan.

La excandidata presidencial del FA, Beatriz Sánchez y el alcalde Daniel Jadue (PC).

OJO CON Atria vs Ruiz

En el FA ya se habla del duelo que disputarán en la elección de convencionales constituyentes por el distrito 10 (Santiago, Ñuñoa, Providencia, Macul, La Granja y San Joaquín) dos de los referentes intelectuales más importantes del bloque: el abogado constitucionalista Fernando Atria y el sociólogo y fundador de Nodo XXI, Carlos Ruiz.

Aunque ambos irán en la misma lista, el resultado de esa contienda podría tener consencuencas en un debate que cruza a las distintas tiendas frenteamplistas respecto del espacio político que pretenden ocupar y las alianzas futuras de esa coalición. Atria es visto en el sector como uno de los impulsores de la tesis de la reconstrucción de la izquierda, mientras Ruiz plantea una visión más disruptiva al proponer que el clivaje ya no es entre derecha e izquierda, sino entre la élite (que también tiene representación en sectores de la izquierda tradicional) y el pueblo.

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