Columna de Paula Escobar: El desfonde

Foto: Agenciauno



Cuatro, luego cinco dedos mostró la diputada Pamela Jiles cuando se aprobó el tercer retiro en el Congreso. La moción para un cuarto, de hecho, ya se ingresó.

A la algarabía y euforia del momento vendrá la resaca posterior. No será el día después, sino el día después del día después. Con un cuarto y un quinto retiro, entre 45% y 50% quedarán sin saldo.

Es cierto que las familias necesitaban el alivio económico. Es cierta la desesperación, las cuentas impagas, el miedo a caer en desgracia y no tener, pero es inútil negar que esta ha sido una mala política pública para solucionar ese problema real: la crisis la han pagado las y los trabajadores, de sus ahorros, hipotecando su futuro, y la debería haber asumido el Estado. Además de ser una política individualista como la más: cada uno se rascó con sus uñas; los que tenían, sacaron, a los tres millones que no les queda, no tendrán -al menos mañana lunes- nada que retirar.

El Presidente tiene mucha responsabilidad en esta danza interminable de retiros, hay que decirlo con claridad. Desde luego hay gran responsabilidad en quienes han hecho de esto un festín de campaña política: la diputada Jiles, para partir, ha construido su candidatura y su gran aprobación ciudadana con los retiros. También hay responsabilidad en quienes mal aconsejan -sin hacerse responsables públicamente de ello- al Primer Mandatario. Pero el Presidente, con su tozudez de gastar lo menos posible, tendencia al “último minuto”, con esa incomprensible irresponsabilidad de “estirar el elástico” al límite, ha creado esta tormenta perfecta, que no solo ha arriesgado el desfonde de los ahorros, sino de varias instituciones, incluyendo la Presidencia de la República.

Primero: que sigan defendiendo él y otros de su sector que las ayudas pandémicas fueron adecuadas en la cantidad y en la oportunidad habla de una realidad paralela. Simplemente. Su obsesión por la focalización de las ayudas desesperó y humilló a millones de personas vulnerables y de clase media, la misma clase media que él prometió fortalecer en su campaña. Segundo, por su falta de lucidez estratégica. Si lo que quería era evitar el tercer retiro, las ayudas debieron haber sido mucho más contundentes y más universales. No lo hizo. Rechazó otras alternativas de transferir dinero, como la propuesta del alcalde Lavín de usar fondos del seguro de cesantía. Y el tercer retiro se aprobó en el Congreso -era que no- con aplastantes votos de su coalición. Y ahí optó, contra las cuerdas, por darse una vuelta de carnero olímpica y presentar, a la hora nona, ¡su propio proyecto de tercer retiro! Y, como si ya eso no fuera terminal, decide acudir al TC, se incendia la pradera y pierde allí por una votación también contundente. Una derrota de proporciones históricas, y que se la lleva solo, porque como dijo el senador Ossandón, Piñera es el ministro de Hacienda, de Interior, vocero, todo. Y un Presidente dado al micromanagement, que no sabe delegar (daban pena los del equipo político: sus caras lo revelaban todo), deja de hacer la labor esencial de un Presidente en Chile: ser Jefe de Estado, de gobierno y líder de su coalición. Esta vez no hizo ninguno de los tres trabajos. No fue eficaz al gobernar, no tuvo mirada de Estado y, ciertamente, abandonó el trabajo de conducción de su alicaída y díscola coalición.

¿Qué es lo único que queda para los meses que restan? Que enmiende el rumbo, que escuche, dialogue y se allane a un pacto amplio para, primero que nada, dar ayudas mucho más universales, estables y significativas -terminar el goteo y el pirquineo- para que las familias y las pymes recuperen algún tipo de estabilidad y así evitar nuevos retiros y el desfonde total. Para ello, es imprescindible acordar un plan para aumentar la recaudación, tanto por la vía de reformas tributarias como por eliminación de exenciones, entre otras medidas.

Una parte de la oposición ha declarado -antes y ahora- estar disponible para eso. Lo dijo la Presidenta del Senado, Yasna Provoste, figura esencial en este puzzle: “No nos interesa infligir una nueva derrota al Presidente”. Hay un espacio de diálogo que comenzó a trabajarse este viernes, en una reunión con los líderes del Congreso, para definir “mínimos comunes”. Es cierto que hay otros en la oposición que no están por diálogo alguno, que quieren boicotear su gobierno o derechamente botarlo, sin ver que así no sólo dañan a Piñera -que ya está en el suelo y a 10 meses de salir-, sino que debilitan al país y a los presidentes o presidentas del futuro.

Que el Presidente -con sus acciones y omisiones- siga fortaleciendo a esos sectores es inentendible. Que logre -con la oposición dialogante- un modo de salir de esta crisis colosal, un imperativo.

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