Cristóbal Rovira, cientista político: “Parte importante de la derecha moderada puede claudicar e irse con Kast”

Coautor de Populismo. Una Breve Introducción (2019), Rovira es director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la U. Diego Portales. FOTO: Mario Téllez.

El académico de la UDP e investigador del COES, que publica un libro sobre la crisis de democratacristianos, conservadores y liberales en Europa, aborda en esta entrevista a la “derecha convencional” chilena.




Cuando dice “derecha convencional”, Cristóbal Rovira no se refiere a convencionales electos este año, sino a los partidos chilenos con domicilio en una derecha que no es la de José Antonio Kast y el Partido Republicano, radical y populista como la considera.

Se trata de una traducción de mainstream right, que va en el subtítulo del libro que el académico de la UDP e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) editó junto a Tim Bale: Riding the Populist Drive. Un set de aproximaciones a la crisis de la “derecha convencional” europea: la de los partidos conservadores, democratacristianos y liberales, que defienden el libre mercado y, en los dos primeros casos, valores “tradicionales”.

Si esa derecha en crisis ha debido vérselas con una “revolución silenciosa” expresada en una profunda liberalización cultural, explican los autores que la otra, la ultraderecha, ha conducido una “contrarrevolución silenciosa” que apuesta por el nativismo, al autoritarismo y el populismo. Y si esta última llama la atención de los estudiosos, la primera asoma como “poco sexy”, admite Rovira. “Hay algo visto como poco atractivo, y la hipótesis de nuestro libro es que no podemos entender ni proyectar la preservación del orden democrático liberal, de la democracia representativa y las instituciones a nivel transnacional sin esos partidos de derecha convencional”.

¿Qué clivaje se está dibujando en Europa?

Uno que es cultural, antes que económico. Cuando se piensa en derecha e izquierda, el debate es fundamentalmente material: más Estado o más mercado. Pero entre revolución silenciosa y contrarrevolución silenciosa el debate pasa por cómo organizar la homogeneidad o la heterogeneidad culturales (abriendo o cerrando fronteras, aceptando o rechazando migrantes). En Francia, el Frente Nacional de los 80 era muy libremercadista, y hoy, como Agrupación Nacional, es pro Estado de bienestar. La línea económica no es la trascendental.

¿Cómo ve la escena en Alemania y Francia?

Todo indica que la CDU queda fuera del nuevo gobierno alemán y que se está armando una alianza muy interesante: los liberales, que consideramos de derecha económica, con un partido muy progresista, el Verde, y los socialdemócratas, que están en el medio. Ahora, Angela Merkel ha tenido un liderazgo muy exitoso, pero se tiende a olvidar que a lo largo de 16 años su partido fue perdiendo, no aumentando su caudal de votos. La gracia de Merkel estuvo en contener la caída. En esta tensión entre revolución silenciosa y contrarrevolución silenciosa, los más afectados son los democratacristianos. En parte, porque los valores cristianos han ido perdiendo peso: el viejito europeo que va a la iglesia y vota DC se está muriendo sin herederos.

En el caso francés, hubo un derrumbe de la derecha convencional y la aparición de algo que no sabíamos si iba a funcionar: Macron. Su partido es liberal en lo económico, más pro mercado que pro Estado para los estándares franceses, y también liberal en el clivaje cultural: apertura al mundo, relativamente pro inmigración, relativamente pro ecología. Eso hace que atraiga a un votante de derecha en lo económico, pero simultáneamente de izquierda en lo cultural, lo que abre una alternativa que no estaba siendo tematizada por los partidos.

La segunda vuelta de Chirac y Jean-Marie Le Pen en 2002 fue parecida a un plebiscito, como lo fue la de Macron y Marine Le Pen, en 2017. En tiempos polarizados, ¿ve algo de plebiscitario en una eventual segunda vuelta entre Boric y Kast?

Yo creo que habrá un escenario similar al de Macron, que en primera vuelta sacó un 24%. ¿El 65% de los franceses amaba a Macron? No, pero el rechazo a la otra opción le permitió triunfar. Si uno extrapola este caso a Chile y a los regímenes presidenciales, en general, ganan peso las identidades negativas y muchos votan por el mal menor. Ya que rechazo a este, voto por este otro. Ahora, si Yasna Provoste pasa a segunda vuelta, contra quien sea va a ganar. El otro escenario, que es el más complejo, es que pasen Boric y Kast. Eso va a tener como consecuencia un aumento en la polarización, y creo que el debate que se va a dar es el de autoritarismo vs. democracia. Se va a decir, por un lado, que votar por Boric es “votar Venezuela”, y por el otro, que votar por Kast es votar por Trump o por Pinochet. Pero la identidad negativa de Kast es mayor que el rechazo que pueda tener Boric. Las derechas radicales no se están moderando: se radicalizan, y no veo ninguna opción de que, en una campaña de segunda vuelta Kast diga “lo pensé dos veces, y lo de la zanja es un error”. Lo único que hará será radicalizarse más. Boric, en cambio, entiende que, para ganar, se tiene que moderar.

¿Cómo opera localmente la distinción entre derecha convencional y ultraderecha?

Creo que la tensión entre revolución y contrarrevolución silenciosa se aplica muy bien al contexto chileno que, desigualdades de por medio, tuvo un proceso de modernización económica exitoso. A inicios de los 90, era una sociedad tremendamente conservadora en lo valórico: antiaborto, antidivorcio, antimatrimonio igualitario, y si ves los datos hoy, Chile es una de las sociedades más liberales en el concierto latinoamericano. Y la derecha chilena, lentamente, se ha ido adaptando a ese cambio.

Quien mejor entendió eso fue Joaquín Lavín. Si analizas el programa de la UDI en 1990, era una derecha dura en el tema del libre mercado y en el conservadurismo valórico. Pero después de Büchi, con quien les va mal, y de Alessandri Besa, con quien les va peor, viene Lavín. ¿Qué dice? Que para ganar elecciones y gobernar hay que adaptarse al votante. Y piensa en Piñera 1: si eres UDI duro, conquistas el poder y te preguntas qué hay que hacer, la respuesta es bajar los impuestos, pero Piñera dice que hay que olvidarse de eso. No tiene espacio para moverse hacia la derecha y continúa esta tendencia un poco más centrista. Esto inicia una contrarrevolución silenciosa. Hay gente que dice, “oye, para esto no llegamos al poder”. La moderación programática abre el flanco para que surja el Partido Republicano. Y como después viene el estallido social y hay un Piñera sumamente deslegitimado, la derecha convencional queda en muy mal pie. Sichel gana, pero ahora se desinfla, en parte porque no es político, porque no tiene experiencia. Kast sí es político y cuenta con las redes, y ahora está subiendo. La pregunta es, ¿qué va a hacer la derecha convencional después de esta elección? Una posibilidad es ir por la apuesta de Desbordes: el país cambió y tenemos que adaptarnos a ese votante medio, relativamente progresista en temas morales y en el eje Estado-mercado. Desbordes lo ha dicho tal cual: “Quiero imitar a Angela Merkel, quiero ese tipo de partido”, versus lo que hace José Antonio Kast, que quiere ser el partido del 20%. Esa es la tensión que llegó para quedarse en la derecha y que, a mi juicio, no está resuelta.

En una eventual segunda vuelta, cree Rovira que en Chile "habrá un escenario similar al de Macron, que en primera vuelta sacó un 24%". FOTO: Mario Tellez.

Violencias como la que conmemoró el 18-O, ¿le suman a Kast votantes asustados?

La clave está en ver si la derecha convencional se pliega al argumento de que esto se jodió, como [Nicolás] Ibáñez cuando dice, que gane Boric, que así va a quedar la escoba, y ahí se van a dar cuenta de que nosotros somos lo que tenemos que gobernar. En ese escenario, la derecha convencional desaparece, porque lo único que queda es Kast. La pregunta es, ¿habrá una derecha convencional que se recomponga hoy, que no necesite a Kast sino un modelo de economía de mercado con ciertos ajustes? Un escenario es que digan, queremos un camino intermedio que vamos a llamar socialdemócrata corregido. Nueva Zelandia, como dice Evópoli. Esa es una derecha moderada que, si se posiciona, tendrá un espacio, no del 50%, pero del 30%, con lo que arrincona a la otra derecha. Es la estrategia de Merkel.

El otro escenario es que claudiquen y digan, viene un desmadre y tenemos que unir fuerzas. Ya lo hicieron para la Convención. Si eso es así, yo creo que va a ganar la derecha radical. Ahí está el gran desafío para la derecha convencional, y de eso depende gran parte de la estabilidad del régimen político que vamos a tener tras el nuevo diseño constitucional.

Se piensa en el Kast de hoy, no en el de 2025…

Exacto. De eso es de lo que hay que preocuparse. Pueden pasar cosas en las próximas semanas, por supuesto, pero no veo cómo pueda ganar Kast esta elección. El tema es qué va a pasar en cuatro años más. Si Boric gana y lo hace muy mal, o no logra generar mínimos de estabilidad, y simultáneamente la derecha convencional no logra recomponerse, la próxima elección es de José Antonio Kast.

¿Supuso Sichel tras las primarias que los partidos tendrían que acatar?

Erróneamente. Bachelet tenía un gran atractivo propio, y eso la levantó, y los partidos la respetaban mientras tuvo apoyo. Sichel trató de jugar a lo mismo, pero sin el atractivo de Bachelet, y ahora baja como la espuma y ve que los partidos le dicen que es un cadáver. Imagino que los partidos ahora piensan en la elección parlamentaria. Además, tú no ganas elecciones hoy sin un relato. De eso ellos están muy faltos, y es lo que le sobra a Kast.

Su programa habla de la “reconstrucción política, institucional y moral” de Chile, y critica repetidamente al trío “izquierda, élite política y opinología”…

¿Cuál es la gracia de José Antonio Kast? Que tiene una sola línea. Le tocas distintas teclas, y sabrá qué responder. Es súper predecible, porque tiene coherencia ideológica. El tipo dice: “Familia, patria, orden, seguridad”. En cambio, Sichel dice “solidaridad, emprendimiento, más o menos impuestos”.

¿Qué puede hacer la derecha convencional frente al progresismo posestallido?

Tienen que legitimar parte del discurso del estallido: diciendo que hay excesos de corrupción, que el libre mercado no está funcionando bien, por lo tanto vamos a ofrecer reformas en serio. Ahora, hay un sector importante de esa derecha convencional que oye a Kast y, tras dos vasos de whisky, dice que tienen razón. Ahora, si quieren apostar al 20%, fantástico, pero no van a gobernar nunca. Por eso esta elección es tan relevante: porque podría claudicar una parte importante de esa derecha y decir: JAK tiene razón y para allá va la moto.

¿Está en duda la lealtad sistema?

Puede pasar que en algún momento digan, lo que hay hacer es radicalizarse y olvidarse de la lealtad al sistema. Ahí estará en juego el propio sistema democrático.

Si la idea es ser “el gásfiter de los países”, como ha dicho Luciano Cruz-Coke, ¿cuál es el margen de esta derecha para proponer?

Acá se puede pensar en las DC europeas, que surgen como partidos de centroderecha a favor del Estado de bienestar. Pero el concepto que tienen de Estado de bienestar es muy distinto al de los socialdemócratas, porque acá la unidad nuclear es la familia y el mercado juega un rol central. El sistema impositivo, para un DC, se piensa como unidad familiar, y a la vez se da mucho espacio a la empresa privada. Un partido de derecha convencional en Chile podría mover el ajedrez en esa dirección. De hecho, Lavín lo hizo, pero de una forma muy torpe, diciendo que era socialdemócrata. ¿Qué debió haber dicho? Que la idea del Estado de bienestar no es mala, pero que tenemos que diseñar un modelo que sea compatible con Chile, tanto por nivel de desarrollo socioeconómico como por el peso del mercado. Ahí hay un modelo conservador del Estado de bienestar, pero que te mueve en el eje y te da un relato que va más allá de la planilla de Excel.

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