El Estados Unidos de Trump

El Presidente republicano logró nada menos que 70,3 millones de votos y aumentó su respaldo. Su electorado se encuentra en la “América profunda”, lejos de las grandes urbes, aunque también en zonas urbanas de alta población latina.




Cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales hace cuatro años, adjudicó su triunfo a una serie de factores: desde el repudio a su contendora demócrata, Hillary Clinton, hasta un cambio social transitorio. Su gobierno ha estado marcado por la turbulencia: en enero sobrevivió a un proceso de juicio político, ha sido cuestionado por no presentar su declaración de impuestos y por su manejo de la pandemia -que tiene al país con más de 10 millones de casos y más de 241 mil muertos-, a lo que se suman los consiguientes problemas económicos que tienen al país con un 7,9% de desempleo. Con todos esos ingredientes se preveía que la “marea azul” (en alusión los demócratas) teñiría el mapa, tanto a nivel de votos electorales para la Presidencia, como del Congreso.

El mandatario se mantuvo hasta el final en la pelea frente a Joe Biden, consiguiendo 70,3 millones de votos a nivel popular, seis millones más en comparación con 2016. Incluso, superó la marca de Barack Obama en 2008, que en esa histórica elección obtuvo 69,4 millones de sufragios.

Las elecciones dejaron claro que no todos los estadounidenses odian a Trump. De hecho, el 47,7% lo respaldó en las urnas. “El Presidente Trump ciertamente lo hizo mejor que como candidato en 2016. Su apoyo fue bastante consistente y añadió electores a su base. Algunos puede que hayan estado allí todo el tiempo, pero los encuestadores no los vieron. Otros de sus votantes se encontraban entre los pocos independientes. Trump ha llegado a varios segmentos del electorado: cristianos evangélicos, propietarios de armas, propietarios de pequeñas empresas, votantes preocupados por el ‘socialismo’ y totalitarismo. Pudo recoger algunos distritos clave en estados disputados. También movilizó con mucho éxito a sus seguidores. Biden también lo hizo bien, pero los esfuerzos de Trump no parecieron ser tan exitosos en las encuestas preelectorales como resultaron el día de las elecciones”, dijo a La Tercera Louis DeSipio, académico de la Universidad de California.

Para John Halpin, analista del think tank Center for American Progress, la razón del aumento en el respaldo a Trump en estos comicios se debe a que “muchos miembros del Partido Republicano que pueden haber sido reacios a apoyarlo en 2016 lo apoyaron ahora en mayor número, y la mayoría de los republicanos está de acuerdo con sus políticas, no así con su estilo”. “Más allá de eso, mostró éxito al llegar a votantes de baja inclinación partidista, principalmente en áreas blancas más rurales, pero también entre algunos grupos minoritarios de tendencia conservadora en áreas urbanas y suburbanas”, indicó a La Tercera.

Respaldo en las zonas rurales

El diario The Wall Street Journal sostiene que los comicios del martes demostraron que “el movimiento populista conservador impulsado por votantes rurales no fue una casualidad en los comicios de 2016, sino un bloque potencialmente duradero”. La evidencia se puede ver en las victorias decisivas de Trump en Ohio, Iowa, Florida y Texas, estados en los que retuvo su victoria obtenida hace cuatro años, y en el inesperadamente fuerte apoyo al Partido Republicano en estados como Iowa y Maine, donde los senadores republicanos se defendieron de sus retadores demócratas.

En algunos estados clave, explicó el periódico, el Presidente consiguió mejores resultados que en 2016 en áreas rurales de blancos. Los estrategas republicanos dicen que los demócratas perdieron terreno con estos hogares no solo en política, sino también culturalmente. A juicio de Charlie Gerow, estratega republicano de larga data con sede en Pennsylvania, consultado por The Wall Street Journal, los resultados reflejan “la naturaleza transformadora de la Presidencia de Trump”. Así, sostiene que elPartido Republicano ha vivido un cambio fundamental, que se traduce en un mayor apoyo de los estadounidenses de clase trabajadora, particularmente los blancos, y menos énfasis para congraciarse con las élites, incluso en las áreas suburbanas. Para el experto, los suburbios -donde los demócratas tuvieron un buen desempeño- son en muchos aspectos una pequeña burbuja, donde hay altas tasas de educación e ingresos familiares.

Según DeSipio, los demócratas sí han conquistado algunos sectores rurales de Estados Unidos. Esto, porque ningún electorado es monolítico. Sin embargo, hay ciertos aspectos de su mensaje que no encuentra un lugar entre este electorado. “El núcleo de la agenda demócrata exige un gobierno más activista y más grande. Este ha sido un mensaje menos atractivo para los votantes rurales durante algún tiempo. Los demócratas también se sienten cómodos con impuestos más altos, a cambio de más servicios, lo que es menos atractivo para algunos votantes rurales. También hay una dimensión cultural. La coalición demócrata es multirracial, multiétnica. Las poblaciones rurales tienden a ser más blancas (no hispanas). Existe cierto temor al cambio cultural entre algunos miembros de la comunidad blanca y los republicanos en general, y Trump en particular ha canalizado este temor al cambio”, explicó.

“Los demócratas enfrentan una brecha cultural para llegar a muchos votantes en áreas rurales (tanto blancos como negros o hispanos). Su liderazgo y los miembros más visibles del partido provienen de los principales centros urbanos ubicados principalmente en las dos costas del país. Es por eso que la nominación de Biden fue tan crucial para su éxito esta vez. El mensaje de Biden ‘Scranton vs. Park Avenue’ funcionó bien contra Trump y lo ayudó a llegar a más votantes en ciudades más pequeñas y áreas rurales, lo que le permitió hacer avances en estados críticos como Wisconsin, Michigan y Pennsylvania”, dijo Halpin.

En ese sentido, Biden y Trump representan un Estados Unidos completamente diferente. Esa es la conclusión a la que llegó una encuesta de The Associated Press VoteCast, realizada a más de 110.000 votantes en 50 estados, que recogió datos entre el 28 de octubre y el día de la elección.

Los votantes de Trump en el estudio son abrumadoramente blancos, alrededor del 86% a nivel nacional, en comparación con el 62% de los votantes de Biden. Solo una cuarta parte de los partidarios de Biden proviene de pueblos pequeños o áreas rurales. A su vez, casi la mitad de los votantes de Trump viven en esas áreas.

Kei Kawashima-Ginsberg, directora de Circle en el Tisch College de la Universidad de Tufts, realizó un estudio sobre el voto juvenil. En ese sentido, encontraron que este grupo etario en las zonas rurales prefirió al Presidente Trump por un cómodo margen en 2016 a nivel nacional. Tras realizar una investigación de seguimiento encontraron que "la juventud rural tendía a carecer de acceso a diversos tipos de vida cívica -como son las iglesias, los centros preescolares, donde los padres jóvenes a menudo usan su voz cívica para abogar por diversos temas, espacios de arte y entretenimiento, universidades y grupos cívicos. “Planteamos la hipótesis de que esta escasez de recursos cívicos a diario hace que los jóvenes rurales sean más vulnerables a mensajes que pueden parecer atractivos a primera vista, porque es menos probable que hayan visto diferentes tipos de líderes. Hay otra más simple: el Presidente Trump habla mucho sobre los agricultores estadounidenses y sobre cómo los trabajos deben permanecer en Estados Unidos. Ya sea que eso esté sucediendo realmente o no, a los votantes les gusta ser vistos y escuchados. Los candidatos demócratas en realidad no lo han hecho explícitamente”, señaló a La Tercera.

Conquista del voto latino

A nivel general, dice Halpin, los votantes de Trump tienden a ser desproporcionadamente blancos, sin educación universitaria, de ingresos medios y ubicados en áreas más pequeñas y condados rurales. Sin embargo, en esta elección logró avances con los hispanos en Florida y Texas.

En Florida, los votantes hispanos se inclinaron notablemente hacia Trump este año, en comparación con 2016, en varios condados, incluidos Miami-Dade, que es un bastión de los votantes cubanoamericanos, y en Osceola, el corazón de la comunidad puertorriqueña en el centro de Florida. El mandatario capturó el 45% del voto latino en todo el estado, frente al 35% en 2016, según las encuestas a boca de urna. Esas ganancias ayudaron al Presidente a ganar Florida con más de tres puntos porcentuales.

A su vez, en Texas, Trump consiguió avances en RíoGrande, que es la parte tradicionalmente más demócrata del estado, donde vive una gran población hispana, y otros condados fronterizos. Así, ganó el 36% del voto hispano en todo el estado, en comparación con el 34% en 2016, según las encuestas a boca de urna, ya que capturó Texas con seis puntos porcentuales de ventaja.

“Lo que estamos viendo en el sur de Florida fue un mensaje que está entre los republicanos hace varios años y que tratan de que tenga efecto en la comunidad latina, y que es que los demócratas son socialistas. Cuando ya termine todo y hagamos un estudio, veremos en sitios que muchos latinos le tienen pavor al socialismo y ese argumento fue algo que les pegó. Ese es un argumento que debió haber corregido el Partido Demócrata”, explicó a La Tercera Laura Rodríguez, vicepresidenta de Asuntos Gubernamentales del Center for American Progress.

Además del temor al socialismo y al progresismo demócrata, a muchos votantes de Trump también les preocupaba lo que ocurriría en un gobierno de Joe Biden con el fracking (técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo). Durante la campaña, el Partido Republicano empapeló Pennsylvania con anuncios que afirmaban falsamente que un gobierno de Biden prohibiría la práctica. Si bien a muchos en ese disputado estado les preocupa el cambio climático, tienen miedo de perder sus trabajos si la hidrofracturación se suspende. Biden, señaló The Guardian, debía convencer a los votantes urbanos y suburbanos preocupados por la crisis climática y la economía de que su ambicioso plan climático de US$ 2 mil millones es también un ambicioso plan de trabajo.

De acuerdo con el portal Politico, Trump convirtió el fracking en un asunto de “importancia existencial” para Pennsylvania. “Biden confirmó su plan para abolir toda la industria petrolera de Estados Unidos”, dijo Trump. “Eso significa que no hay fracking, no hay trabajos, no hay energía para las familias de Pennsylvania”, agregó el mandatario, de forma engañosa, consignó el portal. Si bien el candidato demócrata ganó más votos electorales, la diferencia con el Presidente fue más estrecha de lo pensado.

A pesar de su derrota, la más dura de su carrera política, ya que no podrá seguir al mando del país por los próximos cuatro años como pretendía, algunos analistas consideran que el respaldo que consiguió se podría desvanecer cuando abandone el cargo, tal como ha ocurrido con otros líderes de corte populista. “Como Estados Unidos tiene dos partidos, ningún mandatario puede representar un solo interés. El Presidente Trump ha reestructurado la coalición republicana. No está claro si esa coalición puede sostenerse después de Trump. Los demócratas también tendrán el desafío de mantener unida su coalición. Los próximos cuatro años (y más allá) serán un desafío para ambas partes”, concluyó DeSipio.

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