El príncipe en la encrucijada

Jorge Sharp impulsó un proyecto inédito como alcalde de Valparaíso. Pero eso también significó costos que ahora, cuando busca la reelección, va a tener que enfrentar.




Jorge Sharp no está solo.

-¿Tú sabes qué se hacía en el lugar donde estamos sentados? Su jefe de prensa lo observa, mientras se dirige hacia las ventanas de su oficina en el edificio consistorial.

-¿Tú sabes por qué las cortinas son tan gruesas aquí?

La luz de la ventana le ilumina la cara, pero el resto de su cuerpo sigue en la penumbra.

-Porque el alcalde Pinto hacía fiestas aquí. No quería que se viera qué pasaba adentro.

Jorge Sharp apunta a las hojas acumuladas sobre el escritorio que ha usado los últimos cuatro años como alcalde de Valparaíso.

-Hoy este es un lugar de trabajo.

En ese mismo escritorio se sentó el 6 de diciembre de 2016. Ese día asumió el cargo y también la condena de ser la nueva esperanza de la izquierda: un abogado nacido en Punta Arenas, dirigente estudiantil en Valparaíso y aliado de Gabriel Boric, que a los 31 años había derrotado a la derecha y a la Nueva Mayoría. Emergió desde una primaria ciudadana compuesta por porteños hastiados de alcaldes anteriores, como Hernán Pinto y Jorge Castro, que dejaban el municipio bajo acusaciones de abusos y corrupción, y al Puerto cada vez más lejos de la postal que servía para atraer turistas de todo el mundo.

Ese 6 de diciembre Jorge Sharp se sacó fotos con su familia y al día siguiente ya estaba aprendiendo lo que significaba ser alcalde de una ciudad donde el 90% de los hogares está inscrito en el Registro Social. Los números se transformaron en carne en cuanto salió de su primer concejo municipal: había gente exigiéndole cosas. Soluciones para una casa, falta de alimentos o cobrándole compromisos rotos por alcaldes anteriores.

Había un cierto espíritu en Sharp. Algo, por ejemplo, que hizo que Ruth Cáceres, una concejala de RN, votara por él y le diera su apoyo. Y algo, también, que hizo que Eduardo Cueto, un almacenero de 38 años del barrio Puerto, creyera en él. Tenían motivos. No por sólo su promesa de las manos limpias, sino que también por cortar gastos suntuarios para un municipio pobre. Estaba el ahorro de 27 millones en la tradicional fiesta de Año Nuevo, la apertura de una farmacia popular y la empatía de haber comenzado su ciclo con un déficit heredado de 13 mil millones y un incendio en Playa Ancha donde Sharp no permitió que los canales metieran sus cámaras en los albergues a donde llegaban los damnificados.

Solo que debajo de todo eso también había un candidato que necesitaba transformarse en político. Su primera prueba fue con Patricio Rozas, un sociólogo con experiencia en la Cepal y proveniente del Movimiento Valparaíso Ciudadano, la alianza que lo levantó como alcalde, a quien había designado en la Secretaría de Planificación. Rozas traía las ideas que se habían compilado en el movimiento. Era, de cierta forma, un jugador experimentado dentro de un equipo muy nuevo. Pero sólo duró tres meses.

-Se me acusó de no cumplir instrucciones relativas a desvincular a algunos funcionarios identificados con la derecha que ejercían cargos directivos. Se dijo que yo los protegía, pero había razones fundadas para no desvincularlos y estas se relacionaban con la naturaleza de sus funciones -recuerda Rozas.

Jorge Sharp lo cuenta de otra forma.

-Lo que yo sentí al momento de tomar la decisión, es que él representaba una forma de hacer política que era la que nosotros pensábamos que había que superar.

Sharp asegura que la propuesta de Rozas era hacer blocks. Y que eso lo hizo entender que tendrían problemas. Aunque el sociólogo sostiene que no fue ese el motivo:

-Dado que tres de los cuatro funcionarios cuestionados continuaron en sus cargos luego de mi salida, percibo que la razón fue otra y se relaciona con la necesidad de hacer espacio a algunas personas cercanas políticamente al alcalde.

La reemplazante de Rozas fue Tania Madriaga. Una socióloga cercana a Sharp y perteneciente al Movimiento Autonomista, que tenía experiencia en municipalidades, pero nunca en la Secpla.

Entre los concejales la noticia causó ruido:

-Era instalar una figura política por sobre una técnica, lo contrario a lo que habíamos prometido en la campaña -explica Claudio Reyes, compañero de lista del edil.

Jorge Sharp, bebiendo café, apoyándose en la mesa, dice:

-No recuerdo que me haya traído un costo. Luego se recuesta sobre su silla.

-¿Te soy bien franco? Para mí no fue un tema relevante.

***

Hubo una consigna que cruzó toda la campaña. Que Sharp instalaría “la alcaldía ciudadana”. Y eso, en pocas palabras, significaba darles el poder de decisión a los vecinos. Los porteños no demoraron mucho en ir a cobrar esa promesa. Durante una sesión de la Comisión de Desarrollo Urbano, varios vecinos empezaron protestar contra los proyectos a los que se oponían. El grito era ese, que esta era la alcaldía ciudadana.

El alcalde de Valparaíso y militante de Convergencia Social, Jorge Sharp.

Calmar esa molestia era parte del trabajo de Tania Madriaga. Lo fue incluso desde su segundo día, cuando se reunió con dirigentes que exigían cambios en el plan regulador, en el tercio de los barrios de la ciudad donde no existía límite de altura para la construcción.

Ante esto, Madriaga tomó una decisión: desechó el nuevo plan que el alcalde anterior había externalizado a una agencia y decidió partir de cero. Pero ahora, incluyendo a esos vecinos. El problema, indica Daniel Morales, concejal y también compañero de lista de Sharp, es que eso aún dejaba tiempo para que constructoras aprovecharan de especular mientras no hubiera un plan definitivo:

-Propuse una modificación parcial al plan regulador, para que por lo menos paráramos los edificios de altura en los cerros. Esas torres de 20 pisos. Planteé un manto de protección continuo de 12 metros, que son cuatro pisos. Con esa altura puedes escalonar, crecer hacia abajo, hacer cosas sin generar tanto impacto.

Morales y Reyes, ambos arquitectos, lo conversaron con Madriaga, que venía de recoger las propuestas con los dirigentes vecinales. Ellos, explicaba ella, querían dejarla en siete. Morales le dijo que siete metros eran sólo dos pisos.

-Estábamos dando una pelea contra la construcción de guetos verticales, pero no queríamos detener el desarrollo inmobiliario. Dejarlo en dos pisos gravaba los terrenos más pobres de la ciudad con ninguna posibilidad de desarrollo. Ni siquiera el Serviu los iba a comprar, porque no iban a ser atractivos para hacer viviendas sociales.

La discusión reflejó las diferencias de criterios que existían entre ellos.

-¿Por qué dejarlo en 12 metros es técnico y siete no? No lo entiendo. El urbanismo no es un asunto de arquitecto. El urbanismo es un asunto de la sociedad -cuestiona, Madriaga.

Mientras eso pasaba, Jorge Sharp daba otras peleas. La más grande era contra la inversión privada de Nicolás Ibáñez, que pretendía construir 22 edificios en el Parque Pumpin, un área verde donde, entre otras cosas, Pelé había entrenado en 1962.

-Ahí se la jugó. Yo no me habría atrevido -agrega Reyes.

El espíritu de Sharp permeó en rincones insospechados. Eduardo Cueto, el almacenero del barrio Puerto, se presentó como candidato a su junta de vecinos del Cerro Cordillera inspirado en él. Y ganó. Lo primero que hizo luego de ser elegido, fue invitarlo a un recorrido por su mundo:

-Quería que conociera nuestra realidad. Lo llevé por los sectores más escondidos del barrio para que viera lo que se necesitaba pare recuperarlo. Él me dijo que estaba en carpeta, me dio su palabra.

Lo que también estaba en carpeta era la llegada de Rodrigo Ruiz como director de comunicaciones de la Corporación Municipal de Valparaíso. Que Sharp nombrara al antropólogo, cercano a él, pareja de Tania Madriaga y también miembro del Movimiento Autonomista, alteró algo la mística en parte de su equipo. Una exfuncionaria dice que la conversación dejó de girar en torno a transformar Valparaíso y bromear con llegar a La Moneda, a la molestia de que nombraran en cargos bien remunerados a los cónyuges de sus cercanos. El nombramiento no era ilegal, porque Madriaga y Ruiz no estaban casados. Pero, dice esta exfuncionaria, manchaba la consigna de las manos limpias.

Sharp durante su gestión este año en medio de la pandemia.

Jorge Sharp nunca entendió esos cuestionamientos. Tampoco entendió la molestia del Movimiento Valparaíso Ciudadano, sus socios durante la campaña, que en marzo de 2018 le entregaron un informe que criticaba su gestión.

-Yo creo que un sector de la alianza electoral que se formó tenía una expectativa laboral que no se cumplió -dice Sharp.

Algunos meses después, aseguran los concejales Reyes y Morales, Tania Madriaga los llamó a una reunión privada, durante el proceso de aprobación final del plan regulador.

-Nos dice: les propongo mitad y mitad. 50% en con altura de 12 metros y 50% con altura de siete. No había nada técnico. Era jugar al empate -sostiene Reyes.

El problema, dicen ambos, es que si no aprobaban esto los terrenos quedaban sujetos a la especulación inmobiliaria. Ambos aceptaron y el resto de los concejales también.

Sharp promulgó el nuevo plan regulador el 27 de julio de 2018, tres días después de haber conseguido que en el terreno donde se iba a instalar un mall en el Muelle Barón, se construyera un parque. Los límites de altura quedaban en siete, nueve y 12 metros, dependiendo del sector.

El caso resume lo que el escritor Agustín Squella dice que, hace tiempo, es el problema del Puerto:

-Todos los porteños dicen amar Valparaíso, pero la verdad es que cada cual está enamorado de su propia visión acerca de la ciudad.

***

Una exfuncionaria dice que las cosas no estaban bien. Que había ciertos roces entre el alcalde y Romina Maragaño, directora de la Dirección de Desarrollo Comunal. Para el equipo era extraño, porque Maragaño había sido la jefa de campaña de Sharp durante la elección. Pero ahora, se rumoreaba, desde su oficina en Av. Argentina, lejos del alcalde, se había convertido en un liderazgo paralelo. Y eso, dice esta funcionaria, no gustaba entre los asesores de Sharp.

-En el gabinete decían que tenían ciertas tensiones, porque ella no respetaba su liderazgo. Pero no había nada tan concreto. Yo una vez le pregunté a un asesor directo de Jorge que me lo explicara y él me dijo que ella no los pescaba. Era una pelea de egos.

Pronto se fue creando la certeza de que Maragaño caería. Pero faltaba una razón. Esa llegaría en noviembre, cuando una auditoría cuestionó la rendición de cuentas de Cristián Álvarez, director de la oficina de deportes que dependía de la jefatura de Maragaño.

Álvarez renunció mientras era sumariado y a la exjefa de campaña le pidieron la renuncia.

Eso, dice la exfuncionaria, quebró al equipo que trabajaba en Av. Argentina:

-Dijeron que era para “cuidar el proyecto”. Cuando pasaban estas cosas Jorge se iba encerrando un poco más en sus asesores. Por eso le decíamos “El Príncipe”. Porque todos teníamos que cuidarlo.

-He escuchado este mito de los dos edificios -argumenta Tania Madriaga-. Pero lo que pasó aquí fue que Romina estaba vinculada a un error grave en términos administrativos. Y hay que cuidar el proyecto.

Cristián Álvarez, eso sí, no perdió su vínculo laboral con la alcaldía.

-Él está en otras funciones -explica Sharp-. Su sumario sigue en curso.

Romina Maragaño no quiso participar de este reportaje por estar en medio de un juicio laboral contra el municipio. Según el concejal comunista Iván Vuskovic, la actual administración ha pagado 1.200 millones en juicios laborales en que los tribunales fallan a favor de los trabajadores. El alcalde dice que la cifra se abultada porque muchas veces tienen que agregar las cotizaciones previsionales adeudadas por gestiones anteriores.

Nada de eso lograba traspasarse a la imagen pública de Jorge Sharp. A fines de 2018, mientras creaba el partido Convergencia Social junto a Gabriel Boric, marcaba un 57% de aprobación nacional en la encuesta Cadem. Eduardo Cueto seguía siendo parte de ese porcentaje. Sobre todo cuando, en enero de 2019, reabrieron el ascensor del cerro Cordillera donde él vivía.

Tania Quezada, en cambio, dejó de serlo durante esos meses. La última semana de marzo, la abogada que en 2017 llegó a trabajar en el gabinete de Sharp, denunció por acoso sexual al encargado de prensa municipal, Patricio Aeschlimann. Contó que se abalanzó violentamente sobre ella, tratando de besarla en la oficina.

Quezada le dijo a su equipo en abril. Tres semanas después Sharp la recibió:

-Jorge me dijo que me creía. Le conté que estaba yendo a trabajar con miedo y él me dijo que esto no se iba a repetir y que si quería pusiera la denuncia. Yo le contesté que no quería hacerlo, porque no lo quería perjudicar.

Algunas semanas después, Tania Madriaga llamó a las mujeres de la alcaldía a una reunión. Quería hablar sobre los malos tratos que algunas funcionarias estaban recibiendo de parte del concejal Reyes. Cuando terminó, Quezada pidió hablar con Madriaga. Le contó su situación.

-Ella me dijo que no iba a perseguir a los compañeros. Porque a los compañeros había que enseñarles -cuenta Quezada.

Tania Madriaga no recuerda haber dicho eso.

Luego de enterarse que a Aeschlimann le habían dado una jefatura en el edificio de Av. Argentina, Quezada avisó al gabinete que pondría la denuncia. El 27 de junio se filtró a la prensa. Según la abogada, los asesores de Sharp pensaron que había sido ella. Y eso no era cuidar el proyecto. Entonces sufrió una crisis de pánico. A los meses renunció y regresó a Santiago. El sumario interno arrojó una sanción de dos meses de suspensión del empleo, con el 50% de remuneración, para Aeschlimann. Sharp siente que pudieron manejar mejor la situación, pero quedó conforme con el desenlace sumarial.

-Le deseo lo mejor a Tania -dice.

Tomando un jugo en Providencia, Quezada agrega algo más: -Después de que puse la denuncia, Jorge nunca más me contestó el teléfono.

***

Jorge Sharp tenía que tomar una decisión. Tras un mes de estallido social, la política institucional había propuesto un Acuerdo por la Paz el 15 de noviembre, en el que se planteaba un plebiscito donde la ciudadanía votaría si deseaba una nueva Constitución. Ese viernes, con su equipo, se reunieron en la municipalidad para decidir si serían parte de ese acuerdo o no. Y Jorge Sharp tenía una pregunta:

-¿Por qué no se invitó a este acuerdo a ninguno de los movimientos sociales que fueron parte de la movilización de 18 octubre?

Ese día en el Frente Amplio hubo un quiebre: RD, el Partido Liberal y Comunes firmaron el acuerdo. Convergencia Social, su partido, finalmente se restó. Solo lo hizo Gabriel Boric, a título personal. -

Pensé que podrían haber hecho algo más audaz. El Frente Amplio estaba para otra cosa.

Quebrar con ellos significaba algo más: romper con Gabriel Boric. El mismo con el que en una vida anterior, de niños, se subía a los árboles de Avenida Colón en Punta Arenas para luego bajar al Kiosco Roca. Era Boric con quien había crecido pensando en una nueva izquierda y quien lo apoyó para ir de candidato a la primaria ciudadana de Valparaíso, cuando Sharp no era un nombre en política.

-El quiebre con Gabriel fue el más difícil que he tenido en estos cuatro años. Con él hay afectos, hay respeto mutuo, hay cariño.

Hubo una conversación entre ambos días antes. Sharp quiso advertirle que “el curso que estaba tomando el Frente Amplio iba a llevarlo a su quiebre”. Ese 15 de noviembre, todos en la municipalidad votaron contra el acuerdo. Eso significaba salir de Convergencia Social, del Frente Amplio y quedar a la intemperie como independientes. Muchos lo leyeron como una traición. Sobre todo porque Boric había apostado su credibilidad apoyando ese acuerdo.

-Lo que tuvimos con Gabriel fue una diferencia política. Y eso no puede catalogarse como traición -argumenta Sharp.

partidos acuerdo por la paz
El acuerdo del 15 de noviembre del año pasado.

La decisión tuvo costos. Según un asesor municipal, se empezó a construir la falacia sobre la soledad de Sharp. Cierto o no, sí se veía más vulnerable. En un concejo municipal, Ruth Cáceres, que antes lo apoyaba, ahora planteaba atacarlo con una querella por notable abandono de deberes:

-Dije “tenemos tres concejales que quieren ser candidatos a alcalde. ¿Cuál de los tres huevones es más gallina?”. Cuando hago mis denuncias, todos se ponen a mirar el celular.

Eduardo Cueto también empezó a decepcionarse. En febrero de 2020 invitó a Sharp a una reunión en el barrio Puerto. Dice que el alcalde confirmó asistencia, pero que después les canceló cuando quedaban quince minutos para partir. En abril Cueto se encontró con el alcalde:

-Le pregunté por qué no había venido a vernos. Me dijo, riéndose, que pensaba que le íbamos a pegar. Le contesté que a pesar de que este era un barrio complicado, nosotros no éramos así. También le pasamos una propuesta con seis cosas que queríamos mejorar. Él dijo que la miraría.

A pesar de las columnas en medios que criticaban sus nombramientos, los números de Sharp se mantenían. En una encuesta de la Fundación Piensa, los porteños lo calificaban con nota 5: era el segundo alcalde mejor evaluado de la región.

Pero Eduardo Cueto no participó de esa encuesta. Sí participó, en cambio, de una videollamada del alcalde con dirigentes vecinales en julio.

-Le dije que su gente tenía nuestro petitorio. Que aún no recibíamos ninguna respuesta.

Cueto dice que Sharp se rio y que luego le cambió el tema. Eso lo enojó. Sintió que él, la persona que lo había motivado a entrar a su junta de vecinos, no lo estaba tratando con respeto. Semanas después publicó un video en redes sociales, criticando la política de la alcaldía para entregar las cajas de alimentos durante la crisis sanitaria.

La Contraloría también miraba a Sharp. En octubre iniciaron un juicio de cuentas en la Corporación Municipal de Valparaíso, para recuperar 931 millones por el supuesto mal uso de la Subvención Escolar Preferencial. Un mes después seis de sus diez concejales pidieron su destitución, presentando una querella en su contra por notable abandono de deberes.

Uno de los firmantes fue Daniel Morales. Alguien que sólo cuatro años antes lo había abrazado la tarde de su triunfo. Jorge Sharp se enteró por redes sociales, mientras entregaba kits sanitarios. Le pareció una acusación imprecisa.

Nada de eso parecía minar las proyecciones de un segundo periodo en Valparaíso. Desde el Frente Amplio aseguran que no pondrán un candidato para competirle y, como analiza un exalcalde del puerto, no se asoman adversarios que puedan dañarlo realmente. Su legado, entonces, es la alcaldía ciudadana. Pero también todos los quiebres que ese proyecto le ha exigido.

-No se trata de pelear con todos -responde Sharp-.

Se trata de pelear con aquellos que quieren que todo siga exactamente igual. Y esa gente está en el concejo.

Como Daniel Morales.

-En el territorio…

Como Eduardo Cueto.

-En las instituciones del Estado…

Como Gabriel Boric.

-Está en muchos lados.

Como Tania Quezada.

-Este proyecto, como dice el caballero de arriba, requiere de una intransigencia democrática a prueba de cualquier cosa.

Jorge Sharp apunta sobre su cabeza. Hay un retrato de Salvador Allende. A esta hora de la tarde esa foto y su asesor son sus únicos acompañantes.

-El típico cliché que hay hoy es decir que este alcalde está solo.

Sharp respira.

-Pero yo no creo que esté solo

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