La ciudad de los obreros cesantes

La quiebra de casi 250 constructoras a nivel nacional ha generado una ola de despidos que ha terminado con muchos trabajadores haciendo puerta a puerta en las obras que siguen abiertas en la RM. ¿Cómo se sobrevive en uno de los primeros rubros afectados por la crisis económica?


Patricio González (48) tuvo que juntar varios antecedentes para entender que lo que se venía era grave. En los 28 años que llevaba trabajando como carpintero en obras de construcción, ha visto de todo. Desde aumento en el precio de los materiales hasta despidos masivos y paralización de obras. Pese a esas crisis, siempre se había mantenido en su trabajo, porque, dice, el rubro de la construcción es así: compuesto de momentos buenos y malos. Pero lo que empezó a pasar a partir de la pandemia, piensa, fue creando una tormenta perfecta:

-Por primera vez dijimos que había que estar preparados para lo que se viniera.

González estaba acostumbrado a que lo trasladaran de obra cuando se acababan sus proyectos. Luego de un año y medio, que era lo que en promedio duraba una construcción, lo llamaban unos meses antes de terminar para reubicarlo en otro lugar. Su oficio como obrero comenzó a los 20 años, cuando partió como jornal, siendo ayudante de los maestros especialistas. Luego de cuatro meses, rápidamente aprendió el oficio de carpintería y comenzó a acceder a contratos indefinidos. El último, desde hace ocho años en la Constructora Armas.

Su trabajo le había permitido lograr algunas cosas: comprar una casa junto a su esposa, dueña de casa, en Peñalolén, pagar la universidad de sus tres hijos y comprarse un terreno en San José de la Mariquina, en la Región de los Ríos. Esos logros se explicaban también porque, en esos 28 años de experiencia, Patricio González nunca había sido despedido de su lugar de trabajo.

Quizás por eso sintió que lo que empezó a ocurrir durante la pandemia sería una crisis más del rubro que sabrían sortear. Así lo creyó hasta que comenzó a ver cómo, de a poco, empezaron a despedir a sus compañeros por turnos.

Patricio González trabaja desde los 20 años como carpintero en distintas obras de la RM.

Luis Vásquez (33) se dio cuenta de que esto era un problema cuando notó que su sueldo de $ 500.000 comenzó a llegar más tarde de lo normal. Él, un jornal de una construcción de oficinas en Av. Vicuña Mackenna, que vive en Puente Alto con su padre, había escuchado a su jefe decir que ya no daban más.

-Lo comentó antes del 18 de septiembre, que era probable que a lo mejor nos tendríamos que ir todos -recuerda.

Jaime Ríos (65), gerente general de la Constructora M3, dice que fue una cadena de cosas que empezaron a fallar: partió con el cese a la inversión inmobiliaria durante el estallido social de 2019. Siguió con las cuarentenas en 2020, que paralizaron a la mayoría de las obras a nivel nacional, y se agudizó con el encarecimiento de las materias primas para construir:

-El kilo de fierro que antes lo comprabas por $ 400, ahora estaba a $ 1.000. Las señales eran claras.

Nada de lo que se percibía en el rubro era un hecho aislado. Un estudio de la Universidad de Talca lo midió: en los últimos tres semestres han quebrado casi 250 constructoras a nivel nacional. De acuerdo a los datos de la investigación, 58 empresas quebraron el primer semestre del 2021, luego 76 el segundo semestre y, finalmente, 110 compañías entre enero y junio de este año.

Las razones, explica el documento, apuntan a que el estallido, la pandemia, el costo de los materiales, además de la baja en la demanda de viviendas, hicieron que la industria representara más de un tercio de las falencias totales de la economía durante la primera mitad de este año.

Para Patricio González, por primera vez, esa falencia se transformó en una consecuencia directa. Porque el 1 de noviembre, en la construcción ubicada en Roberto Espinoza con Av. 10 de Julio, lo citaron para entregarle su carta de despido.

Busco trabajo

Son las 8.40 horas del jueves 10 de noviembre y afuera de la obra de Inmobilia, una que cubre casi toda la manzana de Vicuña Mackenna con Guillermo Mann, en Ñuñoa, han pasado cinco personas preguntando si es que hay algún puesto.

-¡Jorge! ¿Te han avisado de algo disponible? Tengo a dos personas aquí afuera preguntando.

-Nada, hasta la quincena -responde una voz desde lejos.

-Mire, por la quincena me dicen que puede ser.

-¿Y tienen el número de algún jefe para llamar?

-No, no nos permiten dar números aquí, está prohibido. Pero vengan en la quincena a preguntar, tempranito y con sus papeles.

Ignacio Pizarro (23), un operador de grúas, es quien sostiene el diálogo con uno de los capataces de la construcción. Hace tres semanas que llegó a Santiago desde la comuna de Sarmiento -cerca de Curicó- en busca de trabajo, junto a su pareja y su hija de cuatro años.

-Imagínate cómo estaba la cosa allá que tuve que venir a buscar trabajo aquí- comenta.

Después de pasearse durante estas semanas por San Bernardo y Lo Barnechea, su concuñado le recomendó caminar por Vicuña Mackenna. Le dijo que ahí se veían muchas construcciones y grúas funcionando. Esta, en la esquina de Guillermo Mann, era la cuarta obra del día por la que pasaba en la que le decían que no había disponibilidad.

Ignacio Pizarro trabajaba como operador de maquinarias en Curicó pero tuvo que venir a Santiago con su familia a buscar trabajo.

Afuera de esa misma construcción está Luis Vásquez, quien después de escuchar los comentarios de su jefe, el 15 de octubre le llegó su carta de despido a él y a otros 20 trabajadores. La obra Park Ñuñoa, que construía edificios residenciales y había comenzado a operar a mediados de 2020, se suspendió a mediados de octubre de este año dada la crisis que arrastraban por la pandemia y el alza en los costos. A partir de ahí, Vásquez comenzó a levantarse a las 6 am para recorrer obras y encontrar algo, hasta dar con esta de Guillermo Mann, donde le aceptaron sus papeles y estaba esperando a que lo recibieran para probarse.

-Nunca me había pasado, siempre nos trasladaban a otras construcciones. Tampoco me había pasado que una obra quedara a medio hacer. Eran tres torres en total y recién llevábamos una.

Ignacio Pizarro avanza 500 metros y da con una obra de edificios residenciales de Socovesa. Ahí, el portero lo recibe y por radio llama a José Luna (56), uno de los capataces del proyecto, que tiene que responder que no hay cupos disponibles. Esa ha sido su respuesta todos los días desde principios de agosto.

-Hay días en que en una jornada pueden llegar 20 personas preguntando si hay algo, sobre todo los primeros días del mes. Hay otras veces en que una misma persona viene cuatro veces al día -cuenta.

Luna es padre de dos hijos, vive en Lo Prado y lleva 22 años trabajando en la constructora. Su padre era capataz, al igual que él, y sus cinco hermanos también han trabajado en Socovesa. Por eso, sabe del rubro y sus crisis. El tema es que esta, cuenta, no tiene precedentes. Sobre todo porque ha habido paradojas:

-A principios de año teníamos escasez de mano de obra. Necesitábamos gente y no había nadie disponible, principalmente porque veíamos que los bonos del gobierno hacían que la gente no quisiera trabajar. Pero cuando se acabaron, todo se dio vuelta y en agosto volvieron a pedir pega.

El Centro de Microdatos de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile confirma lo que dice Luna: si el empleo en el rubro de la construcción llegó a su peak a mediados de 2019, entre octubre de ese año y septiembre de 2020 tuvo una baja histórica. Recién en 2022 había logrado recuperarse, alcanzando un alza de 21,7% en los puestos ocupados en la industria.

María Luisa del Campo, académica de la Escuela de Ingeniería Civil en Obras Civiles de la Universidad de Talca, coincide con que la liquidez, también dada por los retiros previsionales, hicieron que hubiera escasez de mano de obra durante el 2021. El problema fue que cuando se terminó esa liquidez, los problemas que arrastraban las constructoras de hace meses empezaron a tener consecuencias.

-El alza de los materiales en 2020 desequilibró mucho al sector. Entonces, cuando volvieron los trabajadores a buscar trabajo, se encontraron con un castillo de naipes que empezaba a derrumbarse: muchas constructoras no estaban pudiendo pagar sueldos y otras que también empezaban a cerrar o a parar sus obras -explica Del Campo.

Ese castillo de naipes y la cantidad de obreros cesantes representaban una de las primeras señales de una crisis económica a nivel nacional. Porque, a juicio del economista Patricio Rojas, si la primera señal de una crisis es dejar de invertir, el rubro de la construcción sería uno de los primeros que se verían afectados.

-Una recesión, como la que viene, genera incertidumbre. En lo primero que uno se frena es invertir y, ahí, los proyectos inmobiliarios están directamente relacionados con la capacidad de pago que tienen los consumidores.

Eso, a Patricio González le empezó a afectar. Al día siguiente de haber sido despedido y después de contarle a su esposa lo que se les vendría, tuvo que hacer algo por primera vez: salir a recorrer obras en busca de trabajo.

-Le dije a mi señora que estuviera tranquila, que en este rubro siempre íbamos a encontrar algo.

Cobrar menos

La quiebra de la constructora Claro, Vicuña y Valenzuela fue simbólica para el sector. Ya no se trataba de rumores o acontecimientos aislados. Luego de 65 años operando, un gigante de la construcción desmovilizaría más de 30 obras y despediría a 2.500 trabajadores. Su cierre también perjudicaba obras estatales: la constructora tenía adjudicada la licitación en algunos de esos proyectos.

En vista de este panorama de quiebras, reorganizaciones y obras detenidas, el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Antonio Errázuriz, hizo un llamado al gobierno a anticiparse y tomar medidas en el rubro para que el escenario no siguiera empeorando. Sobre todo porque el impacto de los proyectos que se detendrían sería muy fuerte: “Retomar esos proyectos tiene un costo del 50% adicional, tiene un efecto en las personas, nosotros ya activamos el programa de apoyo cesante”, aseguró en un punto de prensa el jueves.

Jaime Ríos, en su constructora M3, ha tenido que reducir en un 15% sus puestos de trabajo, porque la escasez de materiales y, también, de mano de obra durante el 2021 se transformó en una pesadilla.

-Hemos tenido que soportar sacando ahorros y, muchas veces, ahorros personales -cuenta Ríos.

Javiera Villegas (36), administradora de una de las obras en Guillermo Mann, agrega que con el auge de trabajadores cesantes también ha pasado que los contratistas comenzaron a cobrar menos por el servicio realizado, para tener más trabajo.

-Con los cierres de contrato me he ido dando cuenta de que los precios de la gente están bajando. Esto es, por ejemplo, si los ceramistas antes cobraban $ 8.000 por metro cuadrado, ahora están a $ 6.500.

La mañana del jueves 10 de noviembre, Patricio González salió de la construcción de un edificio residencial casi terminado en la intersección de Roberto Espinoza con Av. 10 de Julio. Estas son sus últimas semanas ahí: el 30 de este mes se acaba su contrato. El carpintero cuenta que, por ley, antes de irse tiene derecho a destinar cuatro horas de su día a buscar otro trabajo. Son dos en la mañana y otras dos durante la tarde. Por eso, a partir del 2 de noviembre ha empezado a salir a las 7 de la mañana todos los días, desde su casa en Peñalolén, a recorrer distintas comunas en donde hay obras en curso. Esa es la mejor hora, dice, porque a la salida ya no los toman en cuenta.

-Ya he ido a unas siete obras, pero en todas te dicen que no tienen trabajo hasta marzo, o que están despidiendo gente. Uno queda mal psicológicamente con esto, piensas por qué llegamos a este extremo.

Junto con González, aparece Luis Flores (70), un estucador de La Florida que, después de quemarse los ojos en un accidente laboral, no pudo ejercer más su oficio y tuvo que trabajar como jornal. A él también se le informó que su contrato en esa obra se terminaba el 30 de noviembre. Su situación es más compleja aún. Por estar jubilado y tener pensión de invalidez, encontrar un trabajo le será más complejo. Por eso espera que, dada su credencial de discapacidad, se le pueda reubicar en otra construcción. Sobre todo, porque es el único trabajo que Flores sabe hacer:

10/11/2022 LUIS FLORES FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

-La construcción es lo que mueve a este país. Hace seis meses éramos 200 trabajadores, ahora somos 50. Yo espero que me puedan reubicar en alguna otra obra, porque por lo que he calculado sólo me daría para vivir por seis meses.

10/11/2022 LUIS FLORES FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

Patricio González ha pensado, con su señora, qué hacer si es que en el corto plazo no encuentra otro lugar donde trabajar. Una opción es irse al sur a terminar de construir su casa en el terreno que se compró. Con el ingreso que le dará el seguro de cesantía, cree que podrá sortear el primer par de meses. Pero de ahí en adelante, es pura incertidumbre. Porque en las obras donde ha ido a preguntar le han dicho que vuelva en marzo.

Son casi cuatro meses.

González no sabe si aguantará tanto tiempo.

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Fue encontrada tallada en la pared de un foso de 10 metros de ancho en la Ciudad Vieja de Jerusalén.