Lucía Dammert, la voz del Segundo Piso

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Lucía Dammert regresa a La Moneda, un lugar del que la actual jefa de asesores no tiene buenos recuerdos: durante el segundo gobierno de Bachelet trabajó en Interior, pero salió por conflictos con su equipo. Ahora, en el Segundo Piso, su desafío es distinto: mantener su influencia a pesar de tener que liderar desde un puesto sin figuración pública.




Un día antes de la segunda vuelta presidencial de 2021, Lucía Dammert hizo una predicción. En una entrevista con el Diario Financiero, la socióloga de 50 años dijo que no había participado de la campaña de Gabriel Boric para ser ministra, pero que había otros espacios desde los cuales aportar. Sus palabras la alejaban del Ministerio del Interior, un lugar donde varios especulaban que podría llegar. Casi un mes después, el presidente electo confirmó el pronóstico. En el primer consejo de gabinete llevado a cabo el 28 de enero en Casona Cañaveral, la anunció como jefa de asesores: un cargo que dejaba a Dammert, sin filiación política, dentro del círculo más cerrado de Boric. Sin ir más lejos, ese era un cargo en el que algunos veían a Giorgio Jackson.

La decisión de la socióloga para entrar de lleno en la campaña, aseguran cercanos, fue determinada en un principio por la serie de noticias falsas con las que, a su juicio, José Antonio Kast logró posicionarse como el candidato a vencer en la presidencial. Si bien acompañó a Boric a los debates de primera vuelta, además de asesorarlo en temas de seguridad e internacionales, no pudo estar muy presente en la segunda. La muerte de su padre por Covid en Perú la obligó a reunir a su familia y a planificar el funeral antes del balotaje. Luego de esas semanas sumergida, reapareció como “orejera” y apareciendo en la franja. Esa cercanía explicaba que algunos en el comando consideraran “natural” que la socióloga tomara un rol en el gobierno, luego de ser parte del equipo programático. Otros, en tanto, miraron con extrañeza que el futuro mandatario la designara considerando que su relación no es tan antigua ni de confianza, rompiendo el patrón que hasta hoy marca el diseño de los equipos de Boric: cercanos, antiguos amigos en la militancia y compañeros de ruta política.

Al margen de eso, en la arremetida de la socióloga podía leerse un deseo de revancha. Porque el de Boric no sería el primer gobierno que ella integraría: seis años antes Lucía Dammert había dejado La Moneda. Y no de la mejor forma.

Networking a La Moneda

Un día de 2000, el académico y doctor en Ciencias Jurídicas Hugo Frühling recibió un llamado. Era Lucía Dammert, que recién había llegado a Chile y quería establecer redes de trabajo. Hasta entonces el perfil de la socióloga, nacida en Perú, era más bien académico: se había titulado en la Universidad de Cuyo, en Argentina, y, luego, obtenido su máster en Planificación Urbana en la Universidad de Pittsburgh, en EE.UU. Aunque su historia también tenía un ingrediente político insoslayable: era hija de Manuel Dammert, un reconocido parlamentario peruano de izquierda, y la socióloga Flor Guardia.

—Me decía que había trabajado en temas de seguridad en un proyecto internacional, que se había realizado en Argentina, teníamos conocidos comunes. Cuando postulé a los fondos para crear el Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana, de la Universidad de Chile, la llamé. En ese tiempo no había mucha gente con su perfil -recuerda Frühling.

Ese espacio fue el punto de partida de Dammert en su nuevo país. En ese tiempo sus intereses estaban en temas de participación y dirigía una línea de trabajo que abordaba la violencia en los espacios urbanos, con metodologías centradas en encuestas y programas nuevos, como Comuna Segura. Esas iniciativas, financiadas por el Ministerio del Interior vía Conicyt, cuenta Frühling, permitieron su siguiente paso. Muchas veces tenía que ir a buscar información a la Subsecretaría de Interior, donde, finalmente, terminó trabajando. Primero, en 2001, como asesora del director de Seguridad Pública, que en ese tiempo era Gonzalo García. Ahí también conoció al ministro del Interior, José Miguel Insulza, que así la recuerda:

—Me entregaba su opinión. Tenía un conocimiento importante.

En poco tiempo, Dammert fue haciéndose cada vez más visible entre las autoridades concertacionistas. Le celebraban que, siendo académica, se le ocurrieran intervenciones concretas como políticas públicas. Entre 2002 y 2003 asesoró al intendente metropolitano, Marcelo Trivelli, confeccionando planes provinciales de seguridad.

—Lucía fue la que nos propuso georreferenciar los lugares con más delitos, para identificarlos y que esas comunidades pudieran presentar propuestas de iluminación para esos sectores. Eso disminuiría la sensación de riesgo y también iba a disuadir delitos —cuenta un exasesor de Trivelli.

A medida que sus redes fueron creciendo, también aumentó la demanda por sus asesorías. Trabajó en proyectos en México, Argentina y Perú. También se inscribió en un doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Leiden, en Holanda, del que se graduó en 2010.

Su retorno al mundo laboral solamente acrecentó su mapa de influencia. Fue directora de seguridad y ciudadanía en Flacso y asesora del departamento de seguridad pública de la OEA, cuando José Miguel Insulza la presidía:

—Ella me hizo ver la necesidad de tener más inteligencia en la policía, que estudiaran más los delitos vinculados al lavado de dinero. Yo la quería tener en la OEA más tiempo, pero ella no quiso.

Esas ideas también llegaron a su trabajo. Un amigo de ella dice que Dammert postuló una investigación sobre legitimidad policial varias veces al Fondecyt, pero que sus evaluadores la rechazaban argumentando que ese no era un tema de interés público.

En 2013, mientras hacía consultoría a parlamentarios como Felipe Harboe y Carolina Tohá, se nacionalizó chilena. Un año después, con la venia del sociólogo Gonzalo Tapia y Paula Pacheco, hija del exministro Máximo Pacheco, su nombre llegó hasta los oídos de Mahmud Aleuy, subsecretario del Interior durante la segunda administración de Michelle Bachelet. Ahí la nombraron jefa de asesores del ministerio. En ese cargo su poder e influencia fueron más visibles. Además, sus redes crecieron. Tuvo que relacionarse con la CPC, a través de la comisión de seguridad ciudadana, en tiempos en que los robos de cajeros automáticos se convertían en el crimen de moda.

—Me causó buena impresión, se relacionaba bien —dice Fernando Alvear, gerente general de la CPC, quien agrega una cosa a propósito de su cargo en el nuevo gobierno: “La conocemos, eso siempre es bueno. La gente, cuando se conoce, crea nexos”.

Los buenos vínculos de la socióloga fuera de Interior no se replicaban dentro del ministerio. Una fuente cercana al Frente Amplio recuerda que en el equipo de Aleuy había dos bandos. Uno de ellos resentía que el subsecretario le diera tanto espacio y atención a ella. Lo que hicieron entonces, para quebrar las confianzas, fue decirle a Aleuy que Dammert hablaba mal de él cuando estaba fuera de La Moneda. Luego de eso, las relaciones nunca volvieron a ser las mismas. De hecho, distintas fuentes aseguran que en una convivencia social, asesoras contrarias a Dammert le dieron vuelta una copa de vino dentro de su cartera. “Ella es muy competente en la materia, pero su relación con el equipo de Aleuy terminó muy mal. Entró en dificultad con varios asesores más jóvenes”, recuerda un personero de la ex Nueva Mayoría.

La situación sólo se puso peor para ella cuando el exagente de la Dina Daniel Cancino Varas, el padre de su pareja de entonces, que había sido condenado en 2015 por el secuestro calificado de Carlos Guerrero, no se presentó ante el juez para cumplir su condena en Punta Peuco. Que el suegro de alguien que trabajara en seguridad se encontrara prófugo, sumado al mal ambiente dentro del ministerio, hizo imposible su permanencia. Pero tuvo un salvavidas: Jorge Burgos, a cargo de Interior, le ofreció liderar la división de estudios de la Subsecretaria de esa cartera. El DC la conocía de antes, tenía buena opinión de ella, dicen cercanos, porque la consideraba buena técnicamente y estudiosa.

En ese cargo, Dammert ayudó con el proceso para conseguir el Visa Waiver con el gobierno de Estados Unidos, que estaba con retraso. De hecho, Burgos viajó a Washington con ella y tuvieron una reunión con Homeland Security para destrabar el proceso.

La dupla, en todo caso, no duraría mucho. Ambos renunciaron en 2016. En los seis meses que compartieron, dicen cercanos, Burgos la consideró una profesional pragmática. Porque si bien sabía que no aprobaba ciertas políticas visadas por el gobierno, como el control de identidad preventivo, tampoco se cerraba a trabajar en esa administración.

Tiempo después, Dammert dio una entrevista en El Mercurio. Dijo: “Tengo que pagar muy pocas culpas por el papá de mi expololo (…). Yo decidí entrar (a Interior) porque pensé que la cooptación política de las policías, su total autonomía, o los bajísimos técnicos iban a cambiar, pero me equivoqué. Al darme cuenta de eso dejé el gobierno”.

Un amigo de ella dice que ese episodio la marcó:

—Para ella ha sido un desafío esta sociedad chilena. Sobre todo por la segregación y los egos.

Los caminos a Boric

Hay varias versiones sobre cómo Lucía Dammert se acercó al Frente Amplio. Todas, sin embargo, comparten el mismo origen: el nexo fue el entonces líder estudiantil Giorgio Jackson. Una de las historias dice que el fundador de RD la contactó por primera vez luego de asistir a la presentación de un libro de Dammert. Lo cierto es que en la línea temporal, los primeros encuentros se remontan a antes de la incursión parlamentaria de Jackson o incluso antes de la fundación de Revolución Democrática (RD) como partido.

La primera campaña de Jackson, de hecho, fue respaldada activamente por la socióloga. “Giorgio Jackson podría haber negociado, conseguido un cupo protegido y haber asegurado la elección. Gracias por no hacerlo y demostrar que el camino es otro”, le tuiteó, celebrando que el dirigente estudiantil había definido disputar, en 2013, un cupo en las elecciones parlamentarias por el distrito 10 como independiente. Una vez en el Congreso, Jackson conversó con ella sobre temas de seguridad. Un área en el que el ingeniero no se manejaba tanto y que volvía estratégico el conocimiento de ella: no había demasiados expertos de izquierda en esa materia.

Para ese entonces el nombre de Dammert ya despertaba interés en los futuros cuadros frenteamplistas, quienes veían en ella una “nueva mirada” en temas de seguridad y reforma a las policías. Y si bien algunos miraban con lejanía su cercanía con políticos de la Concertación, otros, como Gabriel Boric, respetaban la pericia de la socióloga en estos temas. “A Boric lo conoció ya de diputado, compartieron en el Congreso, más de alguna vez ella fue a comisiones a hablar de temas de seguridad”, recuerda una fuente de la coalición.

FOTO: DIEGO MARTIN /AGENCIAUNO

Al interior del mundo de sus nuevos socios, su pasado familiar le jugaba a favor. Venía de un linaje bien de izquierda, con un padre comunista, y ella se sentía lejana a la élite chilena. Aunque otros podrían argumentar que era parte de ella. Su carrera en el país se había construido a partir de vínculos profesionales con ellos y se movía por los mismos sectores: vivía en Vitacura, tenía una casa en Algarrobo y era propietaria de tres departamentos que arrendaba en Irarrázaval.

El próximo acercamiento en RD fue a través de Beatriz Sánchez. Cooperó cuando el partido necesitaba militantes para inscribir la candidatura presidencial de la periodista en 2017. Lo siguiente fue replicar lo que antes había hecho en la Concertación. Asesoró y apoyó a políticos como Tomás Vodanovic, Pablo Vidal, Maite Orsini y Camila Vallejo. A eso hay que agregarle su cercanía con Miguel Crispi, Eduardo Vergara y Patricia Muñoz, al igual que la buena relación que armó con Matías Meza-Lopehandía, el jefe de gabinete del Presidente.

El estallido social de 2019 acrecentó aún más su visión crítica de Carabineros. Su lectura es que nadie, incluso después del nuevo siglo, se atrevió a intervenir la institución y modificar los preocupantes niveles de autonomía que mostraba. Un cercano a Dammert cuenta que uno de los conceptos que más repite es que “hay que gobernar cívicamente la seguridad”, para no permitir que se llegue a los niveles de corrupción y violaciones a los derechos humanos que se destaparon en los últimos años.

En Carabineros, por supuesto, no la estiman demasiado. Una fuente de la institución le reprocha el poco conocimiento que muestra sobre la formación de policías. Una falencia que le atribuyen a ser “demasiado académica”. Ese conflicto habría sido uno de los principales motivos para mantenerla lejos de Interior en el nuevo gobierno y ubicarla como jefa de asesores.

Ahí, en el Segundo Piso, trabajará con Diego Pardow -con quien compartió en la directiva del think tank Espacio Público-, el asesor estratégico Carlos Durán, Ernesto Águila, entre otros. En las semanas pasadas les ha dicho a cercanos que considera que La Araucanía va a ser el principal dolor de cabeza de la nueva administración. Aunque esa urgencia no estará a cargo de ella, sino que de Izkia Siches, a quien conoce menos. La duda ahí de la socióloga, según sus cercanos, es cuánto se dejará asesorar la doctora y titular de Interior en temas de seguridad.

—Va a tener el desafío de ponerle su impronta al Segundo Piso. Eso va a significar congeniar el diseño político de este gobierno, que implica que los ministros tengan roles importantes, con construir su cargo, que requiere influencia, pero existiendo poco en el espacio público —anticipa un amigo de Dammert.

Un exministro de Michelle Bachelet cree que lo va a conseguir. Dice que porque sabe moverse. Aunque también por algo más:

—Le gusta el poder.

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