Martín Cárcamo: “Yo sabía que este Viña no iba a ser la mejor animación de mi vida. Lo tengo súper claro”

Tras conducir una de las ediciones más tensas y desafiantes del evento viñamarino, el animador desclasifica cómo se vivieron en la interna los temores de cancelación, las pifias e insultos en su contra, la decepción con el show de Maroon 5 y la preocupación del gobierno en torno a la cita. “No solamente Chile cambió: el Festival cambió”, asegura.




Esa noche se despidió de la Quinta Vergara, se bajó del escenario, descansó un par de horas, ya en la mañana partió hacia su casa en Santiago, se duchó y luego se fue a Canal 13 para nuevamente tomar un micrófono y sonreír frente a las cámaras en el debut del programa Bailando por un sueño. Así fueron para Martín Cárcamo las 24 horas que transcurrieron entre el viernes 28 de febrero, en la jornada final del Festival de Viña, y el sábado 29, cuando sin ninguna clase de tregua volvió a aparecer por TV para todo el país animando uno de los proyectos más ambiciosos de la pantalla local en los últimos años, en un formato adquirido por su propia productora, Lateral, al argentino Marcelo Tinelli, y que ha revitalizado con sólida sintonía el bloque prime de la estación. Desde esta semana, irá de lunes a jueves.

“Ha sido vertiginoso y ha sido un aprendizaje, porque es primera vez que yo vivía algo así. He desarrollado mis capacidades al máximo, no solo en términos de animación o producción, sino también en tratar de estar concentrado cuando uno está demasiado expuesto”, define el conductor, sentado en su camarín, quizás el único espacio del canal donde está refugiado de la exposición.

Pero si el resumen de la rutina de Cárcamo abarcara aún más tiempo, el vértigo no cedería. En los últimos cuatro meses, dejó Bienvenidos, el matinal que lo consagró como el conductor más importante de la TV chilena actual; el estallido social precipitó minutos de alta tensión en cámara, como fricciones con sus compañeros de panel o diálogos en vivo con manifestantes que le enrostraban todos los pecados de los matinales, y debió preparar su segunda vez al frente del Festival de Viña junto a María Luisa Godoy, en un certamen sacudido por la coyuntura y que excedió lo artístico hasta convertirse en una preocupación para La Moneda. “Estos últimos cuatro meses han sido un punto de inflexión en mi carrera”, determina.

¿Cómo lo pasó realmente en Viña?

Fue un Viña muy complejo, porque el objetivo primero era sacar adelante el Festival. Y eso siempre estuvo en situaciones límites. El primer día todos sabíamos que iba a haber una situación difícil y para mí era muy importante el discurso inicial, poner en contexto. Junto con la Mari lo conversamos mucho y este año era muy relevante dar un mensaje que tuviera la palabra ‘dignidad’ y que tuviera la palabra ‘derechos’. Yo creo que nos hicimos cargo y eso me dejó tranquilo. Pero, al mismo tiempo, era muy difícil, porque estaban atacando el Hotel O’Higgins, quemaron los autos, ahí estaba la competencia, los participantes, los cantantes no pudieron llegar a hacer la obertura, una cosa inédita en el Festival. Entonces era una tensión permanente.

“Nosotros nos íbamos mucho más temprano a la Quinta que otros años. Dormimos muy poco. Y la idea era que los artistas pudieran expresar lo que querían. Y eso se logró y también me dejó tranquilo. Pero fue un Festival completamente atípico”.

El animador cuenta que el mensaje con el que abrieron Viña el domingo 23 de febrero fue elaborado de manera íntegra por él y su compañera. Ahí, Cárcamo dijo: “En momentos trascendentales como el que vive nuestro país, el Festival queremos que sea el puente que una a los chilenos. Soñamos con un Chile más justo, igual en dignidad y derechos. Un Chile fraterno”. Para conseguir un concepto más global, se basó en el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquel que reza que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

“Fue un discurso que trabajamos mucho”, acota el conductor. “Lo elaboramos nosotros, pero con muchas conversaciones con el equipo. A mí me interesaba hablar de la dignidad y los derechos, y sobre todo, de un Chile igual para todos. Más que nervioso, sentía que había que representar a Chile en su origen primario, que dentro de esta fiesta todas las voces iban a caber, que era una fiesta de unidad, pero que no íbamos a desconocer lo que estaba ocurriendo”.

¿Por qué no aludieron a la violencia, que precisamente estallaba a pocas cuadras de la Quinta Vergara?

Lo que pasa es que eso lo he dicho muchas veces. Yo parto por la base que eso es evidente. Para mí es algo intrínseco. Lo he dicho en el matinal, en entrevistas; tampoco puedo hacer un discurso extenso. El tema es cómo construimos un país mejor. Obviamente, la violencia nunca la voy a justificar. (Pero) creo que lo que dijimos era lo correcto.

Si tuviera que volver a hacerlo, ¿incluiría la condena a la violencia o al vandalismo?

Creo que nosotros lo dijimos. Con la tranquilidad que te lo digo ahora, creo que siempre los discursos pueden ser mejores, pero hay que pensar por qué hay violencia. Y eso es por una frustración gigantesca que hay. Siempre he condenado la violencia, pero dentro del entorno creíamos que era el mensaje más apropiado y que iba a generar unidad.

¿Qué le parece que Karla Rubilar haya llamado a la presidenta del directorio de TVN para expresarle su preocupación en torno a por qué no repudiaron la violencia?

Es tan delicado. Porque otras personas podrían haber dicho ‘¿por qué no hablaron de los derechos?’; otras personas ‘¿por qué no hablaron de la dignidad?’; otras ‘¿por qué no hablaron de la igualdad de oportunidades?’. Yo creo que uno tiene que actuar en conciencia. Yo nunca daría por hecho que los discursos van a dejar satisfechos a todos, así como tampoco a mí hay cosas que me dejan satisfecho. Son parte del escenario en que estamos. Por eso hay que tener mucha responsabilidad, la violencia siempre la he condenado, pero otra cosa es pararse en el escenario cuando uno entiende que no se puede decir todo, que no se puede hablar de todo. Estoy acostumbrado a las diferencias y es parte de la lógica y del país que quiero construir. Las expectativas no se pueden cumplir para todos.

¿Qué opina de que se haya calificado a las primeras noches, con Kramer o Mon Laferte, como “la franja del ‘apruebo’”?

Si alguien pensaba que los artistas iban a tener otra posición, es como no entender el Chile en que estamos. Era evidente que eso iba a pasar y que cada uno iba a expresar lo que estimara conveniente. Y eso es un logro, que se puedan expresar los artistas. No hay que tratar a la gente como tonta, no hay que tratar al público como si no supiera lo que pasa. No hay que tratar a la gente como personas que no sean capaces de estar de acuerdo o disentir de lo que está diciendo un artista. Porque, además, la Quinta se expresa. Y el Festival iba a ser un Festival político, yo lo dije muchos meses antes. No solamente Chile cambió: el Festival cambió. De aquí para adelante el Festival va a ser otro. Ya cambió. Y, además, los artistas siempre han tenido una mirada política, eso no es novedad. Al contrario, lo que pasó era lo lógico.

¿Le parece entonces ingenuo que figuras de la política, como José Antonio Kast, hayan criticado una excesiva ideologización?

Claro, y otros encontrarán que al Festival le faltó más. Yo no me puedo hacer cargo de eso. Ya sacar el Festival adelante era una misión gigantesca, entonces uno tiene que saber el lugar donde estamos. Hablar desde afuera, y yo lo he hecho varias veces, es muy distinto a estar ahí.

¿Qué sintió cuando Viña 2020 se convertía en prácticamente una plataforma contra el gobierno o carabineros, con todo el público gritando “el que no salta es paco” o el cántico que vincula a Piñera con Pinochet?

Mira, es muy complejo. Y eso es lo que finalmente uno va a poder analizar con el tiempo. A mí lo único que me duele es que Chile esté tan polarizado. Eso es lo que más me duele. Nuestra labor ahí es contener. Y el Festival son 15 mil personas que están con todas sus emociones puestas ahí. Es como si fueras a una fiesta y en esa fiesta sale todo. Y uno no se las sabe todas, tampoco sabes cómo reaccionar. Tu misión es ser presentador, no es tratar de imponer tu forma de pensar, lo que tú crees o lo que no crees, o si alguien se expresa decirle que no lo diga; eso sería iluso. Hay que entender cuál es el escenario de la Quinta Vergara y hay cosas que la historia después nos va a indicar si fueron correctas o no. Yo creo que lo más importante es que se pudo sacar al aire; había personas que no pensaban que eso pasaría.

¿Tuvo temor de que en algún momento se cancelara?

En algún minuto, sí. No soy una persona temerosa, pero sí sentía que esto podía no salir al aire, o que se iban a cortar las transmisiones, o que podía haber un desperfecto técnico. Pero ahí hay un trabajo que la gente no se imagina.

“Con muchos artistas hablamos antes de sus shows y les dijimos que se sintieran cómodos, que esta era su casa, que los íbamos a presentar con el mayor cariño. Era difícil, porque, para ser bien honesto, nadie había vivido algo así: un Festival en plena crisis social, en democracia, no lo habíamos vivido”.

¿Le sorprendió que este Viña fuera una preocupación hasta del gobierno?

No, para nada. Yo sabía que esto iba a pasar. Era evidente lo que iba a pasar. Y era evidente, además, por lo menos yo hablo por mí, porque la Mari no está y además fue una súper buena compañera, también sabía que no iba a ser la mejor animación de mi vida. Lo tengo súper claro. Era obvio: el momento país requería otra cosa. El show no eran los animadores. Era la gente y los artistas. El público no va al Festival a ver a los animadores.

Entonces, ¿qué pasó con Fusión Humor? Hubo un corte abrupto donde se decidió no seguir con el show.

Lo veo también desde el aprendizaje. Valoro mucho que Fusión Humor haya dicho que no sintieron censura y que fue una decisión más bien artística, porque venían otras cosas más. Y como equipo nosotros damos la cara y se tomó una decisión. Pero ya habiendo pasado unos días, yo creo que podrían haber continuado 10 minutos más. O sea, podrían haber hecho el bis. Yo creo que el bis correspondía. Lo debimos haber desarrollado de otra forma, con cinco minutos más, y el público se hubiera quedado conforme.

Porque además la gente se enojó con usted.

Sí poh, y está bien.

¿Escuchó lo que le gritaban? Un insulto de grueso calibre.

Sí, por eso te digo que Chile va cambiando, porque también nosotros ahí éramos los contenedores y el recipiente para todo. (Lo que gritaron) es fuerte, pero no lo tomo personal, lo tomo dentro de un contexto en que querían seguir viendo el show y lo podríamos haber resuelto distinto. Yo si hubiera estado en el público hubiera hecho lo mismo.

¿Gritando lo mismo contra el animador?

No, es que no es contra el animador. Pero entiendo el momento que estamos y está bien, y es parte de (se ríe). Siento que no es algo personal. Y fue una experiencia potente, obvio que me remeció. Me cargan las personas que no asumen cuando se equivocan. Como que se hacen los giles, los huevones. Para la próxima, si es que me toca otra vez, prometo que lo resolveré de otra forma.

¿Lo decepcionó Maroon 5?

Mucho, porque ahí es cuando ocurre el efecto al revés. De hecho, tres cosas no me gustaron: una es que no tuvieran contacto con el público. Dos, sabían que tenían que entrar más temprano y entraron tarde, y eso obligó a una situación súper tensa para poder hacer el relleno. Y eso no solamente ocurrió con el público, sino que con nosotros también. Yo subo en un minuto a ver al show al lado del escenario, donde están los animadores, y me sacaron. ¡A mí, poh, que se supone que soy la persona que tiene que estar ahí, porque si el animador no está ahí, quién chucha está! Me sacó la gente de Maroon 5, me pidieron que me fuera. Me dijeron que me tenía que ir porque no podía estar ahí.

En el último día, Piñera dijo que algunos iban a querer incendiar la Quinta. ¿Le parecieron responsables esas declaraciones?

Te contesto lo mismo que te dije antes. Yo puedo estar de acuerdo o no de acuerdo, aquí cada persona puede expresar lo que quiera, pero lamentablemente mis hijos no pudieron ir al Festival el día final.

O sea, asumo que no le pareció una frase apropiada.

No te voy a decir eso. Pero te voy a decir que nosotros estábamos adentro y se subentiende qué es lo que puede pasar cuando tú recibes una información como esa. Por eso te digo, no voy a entrar en un juego de decir que es lo que hizo o no hizo la autoridad, porque no me corresponde. Pero te hablo como profesional, y obviamente cuando tú vas a animar en un lugar y dicen que lo van a incendiar, como ser humano obviamente te preocupa. Entonces, creo que estuvimos a la altura y lo sacamos adelante. Mi labor en este festival no es opinar sobre lo que dice el Presidente. Pero, lamentablemente, mis hijos no pudieron ir...

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