Cacerolazos y pedido de impeachment: Gestión contra la pandemia le pasa la cuenta a Bolsonaro

(Foto: AFP) El Presidente Jair Bolsonaro se toma una selfie con partidarios frente al Palacio de Planalto, en Brasilia, después de una protesta contra el Congreso y la Corte Suprema, el domingo.

Las manifestaciones de anoche en su contra se registraron en barrios de clase media y alta, reductos que le dieron la victoria al ultraderechista en las elecciones de 2018.


Molestas por su gestión contra el coronavirus, miles de personas en Sao Paulo, Río de Janeiro y otras ciudades brasileñas protestaron anoche con cacerolas desde sus balcones pidiendo la destitución del Presidente Jair Bolsonaro, que poco después anunció por sus redes sociales que su segundo examen de Covid-19 dio negativo.

“Informo que mi segundo test de Covid-19 dio negativo. Buenas noches a todos”, escribió el mandatario brasileño en su Twitter cuando arreciaban las protestas y los gritos de Fora Bolsonaro, en un episodio que rememora las protestas contra la expresidenta Dilma Rousseff en 2015 y 2016 antes de que fuera destituida por juicio político.

Los cacerolazos se registraron en barrios de clase media y alta de Sao Paulo, reductos que le dieron la victoria al ultraderechista en las elecciones de 2018. En Río de Janeiro hubo protestas en Copacabana, Humaitá y Tijuca.

El cacerolazo fue convocado después de la indignación ciudadana que provocó el domingo pasado que el mandatario fomentara y acudiera en Brasilia a una manifestación en su apoyo y a favor de clausurar el Parlamento. No solo porque dos días antes el ministerio de Salud había desaconsejado las aglomeraciones, sino también porque el Presidente aún era sospechoso de ser portador del virus. Bolsonaro ignoró la orientación médica e intercambió saludos y abrazos con los simpatizantes que fueron hasta el palacio presidencial.

El hecho no es menor, porque 14 personas de la comitiva que acompañó a Bolsonaro en su reciente viaje a Miami para un encuentro con el Presidente estadounidense Donald Trump, se encuentran contagiadas de Covid-19. El último de ellos se confirmó hoy. Se trata del general Augusto Heleno Ribeiro, ministro de Seguridad Institucional del Gobierno, quien dio positivo en un segundo test de coronavirus. No obstante, el ministro, de 72 años, aclaró que espera los resultados de una contraprueba.

Además, el cacerolazo se produjo horas después de que el diputado Leandro Grass, del partido opositor Rede, presentó ante el Congreso el décimo pedido de destitución contra el mandatario bajo la denuncia de que el jefe de Estado incitó a las manifestaciones del último domingo en plena pandemia. El pedido alega que Bolsonaro cometió “crimen de responsabilidad” al apoyar las marchas en videos divulgados a través de las redes sociales. Esta actitud, según el demandante, es contraria a las directrices del propio Ministerio de Sanidad de Brasil y de la OMS, que demandan evitar las aglomeraciones para frenar la propagación del virus.

Un nuevo pedido de impeachment será presentado por otro exaliado suyo, el diputado Alexandre Frota, que dejó el partido de gobierno para unirse a la Social Democracia de Brasil (PSDB). Según el diario El País, es probable que estos pedidos de juicio político no prosperen a corto plazo. Sin embargo, se transformarán en instrumentos de presión en medio de un momento delicado, en que las autoridades empiezan a aislar a Bolsonaro para que Brasil salga de la crisis del Covid-19 a pesar de su postura ajena a la pandemia.

Pérdida de apoyo

De hecho, el diario Folha de S. Paulo destaca en su edición de hoy que después de la “desbandada” de los liberales, Bolsonaro “pierde apoyo” entre grupos conservadores, otra parte de la gran coalición que lo eligió en octubre de 2018. Una de las representantes de este movimiento, la diputada de la asamblea regional de Sao Paulo, Janaina Paschoal, pidió que Bolsonaro renuncie y deje el cargo al vicepresidente Hamilton Mourão. Para la abogada, quien fue una de las autoras del pedido de impeachment que derivó en la destitución en 2016 de la Presidenta Dilma Rousseff, la actitud de Bolsonaro el domingo "es un crimen contra la salud pública”.

Pese a que ayer, con pocas horas de diferencia, se produjeron las dos primeras víctimas mortales por el virus en Brasil que, con 350 contagios, es el país con más casos confirmados de Latinoamérica y el Caribe, Bolsonaro continuó ninguneando la gravedad de la crisis sanitaria y en una entrevista radial calificó de “histeria” la preocupación generada por la pandemia, al tiempo que rechazó las críticas en su contra y denunció una "lucha por el poder".

Para tratar de recuperar la iniciativa en esa "lucha", Bolsonaro creó un Comité Interministerial de Crisis y Supervisión de Monitoreo de los Impactos del Covid-19, bajo la coordinación de su jefe de gabinete, el general Walter Souza Braga Netto. Además, anoche el gobierno pidió al Congreso declarar el estado de calamidad hasta el 31 de diciembre próximo para poder perforar el techo de gastos y usar dinero sobrepasando las metas fiscales del presupuesto para este año con el fin de hacer frente a la caída de la economía por el coronavirus.

Pero estas medidas no parecen aplacar el malestar de los detractores de Bolsonaro. Para hoy están convocadas manifestaciones en las principales urbes brasileñas contra el Presidente, a pesar de lo desaconsejable de que se celebren concentraciones por el riesgo de diseminar el coronavirus.

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