De Cannes a Valdivia: la encrucijada de los festivales de cine en medio de la pandemia

El Palacio de Festivales de Cannes sin alfombra roja, cerrado y con un mensaje de gratitud hacia el personal de salud.

Al menos en su forma tradicional, la 73ª edición del certamen francés no tendrá lugar, mientras Venecia insiste en abrir sus puertas en septiembre. El director del FICValdivia, en tanto, anuncia que se adaptará a las condiciones del momento, en octubre. De la cancelación a las versiones en línea, los certámenes hacen frente al inédito escenario que les plantea la emergencia sanitaria.




Una anulación que rehúsa decir su nombre. Días atrás, el semanario francés L’Obs publicó una entrevista con el delegado general de Cannes, Thierry Frémaux, cuya bajada rezaba: “El mayor festival de cine, que debió haber partido el 12 de mayo, no tendrá lugar, al menos en su forma tradicional”.

Ese “al menos” hace toda la diferencia. A un año de la exitosa versión 2019, tras la cual Parasite se convirtiría en la primera ganadora de la Palma de Oro y del Oscar a Mejor película, la 73ª edición del certamen está tomando distintas formas. Una de ellas es una etiqueta, un sello que acompañará a cada película que debió integrar su selección “presencial”. A principios de junio, explica Frémaux, “se publicará la lista de las producciones que nos encantaron y que se estrenarán en salas de acá a la primavera [boreal] de 2021”, lo que no ocurrirá con las secciones paralelas -Semana de la Crítica, Quincena de Realizadores y ACID-, que en abril anunciaron que no van este año .

Añade el delegado general que organizarán “eventos en las salas francesas y en el extranjero, si es posible, ya que tenemos nuestras rutinas en Buenos Aires, Hong Kong o Bucarest”. Nace, así, un “festival extramuros” en el que filmes de Nanni Moretti (Tre piani), Wes Anderson (The French Dispatch) y Paul Verhoeven (Benedetta), serán presentados en veladas reservadas en festivales como Venecia, agendado aún para septiembre próximo.

Pandemia mediante, y siendo aún provisorio cualquier informe financiero, a los festivales no les ha quedado otra que reinventarse para subsistir. En el caso de Cannes, asegura Frémaux, esto no será a través de certámenes digitales ni de palmarés confinados. Eso sí, su tradicional Mercado del Cine se realizará virtualmente, al tiempo que el propio encuentro tendrá participación en una iniciativa planetaria, We Are One: A Global Film Festival.

Coordinados con Youtube y comandados por el neoyorquino Tribeca, certámenes como San Sebastián, Venecia, Berlín, Sundance y Locarno lanzan esta instancia gratuita que se celebrará durante 10 días a partir del 29 de mayo, y que pretende, al decir de sus organizadores, ofrecer al público “historias procedentes de todo el mundo, proporcionando a los cineastas un altavoz en un escenario global”. En la nota de lanzamiento se asegura que “el público no sólo podrá conocer diferentes culturas a través de una nueva perspectiva, sino que también podrá apoyar a las comunidades locales mediante la donación directa a organizaciones que contribuyen a la asistencia de los afectados por la Covid-19”.

El Festival de Venecia confirmó su versión 2020 para septiembre próximo.

Porque en esto, cada quien le busca el cuesco a la breva. En Valdivia, por ejemplo, sienten que su festival es una embajada del país del cine y que, como tal, tiene que estar junto a los ciudadanos cinéfilos. Por eso Raúl Camargo, su director, afirma que el FICValdivia “no se cancelará ni se pospondrá en espera de mejores tiempos”. Se celebrará en su tradicional mes de octubre, asegura, añadiendo que están “preparados para tres escenarios”: realizarlo igual que siempre; hacer un festival “acotado” en salas, con réplica simultánea online, y hacer un festival “enteramente online” con réplicas presenciales posteriores, como lo vienen haciendo en Santiago y Valparaíso.

Camargo, cuyo certamen integra desde hace años la plataforma FestivalScope, observa que muchos festivales son contrarios a la idea de las versiones no presenciales, pero afirma: “La pregunta no es si un festival deja de serlo por celebrarse online, sino, más bien, cómo ocuparemos estas tecnologías una vez que podamos volver a realizarlos presencialmente”.

A contramano

Más allá del tamaño o del pedigrí, cualquiera que haya estado en un festival entiende que su encanto, adicionado al de ver películas, reside en juntarse a conversarlas, en compartir: todo muy reñido con las conductas sanitarias que habrá que seguir respetando por meses, si es que no años. ¿Cómo le pega el coronavirus a estas muestras?

En tiempos de encierro, cuando malamente se pueden hacer películas y las suscripciones al streaming crecen como la espuma, el panorama se ve sombrío. Al menos, para ese cine que, desde Parasite hasta la más contemplativa de las películas hechas con el vuelto del pan, se gana una nombradía entre espectadores, curadores y críticos que funcionan en un mundo paralelo al del llamado cine-Marvel. Y que necesita las salas tanto o más que este último. Por tantas razones.

Tal ha sido un gran tema para los conocedores, como dejan en evidencia foros y reportajes publicados en distintas latitudes. El martes pasado, para The New York Times, el crítico A.O. Scott dijo que la pregunta por el futuro inmediato de un festival como Cannes da pie a “incertidumbres más profundas y ansiedades mayores en torno al futuro del cine: ¿Irá la gente en masa a Toronto y Venecia en septiembre? ¿Se verán los Oscar obligados a hacer las paces con Netflix y su calaña? ¿Está condenado el cine a convertirse en un pintoresco ejercicio de nicho? No creo ser el único cinéfilo con escalofríos de temor”.

El triunfo de Parasite en Cannes 2019.

Por su parte y días antes, el crítico y programador Luciano Monteagudo publicó en el diario argentino Página/12 un amplio muestrario de pareceres en torno al complejo escenario actual. Así, por ejemplo, Carlo Chatrian, director artístico de la Berlinale y exdirector de Locarno, planteó que “el cine Marvel piensa la sala de cine, y todo lo que está a su alrededor, como un apéndice”. Dice que este es un tipo de cine que “se las puede arreglar bien sin las salas, sin contacto físico, sin espectadores en las butacas”. En cambio, “el cine de festival no puede existir sin esta idea de comunidad o de muchas comunidades que entran en contacto virtual en internet pero que necesitan, de cuando en cuando, presencias físicas”.

Y mientras Roger Koza, colega y connacional de Monteagudo, no puede creer que Venecia 2020 siga en pie (“celebrar un festival cuando la pila de muertos en Italia ni siquiera ha podido conocer un entierro digno, es como mínimo ominoso”), el canadiense Brad Deane introduce una nota más optimista, si cabe. Para el programador del Festival de Toronto y director de su Cinemateca, “hay un futuro para el cine después de la Covid-19. El cine ha soportado muchas amenazas a lo largo de su historia (…) y aunque la experiencia de ver películas en casa nunca ha sido mejor, todavía hay algo poderoso y único en la experiencia de unirse en un espacio lleno de extraños para ver una película”.

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