La columna de Guarello: 2001

Joaquín Montecinos ingresó en el segundo tiempo ante Perú, como carta de salvación, pese a que fue el último en subirse a la nómina. (Paolo Aguilar/Pool via AP)

La Generación Dorada fue la última producto de los clubes sociales y deportivos, donde el trabajo en cadetes era una de las bases del funcionamiento. Las sociedades anónimas deportivas, con otras prioridades, no han sido capaces de formar jugadores medianamente competitivos, no ya para ganar la Copa América, sino, al menos, para pelear un quinto lugar en una eliminatoria.




Joaquín Montencinos desborda a Luis Advíncula y centra para que Luis Jiménez cabecee provocando un pequeño susto en Pedro Gallese, quien controla el balón. Van 80 minutos de juego, Perú gana 2-0 a Chile, el equipo de Martín Lasarte está anímica, futbolística y espiritualmente eliminado del Mundial de Qatar, aunque las matemáticas le den una chance remota (sumar 17 de los próximos 24 puntos en juego). Ilustrar el momento de la Selección con esta jugada no es un capricho: Joaquín Montecinos hace un año y medio jugaba por Melipilla en la B y Luis Jiménez había debutado con la Roja en abril de 2004 y, luego de una larguísima trayectoria en el extranjero, regresó a Palestino, su club de origen, hace un par de temporadas para cerrar su carrera en casa, en paz. En el desastre completo que ha sido la gestión de esta Selección desde que sacaron a Reinaldo Rueda, no puede extrañar que dos jugadores que no figuraban en la ecuación terminen siendo los argumentos postreros en ofensiva, la última bala, para salvar una Eliminatoria sin vuelta.

Tampoco puede extrañar que el propio Montecinos, convocado a última hora, haya sido mandado al frente para hablar con la prensa en la conferencia post partido en el Nacional de Lima. Muy a tono de cómo se afrontan las responsabilidades del fútbol chileno en la actualidad. No olvidemos que en los propios clubes, apenas hay una crisis, termina el juvenil más pollo frente a los micrófonos. Te felicito Joaquín, al menos pusiste la cara y metiste un desborde. Bastante más que varios de mucho mayor cartel.

Después de la anterior triple fecha, y con el miserable puntito cosechado, dijimos en esta misma columna que en febrero de este año, en otra columna, ya se había advertido sobre el error de sacar a Reinaldo Rueda por motivos poco claros, sin sostén técnico, más cercanos al capricho personal y al ahorro de unos dólares, que a mejorar a la Selección. Al final se terminó contratando cualquier entrenador, el que andaba de paso por Santiago, y las consecuencias han sido las previsibles. La noticia es que Reinaldo Rueda sí irá al Mundial con Colombia, equipo con el cual lleva cinco partidos sin perder.

Hace un tiempo se decía que a Chile le faltaba finiquito. Luego, el problema se amplió a la incapacidad de generar ocasiones de gol. Paso siguiente, la defensa, que se mostraba sólida pese a todo, comenzó a desmoronarse. Punto final, Lima, 7 de octubre de 2021, con el equipo que es un desorden en su totalidad, sin línea de juego, donde los jugadores se paran en cualquier lado y donde vemos a Alexis Sánchez de volante central o a Ben Brereton chocando con Marcelino Núñez porque no saben para dónde carajo moverse. Entonces, la salvación es Diego Valdés, quien completó su 16° partido por la Roja sin gravitar en lo absoluto. ¿No había más?.

En este momento de confusión, tan parecido al 2001, es bueno recordar un par de cosas. La primera es que la Generación Dorada fue la última producto de los clubes sociales y deportivos, donde el trabajo en cadetes era una de las bases del funcionamiento. Las sociedades anónimas deportivas, con otras prioridades, no han sido capaces de formar jugadores medianamente competitivos, no ya para ganar la Copa América, sino, al menos, para pelear un quinto lugar en una eliminatoria. La segunda, y esta es más grave, que todo el fútbol chileno está siendo devorado por los representantes de jugadores, argentinos en un 80%, quienes, con la salida de Lasarte, tendrán la fuerza suficiente para imponer un entrenador de la Selección con su respectivo cuerpo técnico, tal como lo hacen en varios clubes de la actualidad. Y los futuros convocados a Juan Pinto Durán serán obligados firmar un contrato de representación antes de traspasar el portón de lata en Avenida Las Torres. Esto último, ya ha ocurrido en los últimos meses.

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