The Dirt: La vulgaridad escarmenada

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The Dirt.

La película biográfica estrenada por Netflix basada en el libro homónimo escrito por Neil Strauss junto a la banda, zigzaguea entre drama y comedia con rudimentarios bocetos y enlaces para entender cómo el cuarteto de Nikki Sixx, Tommy Lee, Vince Neil y Mick Mars lideró la escena de Sunset strip hasta el estrellato mundial.



Cuando te preguntas por qué el rock agoniza historias así dan pistas. Grupos como Mötley Crüe cruzaron la línea. Los máximos exponentes del metal escarmenado y cabaretero exportado por California al mundo en los 80, epítome de escándalo y desmadre en la conservadora era Reagan, dieron vuelta el tablero sexo, drogas y rock & roll en señal de diversión y decadencia. La generación siguiente, la del grunge, se encargó de acabar dramáticamente la fiesta con el funeral de Kurt Cobain, y desde entonces no hay muchas novedades.

The Dirt, la película biográfica estrenada por Netflix basada en el libro homónimo escrito por Neil Strauss junto a la banda, zigzaguea entre drama y comedia con rudimentarios bocetos y enlaces para entender cómo el cuarteto de Nikki Sixx, Tommy Lee, Vince Neil y Mick Mars lideró la escena de Sunset strip hasta el estrellato mundial.

Tal como el libro, el acento está la anécdota. Comienzan los 80 y Nikki Sixx es un chico que milita en bandas seminales del glam metal de Los Angeles como London hasta que conoce a Tommy Lee, un carismático descerebrado que toca batería a lo bestia. Se les une Mick Mars en guitarra, un veterano tratando de tener éxito con una enfermedad degenerativa a cuestas, y finalmente Vince Neil, oxigenado cantante acostumbrado a intimar con las parejas de otros. Una pandilla disfuncional excepto por las capacidades olímpicas para el alcohol y las drogas.

Los personajes rompen la cuarta pared porque The Dirt juega con el calendario y ficciona para efectos dramáticos. Para melómanos no ofrece mucha información al desechar la faceta musical creativa del grupo, de notoria influencia en el sonido y estilo de la época, como soslaya las sabrosas broncas con Guns N' Roses, los archirrivales que les despojaron del reinado en LA.

El contexto de los 80 y los 90 no tiene mayor incidencia en la trama encapsulada en una seguidilla de secuencias donde suelen jalar y beber con capacidad récord Guinness, causar destrozos en hoteles o teniendo sexo casual. La vulgaridad escarmenada de Mötley Crüe no ahonda en razones. Tampoco asoma interés en explicar cómo dieron con una brillante síntesis de glam, punk y metal embutida en coros perfectos para estadios. Qué les inspiró, como leyeron el momento, un misterio.

The Dirt no es más elaborada que ese culebrón convertido en película, Rockstar (2001) con Mark Wahlbergh, aún cuando recrea leyendas como el encuentro con Ozzy Osbourne en medio de una gira conjunta donde el Príncipe de las tinieblas les advierte de los excesos, esnifa una línea de hormigas y luego lame su propia orina y la de Nikki Sixx. Una escena realmente gráfica para comprender que después de eso al rock le quedaba poco repertorio en materia de escándalo.

The Dirt marca distancia con el éxito reciente de Rapsodia bohemia, la blanqueada biopic de Queen. Acá no hay pudor en exhibir el fulgor de la fama y la degradación por los excesos aunque lamentablemente comprimidos con la artesanía de un gag. Entretenido a lo sumo. Difícilmente memorable.

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