Cáncer es por primera vez la principal causa de muerte en Chile

Por primera vez desde que hay registros en el país, los tumores ocupan el primer lugar en causas de muerte desplazando a las enfermedades del sistema circulatorio, que estuvieron en ese sitial durante los últimos años, según Estadísticas Vitales 2019 del INE. Los especialistas explican que en Chile ahora se vive más tiempo, lo que genera más oportunidad de desarrollar una enfermedad asociada al envejecer, como el cáncer




Una catástrofe demográfica. Así era calificada en Chile la mortalidad infantil (que ocurre durante el primer año de vida) en las primeras décadas del siglo XX. El pediatra Luis Calvo Mackenna describió en 1901 que de un total de 18.300 defunciones en ese año, 11.401 correspondía a niños y niñas. “Chile, un cementerio”, “Estadística desconsoladora” o “La India en Chile” eran algunos de los titulares de aquella época que reflejaban la magnitud de esta problemática social.

El crecimiento de las ciudades por la migración campo-ciudad y las malas condiciones de vida hacían que sobrevivir al primer año de vida fuera un privilegio de pocos. En 1920, un recién nacido en Chile tenía una expectativa de vida de solo 31,5 años; 32 si era mujer y 31 si era hombre. Cólera, viruela y tuberculosis, entre otras enfermedades infecciosas, eran las responsables.

En décadas posteriores, gracias al desarrollo de medicamentos y vacunas, y con el mejoramiento de las condiciones sanitarias, ambientales y epidemiológicas, eso fue cambiando. Entonces, la mortalidad infantil descendió notoriamente.

El avance del cáncer

Reflejo de las condiciones sociales, la mortalidad infantil ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos años. Así, pasó de 1.997 defunciones de menores de un año de edad en 2009, a 1.371 en 2019. Es decir, se redujo 31,3%. Además, según las últimas cifras de las Estadísticas Vitales 2019 del INE, representó el 1,3% del total de defunciones de ese año.

El no morir tempranamente ha implicado cambios en el perfil epidemiológico de las defunciones. Durante la primera mitad del siglo XX las principales causas se relacionaban con enfermedades infecciosas y parasitarias, generalmente prevenibles. Pero eso se fue reduciendo con el avance de la medicina y la mejora en las condiciones de higiene. De esta manera, una combinación de las llamadas patologías no transmisibles comenzó a predominar, entre ellas, enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos neurológicos y cáncer.

Con el avance de la medicina y la mejora en las condiciones de higiene las llamadas patologías no transmisibles comenzaron a predominar, entre ellas, enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos neurológicos y cáncer.

Según el informe del Estudio de la Carga Global de Enfermedades, Lesiones y Factores de Riesgo “GBD 2019″ publicado por The Lancet sobre la carga mundial de 369 enfermedades y lesiones en 204 países entre 1990-2019, en Chile el número de muertes pasó de 91.372 a 113.086 en ese periodo y, de ellas, el 85,8% corresponde a las llamadas enfermedades no transmisibles

El reporte añade que las principales causas de muerte en ese periodo fueron la cardiopatía isquémica o enfermedad coronaria, que se produce cuando las arterias que suministran sangre al corazón se obstruyen.

Por varias décadas, este tipo de enfermedades lideraron las muertes en el país, pero según las Estadísticas Vitales de 2019, publicadas el pasado 3 de diciembre por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), por primera vez desde que hay registros en el país, el cáncer se convirtió en la principal causa de muerte entre los chilenos.

De acuerdo a este informe, las muertes por tumores (neoplasias) desplazaron a las enfermedades del sistema circulatorio como las más responsables de la muerte entre los chilenos. Según este registro, las primeras representaron 28.492 defunciones (26%), mientras que las enfermedades del sistema circulatorio fueron 28.079 (25,6%). Entre ambas agrupan más del 50% de las muertes del año.

En tercer y cuarto lugar figuran las enfermedades del sistema respiratorio, con 13.864 muertes (12,6%), y las causas externas de morbilidad y de mortalidad, con 8.065 muertes (ver infografía).

Hasta hace poco las enfermedades cardiovasculares ocupaban ese sitial. En 2016, por ejemplo, según el INE, representaron un 27,1% del total de las defunciones (principalmente accidente cerebrovascular e infarto agudo al miocardio), seguido de tumores malignos (25%) y de enfermedades del sistema respiratorio (9,5%).

Hace dos décadas, según las Estadísticas Vitales 2001, los tumores malignos representaban el 22,5% (18.394) del total de defunciones. Las enfermedades del aparato circulatorio predominaban con el 27,6% (22.666).

Pese al avance del cáncer, los especialistas estiman que en 2020-2021 podría haber una distorsión de las cifras provocada por la pandemia, que ha generado una inusual muerte por Covid y un subdiagnóstico de los tumores (ver entrevista a Cristóbal Cuadrado, pág. 14).

Un temido avance

Varios aspectos tienen que ver con que el cáncer se haya transformado por primera vez en la principal causa de muerte en el país, explica el director médico del Instituto del Cáncer UC y presidente de la Fundación ChilesinCáncer, Bruno Nervi. El envejecimiento de la población es uno de los más relevantes.

“Las personas viven más tiempo y tienen más oportunidad de desarrollar una enfermedad asociada al envejecimiento, como es el cáncer. Por ejemplo, en 1970 la expectativa de vida de los chilenos era cercana a los 64 años, y actualmente bordea los 80 años”, dice Nervi, que también se desempeña como profesor del Magíster en Enfermería de Práctica Avanzada Mención Oncología de la UC.

En Chile, la esperanza de vida al nacer se ha triplicado. En 1900, señala el INE, se estimaba en 23,6 años para las mujeres y 23,5 años para los hombres. Para el periodo 2015-2020, subió a 82,1 para las mujeres y 77,3 para los hombres.

El médico Mauricio Burotto, oncólogo del Centro de Cáncer de Clínica Universidad de los Andes, añade que ese aumento en las expectativas de vida trae consigo una mayor posibilidad de desarrollar un cáncer. “Esto aumenta la incidencia”, indica.

Otro factor es el mejor control de algunas enfermedades cardiovasculares que antes eran causa importante de muerte, como presión alta y diabetes. Así, dice Burotto, han disminuido un poco la tasa de infartos y accidentes cerebrales vasculares. Entonces, “también hay un grado de control, disminución o estabilización de la enfermedad cardiovascular”.

El aumento en las expectativas de vida trae consigo una mayor posibilidad de desarrollar un cáncer. FOTO:PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

Cáncer y envejecimiento van de la mano. “Mientras más edad tengamos, más posibilidades tenemos de albergar algún cáncer en el cuerpo”, explica Nervi. Esto se debe a que, con el paso de los años, las células van acumulando más y más mutaciones en su ADN que las hacen más proclives a convertirse en malignas.

Las personas mayores de 75 años tienen un 28,3% más riesgo de morir de cáncer. Así lo establecen cifras del Observatorio Global del Cáncer, plataforma web de la Organización Mundial de la Salud que presenta estadísticas globales sobre el cáncer de 185 países.

Sedentarismo y obesidad

Las enfermedades del sistema digestivo y del sistema respiratorio también perdieron el peso relativo que tenían antes, lo que se explica por transformaciones en la condición de la salud, nuevos hábitos alimenticios y el ritmo de vida.

Esas transformaciones están vinculadas con los estilos de vida, dice el experto UC, como por ejemplo la obesidad, que ha aumentado significativamente en los últimos años, situándonos en uno de los países de mayor sobrepeso y obesidad entre los miembros de la Ocde, lo que también ha contribuido al alza en el cáncer.

Los hábitos de alimentación y estilo de vida son claves a la hora de promover la salud y prevenir este tipo enfermedades. “La obesidad y el sedentarismo son los factores de riesgo más importantes, e influyen en el 60% de todos los cánceres”, dice Nervi.

En términos generales, apunta Burotto, hay un grado de influencia de esos factores, pero no se sabe cuánto es, “depende del tipo de cáncer”. Por ejemplo, el de colon se asocia a consumo de grasas y carnes rojas. “En algunas partes de Chile hay bastante incidencia de cáncer digestivo gástrico en el que se piensa que tiene que ver la dieta. El sedentarismo, obesidad y tabaco también inciden en el cáncer de mama, por ejemplo”, dice.

Otros factores de riesgo asociados son el alza del tabaquismo y del consumo de alcohol, “donde nuevamente los chilenos destacan entre los países de la Ocde”, advierte el especialista UC.

Un gran porcentaje de la carga por cáncer puede ser prevenida, promoviendo estilos de vida saludables y estableciendo programas más agresivos contra el tabaco. Esto, además de fomentar estrategias como la vacuna contra el virus papiloma humano. “Favoreciendo la detección precoz y el acceso a tratamientos oportunos”, dice Nervi.

Déficit de especialistas

El cáncer produce un enorme sufrimiento no solo para los pacientes, sino también para sus familias. Eso es todavía más difícil, indica Nervi, “por la importante brecha de oportunidades que tienen las personas con cáncer en Chile según se traten en el sistema de salud público o privado”.

Chile ha avanzado mucho para reducir esta brecha. Nervi destaca la implementación del primer Plan Nacional de Cáncer 2018-2028, “que marca los objetivos para que todos los chilenos tengan las mismas oportunidades”. También ha sido fundamental la promulgación de la Ley Nacional de Cáncer, agrega, la que busca dar las garantías para implementar el plan.

Existe una importante brecha de oportunidades que tienen las personas con cáncer en Chile según se traten en el sistema de salud público o privado.

Por lo mismo, los especialistas estiman que es muy importante poner al cáncer como prioridad en el tratamiento con los centros oncológicos multidisciplinarios. Burotto apunta, a su vez, al control de los factores de riesgo en la atención primaria, como control de peso, más restricciones al tabaco, estimular el ejercicio y diagnóstico precoz. “Con estas herramientas es posible controlar y diagnosticar en etapas tempranas los tumores, lo que mejora mucho la posibilidad de curar un cáncer”.

Es imprescindible continuar con el trabajo conjunto del Ministerio de Salud, la sociedad civil, las universidades y las asociaciones de pacientes, destaca Nervi, “puesto que desde distintos ámbitos todos pueden contribuir a disminuir el sufrimiento por esta enfermedad”.

Otro ámbito de preocupación es el déficit de recurso humano especializado. “En Chile hay una falta muy importante de especialistas médicos dedicados al cáncer, cómo los oncólogos médicos, hematólogos, cirujanos oncólogos y radioterapeutas. Por ejemplo, hay aproximadamente 130 oncólogos a nivel nacional, y debieran ser cerca de 400, si se sigue la recomendación de la OCDE de 21 oncólogos por millón de habitantes. Sin embargo, también faltan especialistas en otras áreas no médicas”, detalla Nervi.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.