Columna de Jonathan Barton: 8 mil millones ¿Es mucho o poco?

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Por Jonathan Barton. Profesor del Departamento de Geografía Humana del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Con 8 mil millones de personas en el planeta, y 10 mil millones para el fin de siglo, hay dos posiciones que podemos tomar: asociar la crisis ambiental, la emergencia climática, con el crecimiento poblacional. Por eso la necesidad de reducir esa tasa, o enfocar medidas para satisfacer las necesidades de 10 billones, pero dentro de lo llamado ‘los limites seguros de operación’ del planeta.

Este debate no ha dejado de ser parte de la política pública global desde el libro de Paul and Ann Ehrlich en 1968: La Bomba Poblacional. El informe del Club de Roma en 1972 Los Limites al Crecimiento, reforzó esa preocupación por el número de personas y su consumo per cápita, anticipando una crisis global fines del siglo XX. Miento, son más de 200 años de preocupación. Este mismo argumento fue planteado por Thomas Malthus en 1798. Es por eso que este argumento de la crisis poblacional se llama neo-maltusiano.

Asociado con ese debate son los temas del aborto, acceso a anti-conceptivos, y esterilización (forzada en algunos casos). Al otro lado hay países que buscan aumentar la fertilidad de su población, como Singapur y Corea del Sur, hay ‘shrinking cities’ en Europa, mientras China acaba de terminar su política de un hijo por familia. Es confuso. Los mensajes son contradictorios.

La crisis de la migración mundial pone en perspectiva elementos preocupantes de ese debate. No es que haya muchas o pocas personas, sino qué raza son, que religión son, de dónde vienen, y dónde son bienvenidas. El nacionalismo y el racismo juegan roles importantes. No es una cuestión de humanidad, sino nacionalidad, y la reproducción de ciertas identidades por sobre otras.

En vez de perdernos en debates sobre el número de personas en el planeta, y si es mucho o poco: el debate neo-maltusiano versus el llamado ‘optimismo tecnológico’, hay tres temas subyacentes que enfrentar. Primero, entender que no es cuánta gente, sino qué y cuánto consume: 30% de los alimentos mundiales son desperdiciados. Segundo, reconocer las raíces racistas y nacionalistas de muchas posiciones sobre la crisis poblacional. Tercero, entender que la ‘transición demográfica’ que buscamos surge a través del reconocimiento de los derechos de las mujeres, y su acceso a educación y empleo.

No debemos obsesionarnos con el número, sino la justicia de la humanidad en un planeta limitado.

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