De vuelta a la Guerra Fría: El peligro de la escalada nuclear a 60 años de la Crisis de los Misiles

La advertencia de Vladimir Putin sobre su defensa a los territorios rusos a través de “todos los medios posibles” ha sido leída como una amenaza de que su armamento nuclear está preparado para ser utilizado en el marco de la guerra de Ucrania. La tensión atómica resalta las similitudes y diferencias de lo ocurrido hace seis décadas, en plena disputa entre EE.UU. y la Unión Soviética.


Octubre de 1962 -cuando misiles nucleares de alcance medio instalados en Cuba fueron descubiertos por la inteligencia estadounidense-, se convirtió en el momento en que la humanidad estuvo más cerca de enfrentar una guerra nuclear. Eran los años de la Guerra Fría, cuando Occidente -liderado por Estados Unidos- se enfrentaba a la órbita comunista, encabezada por la poderosa Unión Soviética.

El enfrentamiento directo entre ambas potencias nunca se dio, pese a que manejaron los hilos de numerosos conflictos: Corea, Vietnam, Afganistán, entre muchos otros. Pero entre todos los hitos de esa era, la Crisis de los Misiles -de la cual por estos días se cumplen 60 años- es el momento clave, la acción emblemática de una amenaza atómica real. Incluso impactó en la cultura popular y a los líderes de entonces: John F. Kennedy, Nikita Kruschev y Fidel Castro.

Seis décadas después, el planeta gira ahora su atención a la guerra en Ucrania, con resabios evidentes de la crisis atómica sesentera. El Presidente Vladimir Putin amenazó días atrás con la posibilidad de utilizar armamento nuclear para defender a su país, lo que dejó atónitos a muchos.

¿El mundo está ante un regreso de la Guerra Fría y la amenaza nuclear?

Tensión in crescendo

Cuando Putin dijo que utilizaría “todos los medios disponibles” para defender el territorio ruso, sus palabras fueron leídas como una amenaza, sin dobleces. El mandatario está dispuesto a usar cualquier medio, incluido su arsenal nuclear, si ve que alguien invade Rusia, incluyendo las regiones ucranianas que, al momento en que emitió sus dichos, planeaba anexar.

“En el caso de una amenaza a la integridad territorial de nuestro país, y para defender a Rusia y a nuestro pueblo, sin lugar a dudas usaremos todos los medios a nuestra disposición”, dijo a mediados de septiembre, justo cuando se llevaban a cabo “plebiscitos” en Donetsk y Luhansk, en el este de Ucrania, y Kherson y Zaporiyia, en el sur, para definir si se incluirían al territorio ruso.

Sistema ruso de defensa antimisiles S-400 circula por la Plaza Roja de Moscú durante el desfile del Día de la Victoria, en mayo. Foto: Reuters

Para el director ejecutivo de la Asociación para el Control de Armas de Estados Unidos, Daryl G. Kimball, “la retórica nuclear de Putin no carece de precedentes, pero son las primeras amenazas de este tipo en la era posterior a la Guerra Fría, y las primeras en medio de una guerra abierta en el corazón de Europa”.

Tras ocho meses de conflicto, la ambición por ampliar su territorio (o recuperarlo, según el discurso del Kremlin) se hizo realidad. Pero la respuesta de Naciones Unidas, la que calificó de “ilegales” a los referendos, no cayó bien en Moscú.

Fue el propio Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien aseguró el 6 de octubre, en una salida de protocolo, que Putin “no bromea cuando habla del uso de armas nucleares tácticas o de armas biológicas o químicas”. Lo dijo en un evento de recaudación de fondos para los demócratas, y sus palabras resonarían a modo de advertencia. “No nos hemos enfrentado a la perspectiva del Armagedón desde Kennedy y la Crisis de los Misiles en Cuba”.

Según el director de Estrategia, Tecnología y Control de Armas del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, William Alberque, la advertencia a través de los discursos aún sirve para prevenir la escalada desde la palabra a la realidad, pero no evita los conflictos en sí. “La disuasión nuclear funciona como siempre lo ha hecho. Ucrania no era un país aliado de Estados Unidos en materia de disuasión y fue atacada. Rusia tenía mucho más interés en la guerra que Occidente en evitarla. No evita la guerra, pero ha prevenido un conflicto bélico entre Estados con armas nucleares”, dijo.

Un historial de crisis

Descontando el lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en 1945, mediante las cuales Estados Unidos utilizó ese armamento para lograr la rendición irrestricta de Japón en la Segunda Guerra Mundial, no es la primera vez que la retórica nuclear se toma la agenda. De hecho, fue la Crisis de los Misiles el momento en que el mundo estuvo más cerca de una crisis nuclear de proporciones globales.

Bajo la amenaza de que Estados Unidos invadiría Cuba, el gobierno soviético envió en secreto misiles balísticos nucleares a la isla. Sobre la decisión del envío, hay múltiples versiones: que Castro las solicitó ante el temor de una inminente invasión, o que Kruschev empujó la decisión sin el apoyo del líder cubano.

La instalación de misiles estadounidenses en territorio italiano y turco, la fallida invasión de Bahía de Cochinos un año antes (donde exiliados cubanos entrenados por la CIA intentaron retomar la isla) y los acercamientos de La Habana con China fueron incentivo suficiente para aceptar la propuesta. Fue en ese contexto en que Castro pidió a la Unión Soviética el “apoyo nuclear” si Wahington los invadía, incluso si eso significaba la destrucción de Cuba.

John F. Kennedy firma la orden de bloqueo naval de Cuba, en octubre de 1962. Foto: AFP

Fue tal la tensión, que tanto Kruschev como Kennedy sabían que un simple error o malinterpretación desencadenaría el Armagedón nuclear. El 25 de octubre del 62, un oso negro trepó la valla de una base aérea estadounidense y se inició el protocolo de despegue de aviones con carga nuclear, bajo la errónea idea de que estaban invadiendo el lugar. Finalmente, las partes cedieron y la crisis se apagó.

En otros momentos, la amenaza nuclear también se tomó la agenda. Durante la Guerra de Vietnam se llevó a cabo la operación Lanza Gigante bajo la administración de Richard Nixon, en 1969. En ella, el mandatario estadounidense autorizó el patrullaje de 18 bombarderos B-52 con capacidad nuclear en los casquetes polares del Ártico, con el fin de aumentar la presión y forzar a la URSS y a Vietnam del Norte para que acordaran términos favorables con EE.UU. y así poner fin de manera concluyente a la Guerra de Vietnam. Al no lograr su objetivo, la misión se canceló un mes después de su inicio.

Catorce años después, en 1983, un nuevo episodio se registró cuando el sistema de alerta de la Unión Soviética detectó lo que pensó erróneamente que eran cinco misiles balísticos intercontinentales estadounidenses dirigiéndose hacia el país. Los computadores anunciaron la fatídica noticia: sus enemigos estadounidenses habían iniciado una guerra nuclear. La crisis fue evitada por la valiente decisión del teniente coronel Stanislav Petrov, quien se encontraba en un búnker secreto al sur de Moscú y diagnosticó que era un error. Había salvado al mundo de un desastre.

Paralelos y diferencias

Las similitudes y diferencias entre la Crisis de los Misiles y el conflicto actual en Ucrania, señalan los analistas consultados entrevistados por La Tercera, son clave para entender el estado actual de la escalada nuclear como para dirimir posibles salidas. Pese a que las miradas sobre el real riesgo de un lanzamiento nuclear son disímiles, hay coincidencia en que lo ocurrido en Cuba, hace 60 años, continúa siendo el momento en que la humanidad estuvo más cerca de su fin.

Sin embargo, eso no quita que las amenazas de Putin deban ser minimizadas. Así lo cree Daryl G. Kimball, quien dijo estar “de acuerdo con la evaluación del Presidente Biden en cuanto a que probablemente nos enfrentamos al mayor riesgo de guerra nuclear entre Rusia y Estados Unidos durante un período sostenido desde octubre de 1962. Como dijo una vez Mark Twain: la historia no se repite, pero a veces rima”.

Según el director ejecutivo de la Asociación para el Control de Armas, la mayor similitud con lo ocurrido en los 60 es que la posibilidad de un enfrentamiento directo entre las potencias llevaría rápidamente a una crisis mundial. “Hasta ahora, Rusia ha tratado de evitar el enredo militar directo contra las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN. Y a medida que la guerra avanza, eso podría cambiar, por accidente o a propósito”, advirtió.

Lanzamiento de un misil balístico intercontinental Yars desde un aeródromo ruso, en enero pasado. Foto: AP

En la vereda contraria, William Alberque considera que la crisis en Cuba “no es en absoluto comparable” con la retórica actual de Putin. “La crisis de hoy se debe a que Rusia ha invadido a su vecino, y ahora está tratando de obligar a los ucranianos a sentarse a la mesa”, dijo el experto. Para él, la operación Lanza Gigante es más similar a la actualidad, pero con papeles inversos.

La mayor ventaja, coinciden ambos expertos, es la presencia de líneas directas entre Washington y Moscú. “En 1962 no había líneas directas presidenciales entre Estados Unidos y la URSS. No existían los Centros de Reducción de Riesgos Nucleares en Moscú y Washington. Y las partes no tenían décadas de experiencia hablando entre sí”, argumentó Alberque.

Ahí están las claves para evitar una crisis como la del 62, agregó Kimball. “Hay que mantener canales directos de comunicación entre los máximos dirigentes; ninguna de las partes debe hacer amenazas irreversibles de uso de armas nucleares o de represalias; y para alejarse del precipicio, cada parte debe encontrar una vía de escape hacia el consenso”.

Las consecuencias de un eventual uso, si el caso se diera, serían catastróficas tanto para el mundo como para la propia Rusia. Así lo cree Vyacheslav Kharchenko, experto ucraniano en armas nucleares, quien afirmó a La Tercera que “si Rusia utilizara armas nucleares contra Ucrania, un arma táctica, las consecuencias serán, en nuestra opinión, fatales para la propia Rusia”, puesto que “las armas tácticas se utilizan en territorios locales y pueden ser peligrosas para las propias tropas de Moscú”.

Y la capacidad nuclear de Moscú es una realidad, aseguró Kharchenko. “Rusia es un país nuclear que recibió todo el potencial nuclear de la antigua Unión Soviética y durante los últimos 20 años trató de reforzarlo, invirtiendo los fondos obtenidos de la venta de petróleo y gas”, recordó. Sin embargo, cree que es poco probable su utilización.

“¿Es posible un ataque nuclear a la OTAN y a Estados Unidos por parte de Rusia? Debo decir ‘sí, lo es’. ¿Cuál es la probabilidad? No muy grande, ya que raya en el acto suicida. Las armas nucleares fueron y deben ser, mientras existan, una herramienta para disuadir la agresión, no una agresión en sí misma”, concluyó.

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