El drama de morir en la frontera

Venezuelan migrants walk along the desert after crossing illegaly through the border between Bolivia and Chile in Colchane, Chile, on February 3, 2021. - The border crossing between the small town of Colchane, Chile, and the town of Pisiga, Bolivia, in an Andean area at more than 3,600 meters above sea level, became in recent months en route for foreigners , mostly Venezuelans, despite the harshness and extreme temperatures they must endure in that area. (Photo by IGNACIO MUNOZ / AFP)

Son cinco los casos de personas fallecidas este año entre Colchane y Huara, donde cuatro de estos son venezolanos. Las causas, en su mayoría, son por desvanecimientos en la ruta por ataques cardíacos, aunque también se indaga un atropello.




“¡Mi hermana, mi hermana, Daniela, ella, Daniela, mi hermana. Ayuda!”. Los policías de la subcomisaría de Colchane no entendían mucho qué es lo que quería decir este joven, identificado como J. A., de 14 años. El adolescente estaba visiblemente agitado y, tras tomarlo de los hombros y pedirle calma, los uniformados entendieron. Eran las 3 de la mañana del 23 de marzo.

El vehículo de Carabineros aceleró rápidamente, con J. A. y su madre a bordo, quien apenas hablaba -recuerdan los testigos-, hasta la zona indicada: localidad de Huara, en la pampa, a tan solo tres kilómetros de la unidad policial. En el camino ya sabían a lo que iban y lo que encontrarían: el cuerpo de Daniela García Arguello, de 32 años, oriunda de Venezuela.

La mujer había sufrido un paro cardiorrespiratorio cuando llegaban ya a territorio nacional, junto a su hermano J. A. y su madre mediante un paso ilegal en la frontera de Chile. Según los antecedentes recogidos por la policía, a partir del relato de sus familiares, Daniela, al comenzar el descenso a Huara, a unos 4.000 metros de altura, y con una temperatura de -10 grados, comenzó a sentir un fuerte dolor en el pecho. Pero el “burrero” que los traía no quiso parar, por lo que continuaron, a pesar de la alerta.

Con este crudo desenlace, Daniela se transformó en la quinta persona extranjera en fallecer en la frontera de Colchane, en territorio nacional. Estos decesos se dan en medio de una crisis migratoria, donde tanto el gobierno como las autoridades locales han puesto un especial foco de atención.

Con el cierre de fronteras por el Covid-19, desde marzo de 2020, el ingreso a Chile se ha vuelto cada vez más complejo para los extranjeros que entran vía terrestre. Aunque siempre ha habido pasos no habilitados para el ingreso ilegal, durante el último año esto se acentuó cada vez más.

Según cifras del Ministerio Público, durante el año pasado se registró un aumento de un 53% en los casos de delitos de tráfico de migrantes, en comparación con 2019. En tanto, antecedentes del Ministerio del Interior reportaron que desde enero a diciembre del año pasado se registraron ocho mil ingresos irregulares por la frontera de Arica y Parinacota y Tarapacá. Es por eso que para el Ejecutivo lo que pasa en la Macrozona Norte se ha vuelto prioritario.

“La migración no puede ser un proceso que signifique lamentar fallecimientos de personas y en eso hemos sido muy enfáticos. No queremos que las personas corran ese riesgo, donde la muerte es el peor desenlace. Además, también se exponen a duras estafas, donde son otros quienes lucran con sus deseos. Por lo mismo, iniciamos ya una campaña internacional para frenar estos ingresos ilegales. Nadie merece correr estos riesgos”, dice el subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli.

Las investigaciones

De los cinco fallecidos durante este año en la frontera de Colchane, cuatro son venezolanos y una de las víctimas es colombiana. Las causas de estos decesos son, en su mayoría, por desvanecimientos en medio de la carretera que los encamina hacia Chile, pero también figura un caso de atropello.

Se trata de Ana Sánchez Sánchez, quien a sus 65 años venía desde Venezuela, con un paso previo en Ecuador, a buscar un trabajo mejor para mantener a sus dos hijos que la esperaban en Cúcuta. “Hay una mujer en el paso, no sé nada más, hay una mujer muerta en el paso, no sé nada más, lo siento”, les dijo un hombre a los policías de la subcomisaría de Colchane, quien no quiso declarar oficialmente. Solo dio el aviso.

Los uniformados enfilaron hacia el lugar indicado, en Huara, y ese 16 de marzo constataron el fallecimiento de la mujer. Según declararon algunos testigos, un automóvil la había atropellado y dejado en la mitad de la noche, por lo que la Fiscalía Regional de Tarapacá, en conjunto con el OS-9 de Carabineros, abrieron una investigación para dar con el conductor, hasta ahora no identificado.

“Lo complejo acá es que en el último tiempo, y en la mayoría de los casos, no acostumbramos a tener cámaras en el lugar. Acá, en estas condiciones, es imposible tener ese registro, por lo que hay que recurrir a otras diligencias, para lograr reconstruir lo que ocurrió. Y en eso estamos”, explica el capitán del OS-9 de Tarapacá, Renato Cárdenas. El oficial agrega que “es complejo poder armar una red de la familia para tener más información sobre ellos y así lograr reconstruir sobre quiénes los acompañaban o quién los esperaba en Chile, porque eso se hace con las autoridades, en este caso de Venezuela, pero por razones políticas esos canales están cortados”.

Un día después del atropello de Ana Sánchez, otro caso conmocionó a la comunidad extranjera en Iquique. Domingo Vivas González (51) solo atinó a hacer caso al grito que escuchó: “¡Vienen los pacos, los pacos, los pacos!”. El hombre, también oriundo de Venezuela, aceleró el paso, y según testigos, no alcanzó a correr más de 300 metros cuando cayó desvanecido. Un ataque al corazón le frenó el impuso y a la 1:34 de la madrugada el Servicio Médico Legal (SML) certificó su muerte.

El fiscal que indaga estos casos, el persecutor Hardy Torres, indica que “muchas de las personas migrantes no esperan en Colchane algún tipo de movilización para trasladarse, sino que caminan por la orilla de la carrera hacia Huara. Era una situación que era latente, que se podía palpar que podía ocurrir y, lamentablemente, seguirá ocurriendo. Son caminos complejos, nocturnos, fríos de noche y calurosos al extremo en el día. Tampoco tienen luz artificial, ni nada de eso”.

Marcelo Lazcano, director del SML de Tarapacá, explica que cada 15 días se comunican con las instituciones que controlan el flujo de migrantes para poder cruzar información de conocidos, parientes o amigos de una víctima que acaba de fallecer. También lo hacen con consulados y embajadas. “Cuando estas personas no tienen a nadie que los espere, o que los reclame, se nos presenta un problema grande, porque hay que hacer pruebas de ADN para identificarlos”, dice Lazcano.

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