Xavier Philippe, experto en derecho constitucional comparado: “Algunos dicen que un proceso de transición toma una generación o veinte años”

Fotografía: CEP

El académico de derecho público de la Universidad París 1 Panthéon-Sorbonne analiza el escenario chileno para implementar la nueva Constitución en caso de que gane la opción Apruebo en el plebiscito de salida. "Los cambios deben ser visibles. Incluso si son lentos, las personas deben ser capaces de ver que en su vida diaria un nuevo espíritu ha reemplazado al anterior", dice este profesor que ha acompañado procesos en países como Sudáfrica, Túnez y Myanmar.




El académico francés Xavier Philippe se ha especializado en derecho constitucional comparado, especialmente en los asuntos vinculados a los procesos de redacción constitucional. El profesor de derecho público de la Universidad París 1 Panthéon-Sorbonne trabajó como experto técnico en el proceso de transición constitucional de Sudáfrica y además ha acompañado a otros países como Túnez y Myanmar.

”Los procesos más exitosos han sido aquellos en los que la transición se ha considerado como un proceso continuo y no solo como la adopción de una Constitución. Este no es solo el punto final, sino el comienzo de una nueva aventura”, dice Philippe, quien estuvo la semana pasada en Chile y expuso en un seminario del Centro de Estudios Públicos (CEP).

En conversación con La Tercera, el académico aborda las complejidades que podría tener el proceso de transición desde la Constitución vigente hacia la nueva Carta Magna propuesta por la Convención Constitucional en caso de que en septiembre gane el Apruebo.

¿Cómo evitar que todo el proceso se estanque en el Congreso?

La implementación de la Constitución requerirá un gran esfuerzo para establecer proyectos de ley y aprobar la legislación indispensable. Esto llevará tiempo. El mayor desafío será establecer una agenda de lo que queda por hacer, lo cual requerirá de grandes habilidades logísticas y técnicas que no están propiamente ligadas al conocimiento jurídico sino a la gestión pública. Se puede proponer un cuadro de logros, especialmente para los temas más importantes que aborda la Constitución. Se necesitará de una secuencia de leyes de implementación que debe publicarse desde el principio.

¿Cómo manejar las expectativas de la gente que espera cambios inmediatos?

La mejor manera de explicarle a la gente que la Constitución se implementará gradualmente descansa en el dicho: “Di lo que haces y haz lo que dices”. La gente no es tonta y sabe que la implementación de la Constitución llevará tiempo. Esta cuestión es más bien una cuestión comunicacional más que jurídica. Debe haber un esquema sobre el proceso de implementación en el que las personas puedan saber exactamente qué pasos se seguirán. Cada vez que se alcance una meta, se debe señalar claramente para identificar los avances logrados. Esta es la forma de mantener un vínculo permanente entre las personas y las instituciones políticas. Un programa de leyes marco, a veces muy simbólicas, debería adoptarse justo después de la aprobación de la Constitución dando la sensación de que el proceso no ha terminado sino que es solo el comienzo de una nueva era. Mantener vivo el espíritu de la Constitución a través de la legislación es un aspecto muy importante del éxito de una Constitución y la transformación que traerá consigo.

¿Qué factores han sido claves para que estos procesos de transición sean exitosos en otros países?

Esta es una pregunta difícil ya que la respuesta probablemente cambiará de un contexto a otro. Sin embargo, se pueden identificar algunas tendencias generales como por ejemplo el compromiso con la implementación de la Constitución por parte de los poderes Ejecutivo y Legislativo, la participación de la sociedad civil para promover la Constitución, el papel de la sociedad civil como guardián, una correcta promoción de las ideas contenidas en la Constitución, la apropiación del nuevo texto constitucional por parte de los individuos y la aceptación de las reglas del juego por parte del sector económico. Es claro que el factor principal está representado por lo que podría llamarse la voluntad de cambio. Debe ser una voluntad compartida y no sólo de la Convención Constitucional. Algunos dicen que un proceso de transición toma una generación o 20 años. Una Constitución no es solo un momento sino principalmente un proceso, un proceso que no termina con la adopción de la Constitución.

¿Qué sugerencias le haría a Chile para llevar a cabo este proceso de transición?

No daría ningún consejo, sino más bien compartiría un par de pensamientos provenientes de mis experiencias. Los procesos de transición son siempre un momento incómodo donde la esperanza y la desesperación se pueden sentir al mismo tiempo. La Convención Constitucional de Chile trabajó muy duro para crear un nuevo texto constitucional que traerá más igualdad de género, promoverá la protección del medio ambiente, compartirá los poderes entre el Estado central y las entidades subnacionales. En cierto sentido, este texto promueve una nueva visión global sobre cómo el ser humano debe mirar su futuro. Otro aspecto importante implica la necesidad de realizar reformas de manera regular y constante sin romper el ritmo de los compromisos adquiridos.

Por lo tanto el asunto ahora será responsabilidad de la política.

Este es un punto importante ya que el problema no es legal sino político. Si el gobierno y el Parlamento no cumplen con la parte del contrato que han aceptado, pueden surgir problemas y la gente puede volver a las manifestaciones en las calles. Entonces, las autoridades deben cumplir lo que prometieron. Por último, los cambios deben ser visibles. Incluso si son lentos, las personas deben ser capaces de ver que en su vida diaria un nuevo espíritu ha reemplazado al anterior. Los procesos más exitosos han sido aquellos en los que la transición se ha considerado como un proceso continuo y no solo como la adopción de una Constitución. Este no es solo el punto final, sino el comienzo de una nueva aventura. El constitucionalismo comparado no proporciona una receta milagrosa, pero da una idea de las múltiples soluciones posibles. Estoy seguro que Chile encontrará sus propias soluciones.

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