Carlos Williamson, rector de la Universidad San Sebastián: “Hay un cambio profundo de paradigma en la enseñanza”

El rector de la Universidad San Sebastián, Carlos Williamson. Foto: Felipe Figueroa.

La autoridad universitaria dice que la pandemia produjo una disrupción radical, la más fuerte y potente que ha sufrido el sistema educativo universitario chileno a lo menos en los últimos 50 años. “La educación a distancia entró de lleno a la sala de clases y se va a quedar ahí”, sostiene, a la vez que hace un llamado a “nivelar la cancha” del financiamiento institucional. “La calidad no depende del año de la fundación de una universidad, sino de los bienes públicos que produce”, afirma.




El 2020 fue el tercer año que Carlos Williamson Benaprés ejerce como rector de la Universidad San Sebastián (USS). Un año marcado por la pandemia y la educación a distancia, que puso a prueba las capacidades de este economista, académico e investigador ligado desde siempre a la Pontificia Universidad Católica, donde es profesor titular e incluso fue su Prorrector entre 2005 y 2009.

Ahora, desde la vereda de una institución privada -fundada en 1989 en Concepción-, hoy acreditada por cinco años, con fuerte vocación regionalista, analiza el sistema universitario chileno, las complejidades y beneficios de formar jóvenes de manera remota, el cambio de paradigma que -a su juicio- está experimentando la enseñanza y critica las discriminaciones que sufren sus alumnos producto de un sistema fiscal de financiamiento universitario inequitativo.

“Nuestros alumnos pertenecen a los segmentos medios y medios bajos; el 60% de ellos son primera generación en la universidad. Esta es una universidad del Chile real, una poderosa palanca de movilidad social; no somos una universidad de la elite económica; la misión que nos anima es elevar la formación intelectual y humana de la juventud chilena con menos oportunidades”, afirma.

¿Cómo ha afectado la pandemia a la educación universitaria?

Creo que se produjo una disrupción radical, la más fuerte y potente que ha sufrido el sistema educativo universitario chileno a lo menos en los últimos 50 años. Se puso a prueba el sistema universitario, y respondió adecuadamente. La educación a distancia, que entró de lleno a la sala de clases, se va a quedar ahí, y puede ser muy virtuosa como método de enseñanza y complemento a lo presencial.

¿Qué consecuencias tuvo la USS?

Terminamos un año terrible, razonablemente bien, porque teníamos las capacidades tecnológicas, profesores que respondieron bien al desafío y al frente a jóvenes estudiantes nativos digitales, que se dieron cuenta que tenían una tecnología que manejaban muy bien, los cautivó y se adaptaron. Tuvimos la capacidad de gestionar adecuadamente una crisis profunda y muy severa.

¿Los estudiantes van a salir menos preparados por haberse formado de manera remota en 2020?

No lo creo. Habrá sí un efecto que se va a dimensionar mejor este año, con nivelación y reforzamiento de materias que no se pudieron cubrir y, desde luego, las actividades prácticas presenciales que son irremplazables. Un punto débil fue la certeza de la evaluación del aprendizaje; es complejo hacerlo a distancia porque -a mi juicio- debe ser presencial.

¿Cree que el modo de enseñanza sufra un replanteamiento a futuro?

Hay un cambio profundo de paradigma en la enseñanza, y avizoro una renovación. Primero, porque creo que el método tradicional del profesor que se planta y hace un discurso frente a los estudiantes, debe renovarse, porque en muchas profesiones tradicionales quedó obsoleto. Lo que se va a producir es un aula híbrida, que incorpora la tecnología activamente. Por ejemplo, el docente graba en un video sobre lo que va a ser su clase siguiente, el estudiante lo recibe, lo ve y se prepara. Y la clase siguiente se pasa a la resolución del problema planteado o al análisis de la materia teórica. El resultado es una clase mucho más interactiva, mucho más de autoaprendizaje, donde el alumno es protagonista de la enseñanza que recibe. Hoy, los jóvenes se aburren por la forma en que se les enseña, se distraen con sus celulares o Ipad y asisten poco. Hay que cautivar a estos estudiantes nativos digitales.

¿Y los contenidos tienen que ser revisados?

El mundo académico está bajo amenaza, o modernizarse o morir. Además del cambio en el envase, que es la forma en que se enseña, se tienen que revisar los contenidos. Cuando miro las mallas de las carreras universitarias de todas las universidades chilenas veo que están atiborrados de materias absolutamente intrascendentes para el mundo de hoy.

¿Qué tipo de profesionales requiere el país esta década?

Más integral e íntegro. Tienen que tener una mirada sobre el bien común, de lo público, de la necesidad de que nos pongamos a tono en un país excesivamente individualista y egoísta. Debe poseer una cultura más amplia y refinada, una visión humanista del mundo; con espíritu crítico, que también sea desafiante, pero respetuoso; bien formado en valores y en ética, capaz de apreciar lo bello y sencillo de la vida. Ojalá tuviésemos verdaderos líderes con la capacidad de conducir y orientar en sus respectivas áreas, que se destaquen en las organizaciones, con sentido de equipo. Esta es la educación a la que debemos aspirar.

¿Existe una cancha pareja para el desarrollo de las universidades en Chile, sean estatales, privadas tradicionales o privadas?

Categóricamente no. Lamentablemente como país estamos caminando en la dirección equivocada. El 85% de los estudiantes de educación superior están siendo formados en instituciones no estatales. Los recursos públicos se distribuyen hoy por razones históricas o de otra índole, y no por razones de calidad, equidad o pertinencia social. Las universidades del Consejo de Rectores reciben por cada alumno que pertenece a ellas un aporte basal institucional que equivale aproximadamente a un millón y medio más respecto a un alumno que ingresa a universidades privadas. No se trata de repartir pobreza, sino de igualar condiciones. Hay discriminación hacia nuestros alumnos. Además, los fondos concursables por desempeño no debieran estar solo restringidos a las instituciones tradicionales, sino que estar abiertos a todas las universidades acreditadas, lo que hoy no ocurre. La calidad no depende del año de la fundación de una universidad, sino de los bienes públicos que produce.

Aparte de la gestión de la pandemia, ¿cuáles fueron los hitos de la USS en 2020?

Destaco a lo menos ocho hitos significativos. Primero, nos integramos con la Fundación Ciencia y Vida que dirige Pablo Valenzuela, que se ha dedicado a desarrollar investigación y doctorados en biomedicina, bioinformática y bionegocios tecnológicos. Que esto se haya producido en este período nos da mucha mayor vitalidad y de alguna forma optimismo y esperanza de que nuestro desarrollo académico no se detiene y que vamos a seguir creciendo como universidad en este proyecto que apunta a tener investigación pertinente a la realidad chilena y de calidad en todas las áreas.

Segundo, mantuvimos la continuidad del desarrollo de la infraestructura. Tenemos muy buena infraestructura, especialmente en regiones, que es donde hemos seguido construyendo. Recientemente, inauguramos un nuevo edificio en la sede de Patagonia, en Puerto Montt, que tiene salas de clases con tecnología adecuada los tiempos actuales y un hospital de simulación muy moderno.

Tercero, en los últimos meses del año pasado logramos firmar una alianza como campus clínico con el Hospital Félix Bulnes, de alta complejidad, que nos va a permitir desarrollar todas las actividades prácticas de las 12 carreras que impartimos del área de la salud, donde tenemos una participación muy importante dentro del sistema universitario chileno.

Cuarto, tomamos el control de la Universidad Gabriel Mistral, que es la primera universidad privada creada en 1981. En su momento, fue el plantel de mayor prestigio y, por diversos motivos se fue diluyendo su renombre. Estuvo muy próxima al cierre, con todo lo traumático que ello significaba para sus estudiantes y familias, lo que nos decidió a tomar este desafío de darle continuidad y apoyo en su funcionamiento con orientaciones en la gestión y en el plano académico.

Quinto, ganamos la licitación de textos escolares de Lenguaje y Comunicación para Tercero, Cuarto y Quinto básicos. Es un hecho inédito, porque estos textos tradicionalmente habían sido desarrollados por las grandes editoriales que todos conocen. Por primera vez una universidad (la nuestra) asume este rol de trascendencia para el país, con una innovación que hicimos en la versatilidad de los contenidos, que son muy actuales, acompañados de imágenes de mucha calidad, ilustrativas y pedagógicas, que harán que los niños se entusiasmen por aprender. También estamos participando en la elaboración de instrumentos de evaluación para la progresión en el sistema de Desarrollo Profesional Docente y la elaboración de preguntas de selección múltiple para las pruebas de evaluación diagnóstica nacional y para las nuevas pruebas de selección universitaria.

Sexto, creemos que es necesario apoyar las pedagogías, porque se ha venido produciendo un menor ingreso de estudiantes para formarse como profesores a nivel país. En 2012, se matriculaban 30 mil jóvenes en las distintas pedagogías, hoy en día solo lo hacen 18 mil. Esta tendencia es bastante difícil de revertir, pero hay que innovar. Por eso, es destacable el hecho de que logramos ganar el proyecto de HiperAula, que supone pensar en el futuro, integrando la tecnología, el uso de Internet y la interactividad en la formación de los futuros profesores. Es decir, estamos a la vanguardia en el país para ir generando las condiciones de lo que debería ser el futuro modelo de enseñanza/aprendizaje escolar para Chile.

Séptimo, adaptamos tres laboratorios de investigación (uno en Puerto Montt y dos en Santiago) para el análisis de PCR de la cepa coronavirus. Ha sido una experiencia única que nos enorgullece, sobre todo por los equipos humanos comprometidos que analizan muestras las 24 horas del día, todos los días de la semana. Ha sido una gesta que demuestra el rol social y compromiso público de la universidad.

Octavo, estamos trabajando con la Universidad Católica en las pruebas de la vacuna CoronaVac del laboratorio Sinovac en el Hospital Félix Bunes, vacunando al personal médico y haciendo los seguimientos correspondientes. Esta vacuna será la más masiva que se use en Chile, de allí la importancia de este proceso de estudio.

¿Cuáles son los desafíos de la USS para este año?

Nosotros como universidad ocupamos un lugar de vanguardia con fuerte presencia regional en Chile, un país que es súper centralista, donde se habla de descentralización sin que se haga nada. Y no hay desarrollo regional sin la presencia de universidades fuertes en los territorios. Por eso, queremos fortalecer el rol social que tiene la universidad que está en Concepción, Valdivia y Puerto Montt, además de Santiago. Tenemos una presencia con proyectos colaborativos de impacto regional, con mucha cercanía con el mundo público a nivel local y regional. También estamos potenciando el ámbito de las humanidades con un núcleo de académicos muy prestigioso en historia, filosofía y en educación. Esta es una universidad donde el 60% de los alumnos están en el área de la salud, como medicina, obstetricia, enfermería, kinesiología, odontología, etc. y que cuando egresan atienden mayoritariamente en el sector público. Por lo tanto, estamos hablando de una universidad que quiere fortalecer su proyecto educativo, con una identidad muy clara y precisa: nuestra razón de ser es formar en valores a los buenos ciudadanos para el Chile del futuro.

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