Recambio generacional en la minería: tres historias de trabajadores que impulsan la industria
La vinculación de Omar Sánchez, Catalina Soto y Selena Veas con la minería surgió de distintas maneras: desde un oficio heredado por generaciones hasta una vocación descubierta en el desierto y un camino que recién comienza para una joven de 20 años.

Hay personas que crecieron viendo a sus padres y abuelos ligados a la minería, otros escucharon desde niños historias sobre el desierto y sus minerales. Y también están quienes están abriendo un camino completamente nuevo para sus familias.
En cada uno de estos casos existen historias dignas de contar, cada uno en distintas etapas de su vida, que comparten un mismo vínculo con esta importante actividad.
Uno de ellos es Omar Sánchez, jefe de turno de mantención y operaciones de Anglo American -empresa adherente de Compromiso Minero- y cuya historia comenzó prácticamente desde niño. Hoy, a sus 59 años, lleva 40 trabajando en la compañía, pero su vínculo con la minería viene de antes. Su abuelo trabajó 42 años en la mina El Soldado, en la región de Valparaíso, sus tíos también fueron mineros y su padre transportaba trabajadores hacia la faena.

Con el tiempo, él mismo construyó su propia trayectoria, pasando por operaciones, mantención y distintas funciones hasta llegar a su actual rol. Tuvo oportunidades para partir, pero optó por quedarse. “Hoy puedo decir que soy profeta en mi propia tierra”, señala.
La minería, dice, le permitió formar una familia, educar a sus tres hijos y desarrollarse profesionalmente. Por eso, cuando habla de lo que significa pertenecer a esta industria, lo resume como “un profundo orgullo y una enorme responsabilidad histórica”.
De Antofagasta a El Salvador

Ese vínculo con el territorio también está en la historia de Catalina Soto, jefa de Control Metalúrgico de la División Salvador de Codelco. Creció en Antofagasta escuchando a su padre hablar de las riquezas minerales que se esconden bajo el desierto. Esos relatos fueron parte de su acercamiento a una actividad en la que hoy lleva cinco años.
Desde que ingresó ha podido conocer distintas etapas de la cadena productiva, desde la planificación hasta la operación. Llegó a Salvador buscando aprender de la puesta en marcha de un proyecto y se encontró, según relata, con “un área llena de oportunidades”. Una experiencia que también le ha enseñado que el aporte a la minería no es sólo técnico, sino que pasa por acompañar a las personas, incorporar nuevas miradas y mantener la capacidad de cambiar para seguir avanzando.
Esa trayectoria tuvo recientemente un nuevo reconocimiento. Catalina fue escogida entre las 100 Mujeres Inspiradoras de la Minería Chilena 2026, distinción entregada por Women in Mining Chile a mujeres destacadas por su trayectoria, liderazgo e impacto en la industria. Para ella, el reconocimiento permite visibilizar un trabajo que muchas veces ocurre lejos de los focos y, al mismo tiempo, abrir camino para otras mujeres que buscan desarrollarse en el sector.
Precisamente abrir camino es lo que está comenzando a hacer Selena Veas, aunque su historia recién empieza. Tiene 20 años, nació en Antofagasta, es hija de un pescador y lleva poco más de un año trabajando como técnica en mantenimiento mecánico. Estudió mecánica y luego se especializó en equipos pesados, sin tener antecedentes familiares en la minería.

Una beca vinculada a Minera Centinela de Antofagasta Minerals, también adherente de Compromiso Minero, y posteriormente su práctica profesional le permitieron ingresar a la industria. Cuando se abrieron cupos para mujeres, quedó seleccionada y se convirtió en la primera mujer mecánica en años en su área. “Fui la primera hija en la minería”, recuerda.
Al principio tenía dudas sobre cómo sería integrarse a un equipo compuesto mayoritariamente por hombres. Hoy habla de sus compañeros como una segunda familia y observa con satisfacción cómo más mujeres comienzan a incorporarse. Incluso su experiencia ya tuvo un efecto dentro de su propia casa porque una de sus hermanas comenzó a interesarse en la minería y actualmente realiza su práctica en el mismo entorno laboral.
Tres experiencias que muestran cómo el orgullo de ser minero se vive de distintas maneras, pero se sigue pasando de una generación a otra.
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