Review | Metroid Dread, un excelente retorno que no decepciona

Samus Aran está de regreso en una nueva entrega que es familiar en su despliegue, pero que agrega varias cosas interesantes a su cosecha para concretar uno de los mejores videojuegos de Nintendo Switch.


Como uno de mis juegos favoritos de la vida es Super Metroid, entenderán que mi nivel de expectativas para lo que podría resultar de Metroid Dread era muy, muy elevado. No solo por las posibilidades de volver al terreno 2D, tras todos los experimentos en 3D que tuvo la saga durante las últimas décadas, sino que también por las propias condiciones de acceder a una secuela directa de una historia que había quedado en compás de espera desde el Metroid Fusion de Game Boy Advance.

A la hora de cumplir las expectativas, esta nueva entrega es una sólida secuela que nunca pierde la línea para instalarse como una fiel heredera de aquella obra maestra que al día de hoy sigue siendo una delicia de revisitar de forma oficial - a través de Nintendo Switch Online - o no oficial, cortesía de los emuladores.

A la vez, Metroid Dread también es una continuadora que no tiene problemas a la hora de pulir mecánicas y aportar de su propia cosecha a la rica saga de Samus Aran. Y el éxito de esa jugada justifica absolutamente lo que termina generando este nuevo videojuego.

En ese escenario, su principal añadido tiene relación con un giro que agrega un extra a las mecánicas a las que estábamos habituados: un puñado de máquinas de inteligencia artificial resguardan zonas específicas del mapa y encontrarnos con ella, más allá de la opción de lograr escapar en el último segundo de su asfixiante acecho, generalmente solo significa un “game over”. De ahí viene el terror (dread) que remarca el título oficial y que está presente en esta propuesta de principio a fin.

Como es tradición, al comienzo de Metroid Dread no estamos equipados para hacerles frente a estas máquinas, por lo que la atmósfera del videojuego nos traslada a una sensación constante de incertidumbre. Aquello también se refuerza porque Metroid Dread hace cosas inesperadas, como el hecho de que la clásica habilidad de convertirse en bola (morph ball) no sea ni el primer, ni el segundo ni el tercer extra al que podemos acceder en nuestro equipamiento.

De ese modo, una continúa sensación de familiaridad trastocada marca a esta nueva aventura recargada de suspenso, acción y amplias posibilidades de perder toda brújula mientras entramos de lleno a la tarea que no es encomendada: llegar a la superficie. Claro que la tarea no será fácil ante las amenazas robóticas y los seres monstruosos que viven en el planeta.

Un detalle clave de todo ese tejemaneje tiene relación con el hecho de que, como sabemos que cruzarnos en el camino de estas nuevas máquinas representa un peligro, el videojuego está diseñado audiovisualmente para elevar cada uno de esos encuentros. No solo las zonas están iluminadas de una forma particular, sino que también las plataformas están construidas para reforzar la sensación de agobio y en el camino comienzan a agregar la resolución de puzzles como la única vía de escape.

De ahí que la propuesta de este videojuego se nutre tanto de lo cuidadosos que debemos ser en nuestro avance, como de lo frenético que se vuelve cada escape en búsqueda de una salida a una zona relativamente segura. Es ahí en donde Metroid Dread logra crear una nueva capa para esta saga.

Lo mejor de todo eso es que la propuesta de Metroid Dread no pierde el foco, agrega ese tipo de condimentos nuevos a la receta y sigue adelante con la excepcional tarea de exploración que nos abre un gran abanico de posibilidades, y armamentos, a medida que nos vamos adentrando en el remoto planeta ZDR. En un momento inicial obtenemos la capacidad de acceder a una capa de invisibilidad, pero también con el paso del juego obtenemos los misiles y las habilidades que no pueden faltar.

La búsqueda de caminos, rutas y evadir los constantes peligros en esta cruzada sigue siendo fundamental para el éxito y la recompensa de ir mejorando a Samus Aran se convierte en un a curva ascendente de aprendizaje, satisfacción y también del propio desafío que vamos teniendo con los enemigos más grandes que inevitablemente también son parte de esta mezcla.

A aquello se suma el hecho de que parte del encanto de Metroid siempre ha estado en la mitología, lo que en esta ocasión potencia más que nunca a la intriga de explorar a un planeta infestado de alimañas, piratas espaciales, organismos parasitarios y estas nuevas máquinas que solo nos quieren destruir. Y en el medio de todo eso, se va armando una historia sobre el pasado de la saga de Metroid, el parásito X y la propia condición de Samus.

El resultado de la unión de todos esos elementos agrega varios aspectos novedosos a la jugabilidad tradicional, en donde tenemos que volver a zonas en más de una ocasión en nuestra tarea de avanzar, resolver y disparar. Los niveles están plagados de secretos, están esas mejoras llamativas en el arsenal, pero también se vuelven a tocar varias teclas de los grandes éxitos que conforman a Metroid.

De ese modo se gesta el telón de esa mencionada familiaridad, no solo de lo que es una entrega de esta saga, sino también lo que significa un subgénero que fue bautizado, en parte, en honor a esta saga.

Todo eso termina conformando a este sólido videojuego, absolutamente satisfactorio para los fans y que, pese a su dificultad por sobre la media, también es acogedor para nuevos jugadores en busca de un buen desafío. Y son ese tipo de cosas las que definitivamente generen que este título esté entre lo mejor que se ha conseguido en el ámbito de la Nintendo Switch.

Larga vida a Samus, larga vida a Metroid.

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