La increíble historia de un abuelo, su nieto y un Renault 12

Un joven de General Pico le quiso cumplir el sueño a su abuelo y le regaló a los 76 años su primer auto. La marca del rombo se enteró, le apoyó con la restauración y el regaló servicio de mantención de por vida.




Una historia conmovedora se dio a conocer en Argentina. Una historia que muestra el amor familiar de un nieto con su abuelo y todo reflejado en un Renault 12.

Sí, como leen. No se trata de un auto último modelo o del súper deportivo más radical. Es la consumación de un sueño que tardó años en cumplirse y que caló tan hondo al otro lado de Los Andes que llegó a conmover hasta al máximo ejecutivo de la firma del rombo.

Los protagonistas de esta historia son Alberto López y Gonzalo Gorosito López. Abuelo y nieto respectivamente. Ambos viven en General Pico, una ciudad del interior de Argentina enclavada en la provincia de La Pampa, a unos 590 kilómetros de Buenos Aires.

Según relata el sitio Infobae, “Alberto López fue mozo hasta 2011, cuando cumplió 65 años y se jubiló. Trabajaba en el café Roma y los fines de semana atendía también en los bailes del Club Atlético Ferro Carril Oeste de General Pico. Gonzalo Gorosito es empleado en la Municipalidad de General Pico, pero además es disc jockey los fines de semana. Tiene 33 años, y cuatro hermanos, uno de ellos es gemelo suyo, Elian. Todos ellos son nietos de Alberto por parte de su madre”.

La relación entre Alberto y Gonzalo es muy especial, ya que los padres de Gonzalo fallecieron hace unos años. Además, en octubre de 2021, María Rosa, la esposa de Alberto y abuela de Gonzalo también murió.

“Desde entonces, el abuelo cayó en una tristeza muy profunda. Si antes, él y mi abuela no salían mucho porque no querían andar molestando para que los busquemos o los llevemos a la casa de alguno de nosotros o de mis tíos, al quedarse solo, ese aislamiento fue mayor aún”, comentó Gonzalo en el sitio de noticias transandino.

Al ver la tristeza que embargaba a su abuelo, Gonzalo comenzó a buscar una salida a la amargura, cómo hacerle una finta a la tristeza y devolverle la sonrisa a su querido abuelo.

La única solución que veía posible era hacerle un regalo. Pero no uno cualquiera, acá no servía una bandeja de chocolates o un viaje al Caribe. Gonzalo sabía que su abuelo siempre había soñado con un Renault 12, pero nunca pudo comprarlo por temas económicos y por privilegiar la familia.

“En las charlas familiares siempre hablábamos de fierros, nosotros con mi hermano de los más modernos y mi abuelo del R12. Tiene un fanatismo por ese auto, por su mecánica sencilla, su confiabilidad y porque es irrompible, como dice él. Repetía que quería tener uno y que nunca pudo lograrlo. Por eso yo me propuse cumplirle el sueño a él que tanto hizo por nosotros. Estuve tres años para convencer a un amigo que tenía uno ideal. Le comí la cabeza. No quería que se me escapara porque estaba impecable. Hasta que me llamó, justo a fin de año, tras la muerte de mi abuela, parece que llegaba justo”, contó Gonzalo en el diario Clarín.

“Cada vez que me lo cruzaba yo le decía que, si algún día se decidía a venderlo, me avisara primero, que yo iba a tratar de comprarlo. ‘No, este auto es para mí como tu moto para vos. No lo pienso vender’, me respondía”, le dijo Gonzalo a Infobae.

Tenía razón el hombre. Esa moto Yamaha a la que hacía mención era muy especial para Gonzalo, de hecho, demoró largo tiempo en poder comprarla y para él era tan importante como un domingo de fútbol en Argentina.

Sin embargo, un día esa moto le permitiría acercar el sueño de su abuelo. Tal como relata el mismo Gonzalo Gorosito, “el 10 de diciembre, el dueño del auto me encuentra y me dice que iba a venderlo, y que como siempre le dije que me avisara primero, me daba la prioridad. Ahí mismo le pedí que me diera unos días, que iba a ver como hacía. Me dio todo diciembre de plazo. En esos meses, justo con el fin de las restricciones de eventos multitudinarios que habían impuesto por el Covid, yo había empezado a tener mucho trabajo con fiestas todos los días de cada fin de semana, entonces vi que podía reforzar un poco mis ahorros. Junté lo que tenía, lo que gané, y vendí la moto. No lo dudé ni un minuto. Era lo que el abuelo había soñado y ahora lo podía concretar. Necesitaba esa alegría. Me faltaban 30.000 pesos, le pregunté a mi hermano gemelo si me los podía prestar, y me los dio. ‘Si es para el abuelo, no me los devuelvas, vos conseguiste el resto, esa es mi contribución’, me dijo. Así que en 15 días fui y compré el auto. Me lo entregó el lunes 27 de diciembre”.

El vehículo era un Renault 12 TS de 1993. Tenía algunos detalles por el paso del tiempo, pero era la fantasía de su abuelo Alberto. Y había que hacer una entrega digna para tal momento.

“Como queríamos hacer un festejo de fin de año todos juntos, que le levantara el ánimo al abuelo, alquilamos una quinta fin de año. Ese era el momento perfecto. La tarde del 31 de diciembre, casi cuando ya era de noche, llevé el auto hasta la esquina de la quinta y lo estacioné ahí, para que nadie lo viera. Y a las 12, después de brindar por año nuevo lo fui a buscar y lo traje con las luces apagadas hasta la puerta de entrada. Mis sobrinas se aseguraron que el abuelo no viera nada y paré el auto ahí, en la puerta. Le dijeron que teníamos una sorpresa y lo llevaron para el portón. Y cuando llegó, prendí las luces, lo puse en marcha y lo entré. ‘¿En serio esto es para mí?’, no lo podía creer. Le brillaban los ojos. En ese momento me di cuenta que esta era una alegría mucho mayor para él, de lo que yo mismo imaginaba”, recuerda Gonzalo.

“Para mí fue una sorpresa inmensa que jamás imaginé. Cuando mi nieto me dijo ya vengo, vino con el auto y me dio la llave, yo no sabía qué hacer. No me dio un infarto de casualidad. Al otro día me levanté, salí a la puerta y vi que estaba ahí. No lo podía creer. Cuando me dí cuenta que no era un sueño, lo empecé a disfrutar. Estoy con una alegría inmensa desde que empezó el año”, dijo Alberto en Clarín.

La noticia se divulgó rápidamente en el pueblo y varios se acercaron a ver el Renault 12. Fue tanto el revuelo, que incluso apareció en diversos medios argentinos, se viralizó en redes sociales. Hasta un reportaje en la televisión le hicieron. Y así la historia familiar de un lugar escondido en La Pampa llegó a oídos de Pablo Sibilla, el presidente y director general de Renault Argentina.

“Me llamó nuestro director de marketing, Marcelo De Carlo, y me dijo ‘¿Viste esta historia? Se nos ocurrió una idea de lo que podríamos hacer’, e inmediatamente nos pusimos a intercambiar mensajes de Whatsapp, y en conjunto entre el equipo de comunicaciones y comercial, fuimos construyendo esta propuesta que representa todo lo que significa el cliente para Renault”, comentó Sibilla

“Nosotros habitualmente decimos que la mitad de las familias argentinas han tenido un Renault alguna vez en su vida. De hecho, en mi caso personal, pasó también. Cuando cumplí 18 años, mi mamá, que tenía un Renault 4, me regaló un Renault 6 y ese fue mi primer auto. Y el Renault 12 era el sedán de la clase media por excelencia y tenía una versión break, lo que lo hacía un auto muy familiar. Representaba lo que la gente trabajadora, que se esforzaba para llegar a su auto, podía alcanzar. Entonces esta historia no la podíamos dejar pasar. A los 76 años, Alberto podía concretar ese sueño gracias al esfuerzo de su nieto”, indicó en Infobae el máximo ejecutivo de Renault Argentina.

Entonces la marca tomó una decisión. Se sumarían al esfuerzo del nieto y apoyarían ese amor incondicional aportando con la restauración completa del vehículo para dejarlo en su estado original. Además, regalarían de por vida el servicio de mantención.

El trabajo de restauración se hizo con un equipo de 15 personas del concesionario Manera Pérez de La Pampa.

Lo primero fue una revisión completa del vehículo y luego se reemplazaron amortiguadores dañados, se cambió el escape completo, se reparó el cable de freno de mano, se reparó la caja, se reacondicionó la varilla selectora de cambios, se reemplazó el parachoques delantero, se realizó un servicio completo de bujías, se cambiaron las rótulas superiores e inferiores, bujes y bieletas de la barra estabilizadora, se reemplazaron los tacos de la caja, se reparó el motor de arranque, las luces traseras fueron reparadas y reacondicionadas, se cambiaron los bolilleros de las ruedas delanteras y los extremos de la dirección fueron reemplazados.

“Nos impactó tanto, nos llegó tan profundamente la historia de Gonzalo y Alberto, porque más allá de su relación de nieto y abuelo que es un lazo tan especial para las personas, implicó que Gonzalo se desprendiera de un bien propio, tan querido como su moto, para hacerle el regalo a su abuelo. Así que el día que tuvimos la reunión virtual con los dos para contarles nuestra idea, conocerlos y escucharlos un poco, decidimos darle algo también a Gonzalo, así que le regalamos una bicicleta Venzo, que es una marca de Córdoba con la que estamos trabajando para hacer una línea de bicicletas Renault. No lo queríamos ‘dejar a pata’, para hablar en lenguaje bien nuestro”, dijo Sibilla.

¿Y el abuelo Alberto? Según relata su nieto, la vida le volvió a dar un motivo para levantarse. “Si antes nos costaba sacarlo al abuelo de su casa, ahora nos cuesta encontrarlo. Desde que tiene el auto, se la pasa yendo para todos lados, se ofrece a ir a hacer los mandados a toda la familia. Le cambió la vida, y me emociona mucho verlo tan contento”.

“Todos los días le controlo el agua y el aceite, le paso una franela, lo limpio. Estoy como un chico con su juguete nuevo. Lo pienso disfrutar de por vida”, señaló el abuelo Alberto, el protagonista de una historia emotiva donde un auto clásico, con años encima, permitió darle un nuevo sentido a su vida.

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