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Alan McPherson: “América Latina tiene razón en estar preocupada por Trump”

El historiador de la Universidad de Temple y experto en las intervenciones estadounidenses en América Latina dice ser “pesimista sobre las perspectivas a largo plazo para los venezolanos”.

El presidente Donald Trump ofrece un discurso sobre la economía en el Mount Airy Casino Resort en Mount Pocono, Pennsylvania, el 9 de diciembre de 2025. Foto: Casa Blanca/Molly Riley Molly Riley

Experto en las relaciones de Washington con América Latina y en las intervenciones estadounidenses en la región, el historiador norteamericano Alan McPherson se muestra pesimista sobre el futuro de este rincón del planeta. Especialmente, luego de la operación del 3 de enero ordenada por Donald Trump contra Venezuela, que terminó con la captura del Presidente Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para enfrentar la justicia federal por cargos de narcoterrorismo.

“Soy pesimista sobre las perspectivas a largo plazo para los venezolanos, en parte porque las intervenciones militares estadounidenses no han tendido a generar democracia”, comenta McPherson a La Tercera.

Y la preocupación del director del Centro para el Estudio de la Fuerza y la Diplomacia en la Universidad de Temple (Filadelfia) no se limita a Venezuela. “Puedo imaginar fácilmente que México pronto verá incursiones militares estadounidenses en sus aguas territoriales o en su territorio”, anticipa. “La región tiene razón en estar preocupada”, advierte.

El presidente Donald Trump asiste a un partido de fútbol americano entre el Ejército y la Marina en el estadio M&T Bank, en Baltimore, Maryland, el 13 de diciembre de 2025. Foto: Casa Blanca/Daniel Torok Daniel Torok

Si bien el ataque de EE.UU. a Venezuela es apenas el último capítulo de una larga historia de intervenciones de Washington en América Latina, usted dijo que esta operación militar tuvo elementos “inusitados”. ¿Por qué?

Este ataque a Venezuela es inusual por varias razones. En primer lugar, es la primera vez que Estados Unidos invade o bombardea un país sudamericano. En su larga historia de intervenciones militares en el hemisferio, sin duda ha respaldado a dictadores sudamericanos, pero no ha desembarcado tropas al sur de Panamá (Chile, de hecho, experimentó pequeñas excepciones a esta regla en 1891). Washington consideraba que Sudamérica era demasiado lejana y extensa para invadirla u ocuparla. Al parecer, ya no. En segundo lugar, este secuestro de un jefe de Estado no se corresponde con el respeto imperante por la soberanía nacional en Latinoamérica, que ha sido -de nuevo, aparentemente- la norma inviolable desde el fin de la Guerra Fría.

Usted también ha señalado que “las intervenciones estadounidenses casi siempre generan problemas de sucesión a largo plazo”. En ese sentido, ¿es pesimista de lo que pueda ocurrir en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro?

Soy pesimista sobre las perspectivas a largo plazo para los venezolanos, en parte porque las intervenciones militares estadounidenses no han tendido a generar democracia. Sí, hay algunos casos, como Panamá en 1989 o Granada en 1983, en los que países pequeños aprovecharon el derrocamiento de un autócrata corrupto y reiniciaron un proceso de gobierno democrático. En esos casos, las élites locales posteriores a la invasión acordaron que las elecciones les beneficiarían, por lo que las aceptaron incluso si perdían. Pero en la mayoría de las intervenciones estadounidenses, especialmente las docenas que tuvieron lugar en Centroamérica y el Caribe a principios del siglo XX, el ejército estadounidense tendió a facilitar el proceso de centralización de la fuerza mediante la construcción de carreteras, sistemas telegráficos y fuerzas policiales nacionales. A menudo predicaban que los militares latinoamericanos debían seguir a los líderes civiles, pero la tentación de gobernar por la fuerza con esta nueva maquinaria de dictadura era demasiado fuerte como para resistirla. Cuando Washington presenció la toma del poder por parte de hombres fuertes, lo aceptó fácilmente, porque los dictadores mantendrían la paz interna y vigilarían el Caribe contra los enemigos de Estados Unidos.

Panorámica de Caracas tras los bombardeos estadounidenses. Foto: Archivo

Académicos consultados por Bloomberg coinciden en que la intervención de EE.UU. en Venezuela convirtió a este último país en un laboratorio de Trump para América Latina. ¿Cómo lo ve usted?

Puedo ver a Trump -y en especial al secretario de Estado Marco Rubio- imaginando a Venezuela como un laboratorio no solo del poder estadounidense en el hemisferio, sino también de cómo gobernar una sociedad mediante la coerción. Trump puede gobernar Venezuela como siempre ha querido gobernar Estados Unidos: tomando lo que quiere por la fuerza, violando cualquier ley que le resulte incómoda y sin prestar atención a las fuerzas democráticas compensatorias, como la legislatura, la oposición o los medios de comunicación.

La redefinición de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump ha generado preocupación en América Latina por revivir explícitamente la Doctrina Monroe, luego que asegurara que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”. A su juicio, ¿hay razones para que la región esté preocupada?

Sí, la región tiene razón en estar preocupada. Esta administración no se parece a ninguna otra en la historia de Estados Unidos, y cabe esperar que sus relaciones con el hemisferio también sean sin precedentes y, de hecho, sin un patrón predecible. Sin duda, es posible que Trump simplemente esté fanfarroneando sobre Cuba o Colombia como sus próximos objetivos, y tal vez se distraiga con algún objeto brillante en otro lugar o se desanime por la falta de cambio que desea en Venezuela. Pero puedo imaginar fácilmente que México pronto verá incursiones militares estadounidenses en sus aguas territoriales o en su territorio, nuevamente con el pretexto de acciones antinarcóticos, pero con motivaciones reales y misteriosas.

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, reacciona mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a una conferencia de prensa durante una cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN en La Haya, el 25 de junio de 2025. Foto: Archivo NICOLAS TUCAT

Considerando el interés de China por los recursos o la infraestructura estratégica en América Latina, ¿ve posibilidades de un resurgimiento de las zonas de influencia que había en la Guerra Fría, con cada superpotencia controlando su vecindario?

No es probable el resurgimiento de un mundo dividido en dos superpotencias. Es más probable que veamos un mundo multipolar en el que varias superpotencias o potencias regionales se impongan a vecinos relativamente débiles: Rusia sobre Ucrania y quizás más; China sobre Taiwán, el Mar de China Meridional y más, y quizás potencias regionales más pequeñas en Medio Oriente o África. La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump prevé el dominio estadounidense sobre el hemisferio según una concepción decimonónica de la competencia entre grandes potencias, y Trump ha mostrado poco interés en proteger a Ucrania o Taiwán o en apuntalar alianzas militares como la OTAN. Simplemente no comprende cómo se beneficia Estados Unidos al proporcionar un paraguas de seguridad en lugares lejanos, porque no puede pensar en abstracto. Entiende el mundo como un promotor inmobiliario que se apropia de propiedades vecinas presionando a sus propietarios e infringiendo las leyes, en este caso, las leyes y normas internacionales.

El 20 de enero Trump cumple el primer año de su segunda presidencia. Tras su ataque a Venezuela y sus amenazas contra Groenlandia e Irán, ¿qué más se puede esperar en sus próximos tres años restantes de gobierno?

Me limitaré a hablar únicamente de política exterior para minimizar la desesperación de sus lectores. Creo que la operación en Venezuela, que la administración considera un gran éxito, la llevará a intimidar a cualquier país que se interponga en el camino de los objetivos de Trump anunciados en la Estrategia de Seguridad Nacional. Dicho esto, históricamente, los presidentes estadounidenses suelen dedicar más tiempo a las relaciones exteriores respondiendo a las crisis que a iniciar reformas o incluso intervenciones militares. Por lo tanto, lo que estamos viendo ahora en Irán, donde Trump está reaccionando, es más probable que ocurra que la planeada toma de Groenlandia.

Donald Trump en la ceremonia de investidura como 47º presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 2025, en Washington, D. C. Foto: Archivo Chip Somodevilla

¿Cuán en jaque pone Trump al multilateralismo y el derecho internacional con sus acciones unilaterales?

Enormemente. Simplemente no cree en actuar en conjunto con otras naciones, al menos no si no obedecen todas sus órdenes. Y la administración ha afirmado varias veces que, a su juicio, el derecho internacional ni siquiera existe. Estados Unidos ha actuado unilateralmente durante mucho tiempo, pero al menos ha defendido el multilateralismo y el derecho internacional de palabra, por ejemplo, en Corea, Vietnam o Irak. Pero ahora presenciamos el repudio total del orden internacional basado en normas que el propio Estados Unidos defendió después de la Segunda Guerra Mundial.

Nicolás Maduro escoltado por agentes de la DEA, el 3 de enero pasado. Foto: Archivo

Este año Estados Unidos enfrenta elecciones de medio mandato. ¿Cree que Trump puede sacar provecho electoral de acciones como la captura de Maduro?

No lo creo. Los estadounidenses tienen mala memoria y tienden a votar sobre asuntos nacionales en lugar de internacionales, a menos que vean a sus propias Fuerzas Armadas morir en destinos peligrosos. Así que el tema Venezuela/Maduro solo podría convertirse en una ventaja o desventaja en noviembre de 2026 si Trump enviara una gran fuerza de ocupación y esta fuera respondida con violencia. Sí, los republicanos afirmarán que Trump redujo la inmigración y el tráfico de drogas al secuestrar a Maduro, pero es más probable que los republicanos que ahora intentan limitar el poder bélico del presidente vean que los ataques a Venezuela probablemente sean veneno político.

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