China rechaza las sanciones de EE.UU. contra Irán y pone presión sobre encuentro entre Xi y Trump en septiembre
“La guerra económica y la máxima presión no ayudarán a resolver el problema. Solo intensificarán aún más las tensiones y los conflictos, y crearán riesgos de contagio”, declaró Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China.
Un día después de que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, prometiera un “día D económico” para los países que compran petróleo a Irán, China advirtió este martes que la amenaza de la administración de Donald Trump de imponer sanciones económicas a Teherán “solo intensificará aún más las tensiones” y que la cooperación de Beijing con Teherán no debe interrumpirse.
“La guerra económica y la máxima presión no ayudarán a resolver el problema. Solo intensificarán aún más las tensiones y los conflictos, y crearán riesgos de contagio”, declaró Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, durante una conferencia de prensa habitual.
“La cooperación de China con Irán siempre se ha llevado a cabo dentro del marco del derecho internacional y no debe ser interrumpida ni socavada”, aseguró. Lin añadió: “China está siguiendo de cerca los acontecimientos pertinentes y tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus propios derechos e intereses”.
Así, la Cancillería china ha reiterado su rechazo a las sanciones unilaterales “que carecen de fundamento en el derecho internacional” o “no cuentan con la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” y ha pedido a las partes a actuar “con racionalidad y contención”.
Beijing ha sido durante años el principal comprador del petróleo iraní y el primer paquete de sanciones de la Operación Paria Económico, presentada el lunes por Bessent, alcanza, entre otros, a ciudadanos y empresas de China continental y Hong Kong. Washington los acusa de ayudar a Teherán a obtener tecnología sensible, canalizar pagos y transportar crudo, destaca el diario español El País.
Según el periódico, entre los sancionados figura Sweet Ocean Industrial, con sede en Hong Kong, que habría actuado como intermediaria en la adquisición de equipos ópticos láser destinados a la Universidad de Tecnología Malek Ashtar, una institución iraní vinculada -según el Departamento del Tesoro estadounidense- con la investigación nuclear y el desarrollo de misiles.
Personas y compañías asociadas a Sweet Ocean en China y Hong Kong habrían gestionado, además, la compra de acelerómetros, actuadores y equipos de laboratorio. Washington también acusa a otras cuatro sociedades hongkonesas de servir como empresas pantalla para canalizar pagos de las redes financieras clandestinas de la República Islámica.
Las sanciones, según recoge el comunicado oficial estadounidense, también alcanzan a compañías logísticas de Shenzhen (cerca de Hong Kong) que habrían prestado servicios o apoyo a BRE Line, una empresa logística iraní a la que Washington atribuye envíos para la Organización de Innovación e Investigación Defensiva de Irán.
Asimismo, en el ámbito petrolero, Washington también ha sancionado a propietarios y operadores de una red de petroleros que transporta crudo iraní mediante sociedades pantalla, cambios de bandera y otras maniobras destinadas a eludir las sanciones. Entre ellos figura la compañía china Lilimoon Navigation, propietaria, operadora y gestora del Voyage Elite, un tanquero que -se cree- ha transportado millones de barriles de crudo iraní al gigante asiático desde el inicio de la guerra.
Durante las primeras semanas de la guerra iniciada en febrero, Irán continuó exportando petróleo a China, y las importaciones de crudo iraní por parte de Beijing disminuyeron solo marginalmente, según datos de seguimiento de buques de Kpler, pasando de 1,57 millones de barriles diarios en febrero a 1,47 millones de barriles diarios en marzo.
Desde entonces, las importaciones han caído drásticamente. En julio, Estados Unidos reanudó el bloqueo a los buques y puertos iraníes en un intento por interrumpir las ventas de petróleo, tras el fracaso del acuerdo para detener la guerra. Los envíos cayeron a 785.000 barriles diarios en junio, el nivel más bajo desde febrero de 2023, pero luego aumentaron ligeramente en julio hasta los 823.000, según datos provisionales de Kpler. La entrada en lo que va de agosto ha descendido a 534.000, detalla el diario británico The Guardian.
Según un análisis citado por CNN, es probable que Irán exportara petróleo por valor de entre 3.900 millones de dólares y 4.200 millones de dólares en septiembre de 2025. China, el mayor consumidor de energía del mundo, compra la gran mayoría. Un informe del banco de inversión japonés Nomura, publicado en abril, detalló que el 38% del petróleo de China y el 23% de su gas natural licuado transitan por el estrecho de Ormuz, un punto clave en la guerra con Irán.
“Estrategia energética de China está funcionando”
Pero Michal Meidan, director del área de investigación energética sobre China en el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford, cree que “la guerra de Irán demuestra que la estrategia energética de China está funcionando”, En un artículo con ese título publicado por The New York Times, el académico señala que si bien China, “el mayor importador mundial de petróleo crudo, en los últimos años, ha dependido de las importaciones para más del 70% de su consumo, y aproximadamente la mitad proviene de Medio Oriente”, ha respondido con una “estrategia integral” para reducir esa exposición.
Así, “diversificó sus fuentes de suministro para limitar la proporción de petróleo procedente de Medio Oriente y comenzó a acumular lo que ahora se estima que son las mayores reservas de petróleo crudo del mundo, aproximadamente equivalentes a las de Estados Unidos y Japón juntas”.
Por ello, a diferencia de la escasez de carbón en China en 2021, cuando el gobierno instruyó a los importadores a asegurar urgentemente el suministro de energía, “esta vez no se desató el pánico” cuando las interrupciones en el estrecho de Ormuz dispararon los precios del petróleo, escribió Meidan. “El país recurrió a sus reservas y restringió las exportaciones de combustibles para el transporte con el fin de mantener una mayor cantidad en el país. El aumento de los precios del combustible también parece haber impulsado a muchos conductores chinos a utilizar el transporte público, taxis o servicios de transporte compartido, muchos de los cuales funcionan con electricidad”, detalló.
Considerando este escenario, el periodista de The New York Times, David E. Sanger, plantea que “el intento de Estados Unidos de estrangular la economía iraní depende de la cooperación de China”. “Estados Unidos lleva 20 años prometiendo ‘sanciones paralizantes’ contra Irán. Pero este último intento viene con un giro inesperado, después de que la acción militar no lograra los objetivos del presidente Trump”, apunta.
“Ahora que el Ejército, en palabras de Bessent, ha ‘sentado las bases’ para el éxito, ¿qué ocurre con China, que adquirió más del 80% de las exportaciones petroleras de Irán en 2025? ¿Está la administración dispuesta a arriesgarse a otra confrontación directa con Beijing, con quien ya mantiene discrepancias en materia de inteligencia artificial, Taiwán, una rápida expansión nuclear y un enorme excedente de producción que amenaza la economía global?”, se pregunta Sanger.
La cita del 24 de septiembre
De hecho, el pulso llega en vísperas de una cita clave para las relaciones entre las dos mayores potencias del planeta. El presidente chino, Xi Jinping, tiene previsto viajar a Washington el 24 de septiembre, invitado por Trump, para celebrar la segunda cumbre entre ambos en poco más de cuatro meses.
Al respecto, un artículo escrito por el académico Taiyi Sun en el sitio del Toda Peace Institute de Japón plantea que “la última amenaza del presidente Donald Trump de ‘guerra económica y aislamiento’ contra cualquier país que proporcione ayuda financiera a Irán ha dejado algo cada vez más claro: la guerra con Irán, que ya dura casi seis meses, ya no es solo un conflicto de Medio Oriente. Se está convirtiendo en un factor directo en las relaciones entre Estados Unidos y China y, potencialmente, en la visita que el presidente chino Xi Jinping tiene previsto realizar a Washington el 24 de septiembre”.
“Trump ha confirmado públicamente la visita del 24 de septiembre sin detallar, hasta el momento, todo el protocolo. Esta distinción es importante. La visita se produce unas seis semanas antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Una visita de Estado elaborada podría suscitar críticas de los sectores más críticos con China en ambos partidos. Pero cualquier gesto que se sitúe por debajo del trato que Trump recibió en Beijing podría interpretarse en China como un desaire diplomático deliberado”, advierte Sun.
“El 24 de septiembre debe considerarse un punto de inflexión estabilizador, no un escenario para negociaciones maximalistas. Si tiene éxito, puede preservar el espacio político para la APEC, el G20 y, quizás, la reanudación de la diplomacia con Corea del Norte. Si fracasa, las consecuencias no se limitarán a la cancelación de una ceremonia en Washington. Podría desestabilizar el calendario diplomático que actualmente ofrece a ambos gobiernos un motivo para mantener la competencia dentro de límites razonables”, vaticina.
En tanto, mientras Estados Unidos se prepara para presionar aún más económicamente a Irán, los expertos afirman que infligir más daño a la República Islámica difícilmente conducirá al cambio de política que Washington espera.
“Sí, esto puede presionar a los iraníes. Pero hasta ahora, la tendencia es que se inflige dolor, pero traducir ese dolor en un cambio de política es otra cuestión”, escribió Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable, y agregó que “Estados Unidos casi nunca ha logrado hacerlo”.
Parsi afirmó que se trata del mismo error de cálculo que cometió Trump al comienzo de la guerra, al creer que una mayor presión conduciría a la rendición de Teherán. No fue así. Y es probable que las sanciones del Día D tengan el mismo efecto, escribió el experto en X.
Danny Citrinowicz, exjefe de la rama iraní de la inteligencia militar israelí, declaró en la misma red social que Estados Unidos había entrado en guerra con Irán sin comprender suficientemente al país al que se enfrentaba, advirtiendo que las recientes medidas económicas podrían no conducir al resultado deseado. “Si Washington sigue creyendo que un suficiente sufrimiento económico acabará por hacer que Irán se comporte como un Estado dispuesto a capitular bajo presión, entonces el problema ya no es simplemente un mal pronóstico”, afirmó. “Es una falta fundamental de comprensión del adversario”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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