La Casa Blanca se divide frente al polvorín venezolano

Nicolas Maduro (45440916)

En el Ejecutivo de Donald Trump no hay consenso sobre los pasos a seguir en la crisis de Venezuela. El Pentágono, por ejemplo, no estaría de acuerdo con emprender una acción militar en el país sudamericano.




La crisis venezolana no solo se ha transformado en un creciente dolor de cabeza para América Latina, sino que -al más puro estilo de la Guerra Fría- las principales potencias se disputan el protagonismo y defienden sus propios intereses en el país sudamericano: EE.UU., Rusia y China. Según fuentes del Departamento de Estado norteamericano citadas por The New York Times, hay una creciente percepción en cuanto a que el desenlace de Nicolás Maduro no sería cuestión de días, sino que de "semanas o meses".

Desde que asumió la Casa Blanca en enero de 2017, Donald Trump ha dado prioridad a la situación en Venezuela. A medida que la crisis en el país petrolero se ha profundizado, EE.UU. ha dicho que la opción de una intervención militar está sobre la mesa, siempre y cuando "eso sea requerido", como afirmó esta semana el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo. Pero así como en Venezuela y Latinoamérica hay profundas diferencias sobre la solución a la crisis venezolana, también las hay en el Ejecutivo de Trump.

En el gobierno estadounidense existen divergencias sobre qué postura se debe adoptar. El asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, dijo a la cadena NBC que Trump "había sido claro y conciso sobre este punto". "Todas las opciones están abiertas. Queremos una transferencia pacífica del poder, pero no vamos a ver que (Juan) Guaidó sea maltratado por este régimen", añadió.

Sin embargo, según el diario The Washington Post, altos funcionarios del Pentágono se muestran favorables a opciones no militares y han dicho que no han dado órdenes para que se preparen tropas para un conflicto.

"A la fecha, la mayoría de nuestras acciones han sido diplomáticas y económicas", afirmó el general Joseph F. Dunford Jr., jefe del Comando Conjunto, en un testimonio al Congreso, consignado por el Post. Así, por ejemplo, el Ejército estadounidense ha ayudado a la logística para la entrega de ayuda humanitaria.

¿Intervención a lo Noriega?

Cercanos a Trump, sostiene el diario, señalan que es improbable que el mandatario autorice una acción militar a largo plazo en Venezuela. El problema, señalan, es que una acción unilateral podría poner en peligro el consenso entre los aliados regionales de Estados Unidos, los cuales serán necesarios para que Guaidó tome el poder.

En ese sentido, muchos han sacado a colación lo ocurrido en 1989, cuando Washington invadió Panamá -con el despliegue de 26 mil efectivos-, lo que provocó la rendición y posterior arresto del entonces hombre fuerte panameño, general Manuel Antonio Noriega.

Eso sí, al interior del gobierno de Trump hay discusiones para que se adopten medidas más agresivas. Por ejemplo, el equipo de Bolton se habría enfrentado al general Paul Selva, vicejefe del Comando Conjunto, quien está en contra de que la situación en Venezuela escale a un nivel militar. De hecho, el asesor de Seguridad Nacional consideró que el Pentágono no le había presentado suficientes opciones militares.

Por otro lado, la prensa estadounidense reveló que la oposición venezolana sostuvo conversaciones secretas con miembros del círculo cercano de Maduro en los últimos meses, pero que el plan para que el mandatario dejara el poder y se instalara un gobierno interino de unidad falló.

El diario The Wall Street Journal dio a conocer que altos funcionarios del régimen -que incluirían al ministro de Defensa y jefe de las FF.AA., Vladimir Padrino López; el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, e Iván Rafael Hernández Dala, director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar- participaron en estas conversaciones.

Tanto Bolton como el enviado de EE.UU. para Venezuela, Elliott Abrams, confirmaron esa información. Abrams es un viejo conocido para de América Latina, ya que durante el gobierno de Ronald Reagan estuvo involucrado en el plan secreto de entrega de armas a la Contra nicaragüense que luchaba frente a los sandinistas en Nicaragua.

Abrams explicó el miércoles a la agencia EFE que las personas con las que la oposición mantuvo conversaciones secretas "apagaron sus celulares".

De todos modos, se trataría de las primeras conversaciones entre el gobierno y la oposición desde que Juan Guaidó se proclamó como presidente encargado el 23 de enero pasado. Sin embargo, The Washington Post reveló que el plan comenzó a desmoronarse el lunes y que Maduro se enteró de aquello. Es por eso que Guaidó se apuró en poner en marcha la Operación Libertad, previo aviso al departamento de Estado. Así, se puso en libertad a Leopoldo López -que cumplía arresto domiciliario desde 2017- y luego Guaidó llamó a un levantamiento civil y militar contra Maduro.

"(Todo) esto demuestra que el poder que tiene Maduro es débil", concluyó The Wall Street Journal.

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