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Las razones detrás de los estadounidenses que abandonan su país: polarización política y mejor calidad de vida

El país norteamericano está viviendo un fenómeno que no ocurría hace casi un siglo: salió más gente de la que entró. Por ejemplo, según los datos recopilados por The Wall Street Journal, los estadounidenses están solicitando la ciudadanía británica al ritmo más alto desde que comenzaron los registros en 2004.

Hombre consultando la información de vuelos en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington D. C., en Arlington, Virginia, Estados Unidos. Foto: archivo Hu Yousong

Desde que Trump asumió el segundo mandato presidencial, Estados Unidos recibió un fenómeno que no se vivía hace casi un siglo en el país norteamericano. Desde la Gran Depresión de los años treinta, los estadounidenses no vivían una migración neta negativa. Es decir, hay más emigrantes que inmigrantes.

Y buena parte de ellos son ciudadanos estadounidenses.

Desde la administración del presidente Eisenhower —durante la década de los cincuenta y los primeros años de los sesenta—, Estados Unidos no recopila estadísticas exhaustivas sobre el número de ciudadanos que se van. Sin embargo, según The Wall Street Journal, los datos sobre permisos de residencia, compra de viviendas en el extranjero, matrícula estudiantil y otras métricas de más de 50 países muestran que una diáspora de millones de estadounidenses estudia, teletrabaja y se jubila en el extranjero.

El sueño americano, pero en Europa

Según relatos recopilados por el medio estadounidense, en las calles adoquinadas de Lisboa, tantos estadounidenses compran apartamentos a toda prisa que los recién llegados se quejan de que escuchan más inglés que portugués. Y uno de cada 15 residentes del distrito Grand Canal Dock de Dublín, Irlanda, nació en Estados Unidos, según agentes inmobiliarios irlandeses. Este porcentaje sería superior al de estadounidenses nacidos en Irlanda durante la inmigración irlandesa en EE. UU. del siglo XIX. En Bali, Colombia y Tailandia, las dificultades para alojar a los teletrabajadores estadounidenses pagados en dólares han inspirado a los residentes locales a organizar protestas contra una ola de gentrificación.

Más de 100.000 estudiantes estadounidenses están matriculados en el extranjero para obtener un título universitario más asequible. Y los jubilados prefieren las residencias en México.

Según Expatsi, una agencia que ofrece servicios migratorios, casi 400 estadounidenses se inscribieron para aprender cómo mudarse a Albania. El país ofrece una visa especial que permite a los ciudadanos estadounidenses vivir y trabajar allí, sin impuestos sobre los ingresos extranjeros durante un año y sin preguntas.

“Antes, los estadounidenses que se iban eran superaventureros y con buenas credenciales”, dijo al diario la fundadora de Expatsi, Jen Barnett. Ella misma es nativa de Alabama y se mudó a Yucatán, México, en 2024.

Según Hudson McKenzie, otra agencia del mismo rubro, de los cinco países que más reciben migración de EE. UU., cuatro quedan en Europa. Portugal, Suiza, Italia y Mónaco.

En casi todos los 27 estados miembros de la Unión Europea, el número de estadounidenses que llegan para vivir y trabajar alcanzó un récord y sigue en aumento. Por ejemplo, el total de residentes estadounidenses en Portugal ha aumentado más del 500 % desde la pandemia de covid-19. Solo en 2024 creció un 36 %.

Y, el año pasado, más estadounidenses se mudaron a Alemania que alemanes a Estados Unidos.

Elevador da Glória, el histórico funicular de Lisboa, Portugal. Foto: archivo

A la vez, el gobierno estadounidense lleva meses con una acumulación de solicitudes de estadounidenses que renuncian a su ciudadanía, ya sea para obtener un pasaporte extranjero o para evitar la tributación de sus ingresos en el extranjero. En 2024, las solicitudes aumentaron un 48 % y probablemente superaron esa cifra, según las empresas de inmigración.

Según los datos recopilados por el diario, los estadounidenses están solicitando la ciudadanía británica al ritmo más alto desde que comenzaron los registros en 2004: unas 6.600 en el año hasta marzo de 2025. Están obteniendo pasaportes irlandeses a un ritmo récord: 31.825 en 2024 y alrededor de 40.000 el año pasado.

Una encuesta de la consultora Gallup reveló que al 40 % de las mujeres estadounidenses, de entre 15 y 44 años, les gustaría mudarse permanentemente al extranjero.

Las agencias de reubicación afirman que sus nuevos clientes van mucho más allá de los jóvenes aventureros en estancias europeas o sus padres jubilados. Entre ellos se encuentran propietarios de pequeñas empresas, personas divorciadas que buscan un nuevo comienzo y estadounidenses que reciben jubilaciones que intentan extender sus beneficios.

La carrera de Donald

En docenas de entrevistas, los expatriados estadounidenses describieron sus motivaciones como una maraña de incentivos económicos, preferencias de estilo de vida y desencanto con la trayectoria de Estados Unidos, citando la delincuencia violenta, el coste de la vida y la polarización política.

La reelección de Trump fue un factor para muchos, aunque otros votaron por él. Pero el cambio estructural y social es mucho más profundo. Cuando Gallup preguntó a los estadounidenses durante la recesión de 2008 cuántos querían irse de Estados Unidos, la respuesta fue uno de cada diez. El año pasado, la tendencia se duplicó a uno de cada cinco.

Una investigadora de la Universidad de Temple, Caitlin Joyce, aseguró al diario The Wall Street Journal que esto debilita el relato del sueño americano. “Los estadounidenses se mudan al extranjero y descubren que les gusta más la vida en el extranjero. Les gustan las políticas socialdemócratas”, aseguró Joyce.

La agencia Hudson McKenzie identificó los cinco principales motivos por los cuales los ciudadanos estadounidenses emigran.

En primer lugar aparece la polarización política y social que se vive en EE. UU. Luego, la búsqueda de mejores oportunidades tributarias, sobre todo en Emiratos Árabes Unidos y Mónaco.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: archivo

A esto le siguen las prestaciones sociales asequibles, como atención médica y acceso a educación de calidad y a bajo costo —o gratuita, en muchos casos—. En cuarto lugar aparecen las mejores condiciones laborales, sobre todo en cuanto al teletrabajo. Finalmente, mejor calidad de vida general.

Algunos especialistas calificaron a esta ola de emigrantes estadounidenses como la “Carrera de Donald”, debido a que las cifras se han disparado durante el segundo mandato del presidente Trump.

Estados Unidos experimentó una migración neta negativa —una pérdida estimada de unas 150.000 personas— en 2025, y es probable que la salida aumente en 2026, según Brookings Institution, un centro de estudios sobre políticas públicas.

Y, según datos del Departamento de Seguridad Nacional, Estados Unidos registró 675.000 deportaciones y 2,2 millones de extranjeros “autodeportaciones” el año pasado.

La última vez que más personas abandonaron Estados Unidos de las que se mudaron, según las estadísticas históricas del censo, fue en 1935, y el destino predilecto fue la Unión Soviética. Tantos estadounidenses sin cualificación llegaron a la URSS que, para 1938, los soviéticos comenzaron a exigir a los visitantes estadounidenses que presentaran comprobante de viaje de regreso.

Hoy en día, son los estados socialdemocracias de Europa los que atraen a los estadounidenses.

La razón es la siguiente: Estados Unidos tiene salarios más altos, lo que les permite mejor calidad de vida a sus ciudadanos. A cambio, Europa ofrece atención médica asequible, ciudades transitables y espacios donde el inglés ha desplazado a la lengua local. La vivienda en muchas ciudades sigue siendo relativamente barata comparativamente. Las escuelas son accesibles, seguras y generalmente mejor valoradas que las estadounidenses.

Váyanse de acá

“No esperaba estar rodeado de tantos estadounidenses”, dijo Michael Le Blanc al Wall Street Journal, exproductor creativo de 56 años de Adobe y Paramount, que ahora trabaja como freelance en Lisboa, mientras compraba una generosa botella de plástico de aderezo ranchero Hidden Valley y mezcla para pastel Pillsbury Funfetti en una de las tiendas estadounidenses de la ciudad. “Estoy intentando aprender el idioma, pero es un verdadero reto”, afirmó.

Se mudó con sus dos hijos tras el segundo tiroteo en la escuela de su hijo de 8 años en Los Ángeles. En los seis meses transcurridos desde entonces, su esposa, Stephanie, asesora académica de 42 años en Estados Unidos, encontró trabajo vendiendo inmuebles en Lisboa a estadounidenses que llegan al país. Alrededor del 58 % de los compradores extranjeros en Portugal son estadounidenses, y los precios de las viviendas se han duplicado en cinco años en algunos de los distritos históricos más exclusivos.

Manifestaciones en contra del turismo masivo en Barcelona. Foto. archivo

Políticos en programas televisados debaten cómo combatir los efectos de la gentrificación. En Barcelona, ciudad azotada por el aumento de los arriendos debido a la masiva llegada de residentes extranjeros y turistas, ​​las manifestaciones en contra de este fenómeno abundan.

Y, en un relato a la revista The New Yorker, una pareja estadounidense de Texas declaró que emigraron a Haarlem, Países Bajos, debido al ambiente político que produjo la aparición de Donald Trump. Uno de ellos describió al mandatario como “precursor de un autoritarismo desmesurado”. Tras su segunda toma de posesión, “la situación se volvió seria”, dijo el otro. “Al principio, teníamos la esperanza de que las cosas mejoraran, o no empeoraran. Pero no fue así”, afirmó uno de ellos.

La pareja dejó Estados Unidos mediante una agencia de relocalización.

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