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Los puntos de fricción del acuerdo de desarme de Hamas que podrían frustrar el pacto

El plan de 15 puntos anunciado por Donald Trump concede dos semanas para fijar un calendario de aplicación, aunque Hamas e Israel discrepan sobre quién debe moverse primero y el gobierno de Benjamin Netanyahu todavía no lo respalda de manera oficial.

Combatientes de Hamas durante un intercambio de rehenes con Israel. Foto: Xinhua Rizek Abdeljawad

Un día después de que Donald Trump anunciara un acuerdo para iniciar el desarme de Hamas, su Consejo de Paz publicó el viernes una hoja de ruta de 15 puntos que exige a Israel poner fin a sus ataques y a la organización armada palestina entregar sus armas.

La diferencia entre ambas condiciones gatilló las dudas sobre la viabilidad de la aplicación del pacto. Hamas condicionó la entrega de su “armamento pesado” a una retirada israelí y a otras exigencias, mientras que el gobierno israelí guardó silencio y advirtió, mediante fuentes anónimas, que no moverá a sus tropas sin un desarme “genuino”.

El plan de la Junta de Paz dejaría dudas clave sobre si Hamas e Israel cumplirán lo pactado, según The New York Times. El texto concede a las partes dos semanas para determinar un calendario, plazo que un comité de verificación internacional puede prorrogar.

El alto el fuego de octubre del año pasado ya exigía al Ejército israelí cesar sus ataques, pero desde entonces las fuerzas israelíes mantuvieron bombardeos aéreos frecuentes contra objetivos que atribuye a Hamas y a la Yihad Islámica Palestina. Más de 1.200 personas han muerto en el territorio desde esa tregua, según el Ministerio de Salud de Gaza.

El anuncio se produjo tras meses de esfuerzos por sostener la tregua sellada el año pasado en Sharm el-Sheikh. Según Reuters, Trump calificó el pacto de “gran avance” pese a las señales de Hamas e Israel de que aún quedaban obstáculos importantes antes de su aplicación.

“Es un gran paso para Medio Oriente, y la gente está realmente impresionada y sorprendida”, afirmó el mandatario estadounidense, un día después de describir el entendimiento como un “hito importante” hacia el fin de la guerra.

El primer paso

La desconfianza en el pacto se origina desde el orden en que se deberían cumplir las exigencias del mismo. En su primera respuesta, Hamas sostuvo que el “primer paso” debía ser el compromiso israelí de poner fin a los ataques, y vinculó la entrega de su “armamento pesado” a la retirada de Gaza, la reconstrucción, el establecimiento de un Estado palestino y otras condiciones. El grupo islamista insistió en que Israel debe hacer concesiones para avanzar, según el Times.

Por su parte, el gobierno israelí sostuvo la posición contraria. Una fuente oficial declaró a la agencia Reuters que “no habrá ninguna retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) de la actual Línea Amarilla a menos que Hamas se someta a un desarme genuino”, en referencia a la línea de demarcación fijada en el alto el fuego. Bajo ese acuerdo, las tropas israelíes se replegaron hasta esa línea y dejaron cerca de la mitad del territorio bajo ocupación, aunque desde entonces avanzaron más en el enclave.

Un portavoz de Hamas en una alocución pública. Foto: Archivo SAID KHATIB

El negociador de Hamas, Ghazi Hamad, declaró a la agencia que el grupo estaba dispuesto a aceptar un pacto “difícil y doloroso”. Evitó la palabra desarme y describió el entendimiento como un “marco integral” supeditado a que Israel aplicara la primera fase del acuerdo de Sharm el-Sheikh, que obliga a cesar los ataques, replegar las fuerzas a la posición de octubre y aumentar la ayuda al enclave palestino.

Solo entonces Hamas entregaría sus armas para su almacenamiento por el Comité Nacional para la Administración de Gaza, el organismo tecnocrático creado para gestionar el territorio.

En la franja, abunda el escepticismo. “Trump, debería empezar por su parte. Alto el fuego, detenga los asesinatos y complete la retirada del Ejército israelí de la Franja de Gaza”, dijo Samir Ayad, de 60 años, en un campamento de tiendas de la ciudad de Gaza, en declaraciones a Reuters.

“No vemos ningún acuerdo, nada de lo que él (Trump) dice”, afirmó. Pocas horas después del anuncio, las autoridades médicas locales informaron de un palestino muerto y varios heridos en al menos dos ataques israelíes.

El armamento

El arsenal de Hamas ha sido el punto de fricción durante meses de conversaciones en Egipto, uno de los principales mediadores en las negociaciones.

La Junta de Paz exigió que el grupo entregue gradualmente todo su armamento, una postura que, según funcionarios israelíes, Hamas no aceptará. La lucha armada es central en la ideología del movimiento islamista y muchos de sus miembros equiparan la entrega de armas a una claudicación.

El texto reclama el desarme de las facciones una vez que Israel cumpla los compromisos del alto el fuego de octubre de 2025, que incluyen suspender las operaciones militares, replegar las tropas a una línea acordada y permitir el acceso de equipos para remover escombros.

El documento, además, fija que la junta tecnocrática supervisará un proceso para “desmantelar y almacenar armamento pesado, instalaciones de producción militar, depósitos de armas y túneles”, y precisa que no se entregará ningún arma a Israel ni a ninguna otra parte no palestina.

El comunicado de Hamas mencionó solo el “armamento pesado”, mientras que la hoja de ruta alude a todas las armas, con una excepción para las armas personales registradas ante el comité.

Vista del colapso de un edificio tras bombardeos de Israel en la Franja de Gaza. Foto: Archivo Rizek Abdeljawad

Al respecto, la presidenta de política sobre Israel en la RAND Corporation, Shira Efron, señaló a The New York Times que la maniobra de Hamas busca trasladar la presión. “Durante meses, la narrativa ha sido que Hamas no quiere desarmarse”, afirmó.

“Según la información disponible hasta ahora, parece que Hamas está eludiendo la responsabilidad, consciente de lo difícil que será para el gobierno israelí ejecutar este acuerdo, especialmente cualquier tipo de retirada de sus fuerzas”. Efron anticipó que ambas partes podrían volver pronto a “un juego de culpas recurrente”, acusándose de incumplir sin que cambie mucho en la práctica.

A su vez, el analista palestino cercano a Hamas, Ibrahim Al-Madhoun, señaló que el grupo buscaba poner fin a la guerra, aunque temía que Israel eludiera el cumplimiento. “Hamas hizo todo lo posible por lograr un acuerdo basado en la reciprocidad y la implementación simultánea”, declaró. “Aun así, existe el temor de que Israel pueda obstaculizarlo”.

Puntos de fricción

La respuesta oficial israelí no llegó de inmediato. La oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu no emitió un comunicado formal, y el gobernante, que afronta elecciones el próximo 27 de octubre con el probable apoyo de sus socios de derecha, tampoco se pronunció.

Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional y líder del partido ultraderechista Poder Judío, calificó el texto de “inaceptable para Israel” y sostuvo en redes que los asesinatos selectivos en Gaza “deben continuar”. La ministra del partido Sionismo Religioso, Orit Strouk, calificó el acuerdo de “peligroso”.

Varios analistas dudaron de que Israel se retire antes de las elecciones de octubre. Nickolay Mladenov, alto representante del Consejo de Paz para Gaza, advirtió que “la implementación y la verificación deben ser reales” y que “la retirada debe ir de la mano del desarme”.

El secretario general de la ONU, António Guterres, instó a todas las partes a seguir la hoja de ruta “sin dudas, escepticismo ni intención de socavarla” y sostuvo que “ahora es el momento de que ambas partes implementen lo acordado”.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Foto: Archivo GOBIERNO DE ISRAEL

Según un análisis del diario israelí Haaretz, Netanyahu se habría visto obligado a aceptar el marco, quizás como condición para su visita a Estados Unidos la semana pasada, y confía en que las lagunas de la hoja de ruta terminen por hundirlo.

Antes de su viaje, el gabinete de seguridad ya había aprobado la entrada del gobierno tecnocrático y de la fuerza internacional de estabilización en Gaza, tras haber condicionado ese ingreso al desarme de Hamas. El periódico israelí añadió que el gobierno tiene interés en el acuerdo, por razones distintas a las de Washington, y que Netanyahu no puede enemistarse con Trump en este momento.

Así, según Haaretz, el pacto contendría varios puntos de fricción para el gobierno israelí. Israel exige la entrega de fusiles y cohetes, la destrucción continua de túneles y que el desarme se complete antes de la retirada total de las FDI, que controlan cerca del 60% del enclave palestino.

La fuerza internacional de estabilización se limita por ahora a unos 200 soldados de Uganda y Marruecos, con despliegue previsto cerca del cruce de Rafah y la tarea inicial de facilitar la ayuda humanitaria. El plan contempla además desmantelar las milicias locales opuestas a Hamas, que al entregar sus armas podrían buscar protección en Israel.

El investigador del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv, Michael Milshtein, dijo al periódico israelí que duda de que Hamas haya abandonado su ideología de resistencia o vaya a entregar todas sus armas. Por lo tanto, teme que la aplicación del acuerdo se estanque.

Atribuyó el papel decisivo a los tres países mediadores, Egipto, Qatar y Turquía, inquietos por las amenazas de Netanyahu de conquistar toda Gaza.

Así, según Haaretz, el primer ministro Netanyahu habría cedido a la presión estadounidense, aunque las soluciones en discusión quedan lejos de la “victoria total” que prometió durante los últimos tres años desde el ataque del 7 de octubre de 2023 perpetrado por Hamas.

Las reacciones a nivel mundial

Las reacciones de la comunidad internacional oscilaron entre el respaldo y la advertencia sobre la aplicación del pacto. Trump celebró “un acuerdo histórico para el desarme completo de Hamas y todos los demás grupos armados en Gaza” y lo definió como “un paso trascendental hacia una paz y seguridad duraderas”.

En su red Truth Social lo presentó como “un paso crucial para que Gaza sea finalmente gobernada por un nuevo gobierno palestino que trabajará en estrecha colaboración con la Junta de Paz”, y añadió que “Israel tendrá la seguridad que merece, ya que Gaza dejará de ser una base para ataques terroristas”.

Desde Israel, el rechazo interno volvió a hacerse oír. Ben-Gvir calificó el compromiso de detener los asesinatos de dirigentes de Hamas como “equivalente a consentir que Hamas organice la próxima masacre” y reclamó que “los asesinatos en Gaza deben continuar, debe fomentarse la inmigración, Israel debe ganar”.

Por su parte, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot -uno de los aspirantes a suceder a Netanyahu- sostuvo que el borrador evidencia la “enorme brecha” entre las promesas del primer ministro y la realidad. “El Estado de Israel no debe aceptar una realidad en la que Hamas sobreviva, se rearme y espere la oportunidad para perpetrar la próxima masacre”, escribió, según Al Jazeera.

Hamas reiteró que el desarme depende de que Israel cese las hostilidades y se retire. “El compromiso de la ocupación de detener la matanza es el requisito fundamental para proceder con la implementación y establecer un calendario para lo acordado”, declaró el grupo islamista.

Su negociador Ghazi Hamad describió el entendimiento como un “paquete integral” que abarca el fin de la ofensiva, la retirada de las tropas, el despliegue del Comité Nacional y la reconstrucción, y sostuvo que el grupo “hizo concesiones por el bien del pueblo palestino”. La Yihad Islámica Palestina, en cambio, expresó “reservas sobre el acuerdo en su forma actual”.

Entre los mediadores y gobiernos, el tono fue algo más esperanzador. Nickolay Mladenov reconoció que “hubo varios momentos en los que dudé de que lo lograríamos” y advirtió que lo que ocurra a continuación “importa aún más” que el propio pacto.

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, calificó el plan, “si se implementa en su totalidad”, como un “paso constructivo hacia la paz”, aunque alertó de que “muchas cosas deben darse para que esto funcione”. El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, confió en avanzar hacia “un Estado palestino independiente, soberano y contiguo, basado en las fronteras anteriores a 1967”. Alemania pidió que Hamas “nunca más debe representar una amenaza para Israel”, mientras que Bélgica reclamó que el marco abra paso “al retorno del gobierno palestino en Gaza y a un nuevo impulso hacia una solución negociada de dos Estados”.

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