Papa Francisco enfrenta otro revés durante la pandemia

El Papa Francisco saluda a los fieles desde la ventana de su estudio con vista a la Plaza de San Pedro en el Vaticano, mientras se va al final de la oración del Ángelus, el domingo 5 de julio de 2020. Foto: AP

La restricción de hacer eventos públicos, a raíz de los contagios por coronavirus, ha sido el último golpe a un Pontífice que se siente más cómodo comunicándose con las masas que lidiando con la burocracia del Vaticano.




Las restricciones para la realización de eventos públicos, con el fin de lidiar con la pandemia del coronavirus, es el último golpe al Papa Francisco, cuyo pontificado ha estado luchando en los últimos años para sostener las esperanzas progresistas que el argentino ofreció al comienzo de su papado.

La pandemia ha entorpecido la habilidad del Papa Francisco de comunicar sus enseñanzas y promover sus causas, que van desde el medioambiente a los derechos de los migrantes, así como también sus esfuerzos para hacer frente a los problemas financieros del Vaticano. La falta de eventos públicos y las interacciones personales constituyen una carga especial para un Papa que se siente más cómodo comunicándose con las masas que lidiando con la burocracia del Vaticano.

Incluso antes de la pandemia, la tendencia progresista de su pontificado, ejemplificada con la apertura hacia los divorciados y los católicos gays, se había terminado en medio de divisiones internas de la iglesia. Una serie de escándalos sobre abusos a menores en varios países en todo el mundo, así como también asuntos que tienen que ver con un mal manejo financiero en el Vaticano, hicieron sombra en la institución.

Ahora, en el octavo año del mandato del Papa de 83 años, algunas voces al interior del Vaticano y también observadores están incluso mirando hacia su final. “El próximo Papa”, es el título de dos libros programados para su publicación en las próximas semanas. Ambos fueron escritos por autores conservadores, pero ellos no son los únicos que se sienten preocupados.

“En algunos temas el potencial cambio institucional del Papa Francisco parece que ha alcanzado un límite”, dijo Massimo Faggioli, un teólogo que ha sido uno de los partidarios más entusiastas del Papa. Él citó la reciente decisión de no relajar las reglas sobre el celibato de los sacerdotes y su resistencia a la ordenación de mujeres diáconos, que están en un rango más bajo en el clérigo. En ambos temas, la falta de cambio ha decepcionado a los católicos progresistas.

Faggioli escribió en un artículo esta primavera (boreal) que “los partidarios del Papa Francisco y de sus esfuerzos para reformar la Iglesia Católica están preocupados de que el dinamismo de su pontificado haya comenzado a caer”. Una razón para esto, dice, podría ser el deseo de mantener la unidad entre los católicos liberales y los conservadores cada vez más críticos con el Papa.

Los progresistas están contentos del énfasis que le ha dado el Papa Francisco a la justicia social y económica y al medioambiente. Pero la pandemia ha limitado drásticamente su habilidad de promover esas causas, aun cuando él cree que la crisis de salud global y económica ha hecho que esto sea más urgente.

“El interés está ahí sobre la mesa para moldear el orden mundial post coronavirus”, dijo John Allen, presidente de Crux Catholic Media y autor de numerosos libros sobre el Vaticano. “Si él no es capaz de proyectarse en la conversación, debido a su inhabilidad de viajar o su inhabilidad de hacer grandes eventos públicos en Roma, entonces él pierde relevancia”.

Los más grandes eventos papales han sido aplazados hasta fines de 2023. El Papa ha dejado de viajar y la mayoría de las apariciones en el Vaticano ahora ocurren en video, con solo una pequeña audiencia en la que está presente físicamente. Los encuentros uno a uno, que alguna vez entregaron una de las imágenes más cautivadoras de su papado, ahora son imposibles. Ahora se encuentra en sus “vacaciones en casa” anuales, no está haciendo las audiencias públicas semanales, sino que descansará dentro de las paredes del Vaticano por el mes de julio.

El Papa Francisco hizo una memorable aparición durante el período más oscuro del brote de coronavirus en Italia, incluyendo una dramática ceremonia en una Plaza San Pedro vacía y la misa matutina fue vista por millones en televisión e internet. Pero el Vaticano paró de transmitir las misas en mayo una vez que las iglesias reabrieron en Italia y desde la reapertura de la economía en ese país y en otros lugares, su relativa soledad dejó de ser representativa para sus feligreses.

“Él era muy bueno usando la imagen del desierto, pero ahora que ya no estamos en el desierto tiene que inventar nuevas formas de comunicación”, dijo Sandro Magister, un vaticanista que escribe para la revista italiana L’Espresso.

Los asuntos internos del Vaticano también han disminuido por la pandemia. El Consejo Internacional de Cardenales, que ha estado asesorando desde 2013 al Papa sobre una revisión de la constitución para el Vaticano, se reunió por última vez en febrero. Pero el impacto más importante de la pandemia han sido las finanzas, ya que el ingreso que viene de los Museos del Vaticano y de los holdings comerciales de bienes raíces se ha reducido drásticamente, empeorando el ya amplio déficit presupuestario de la Santa Sede.

El déficit de la Santa Sede se dobló en 2018 a casi 70 millones (US$ 78,7 millones) de un presupuesto de cerca de 300 millones de euros. Las cifras más recientes no han sido dadas a conocer, pero el jefe de finanzas del Vaticano, el reverendo Juan Antonio Guerrero Alves, dijo en mayo que los ingresos este año podrían caer hasta un 45%. La colección anual de caridad del Papa, que The Wall Street Journal reveló ha sido usada en gran parte para compensar el déficit, ha sido postergada este año de junio a octubre.

El Papa Francisco dijo que la investigación interna del Vaticano sobre el escándalo de las inversiones en bienes raíces en Londres es evidencia de una reforma, pero el asunto ha hecho sombra sobre la integridad del ente fiscalizador financiero del Vaticano, que había sido la mayor historia de éxito en los esfuerzos por restaurar la credibilidad internacional de la ciudad Estado en asuntos financieros.

El escándalo de abusos sexuales también continúa haciendo sombra sobre el pontificado.

Casi dos años después de que un exenviado del Papa a Estados Unidos acusara al Papa Francisco de ignorar la mala conducta del excardenal Theodore McCarrick, un exarzobispo de Washington, el Vaticano aún no ha liberado el prometido reporte explicando cómo McCarrick ascendió al poder pese a que los extendidos rumores de su mala conducta databan de hace años. En una suerte de imagen agravante de insensibilidad sobre el tema, el mes pasado el Papa reincorporó al obispo Gustavo Zanchetta, uno de sus protegidos por mucho tiempo, en su trabajo en el Vaticano, aun cuando el obispo todavía enfrenta cargos de hostigamiento sexual en Argentina.

El año pasado el Papa promulgó una ley que hacía más fácil sancionar a los obispos que abusaban o encubrían el abuso y él flexibilizó las reglas para mantener en secreto los documentos eclesiásticos relacionados con el abuso. Pero los abogados defensores de víctimas reclaman que la ley no necesita reportar los crímenes a las autoridades civiles o permitir una supervisión independiente por laicos propuestos por los obispos estadounidenses.

“Estoy triste y desconcertado por que el Papa Francisco haya sido tan regresivo en el tema del abuso”, dijo Anne Barrett Doyle, de la organización Bishop Accountability, un grupo de Boston que rastrea los casos de abusos. “No espero que veamos más iniciativas de su parte, aun cuando las crisis de los abusos sexuales y el encubrimiento siguen sin ser resueltas”, agregó.

Comenta