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Trump y Xi ante el desafío de Irán

El encuentro programado para fines de este mes entre ambos líderes fue postergado por varias semanas. Beijing se ha mostrado cauteloso en torno al conflicto en Medio Oriente.

Donald Trump y Xi Jinping

Era, sin duda, la cita bilateral más importante en medio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el encuentro que iban a sostener el Presidente Donald Trump y su par chino, Xi Jinping, en Beijing, a fines de mes. Pero fue postergado sin que se diera una fecha exacta. Una reunión que se consideraba un indicador clave de la solidez de una posible distensión comercial entre las dos mayores economías del mundo, tras la guerra comercial del año pasado.

“Estamos en guerra. Creo que es importante que yo esté aquí”, dijo Trump. Para los expertos, el aplazamiento podría indicar que la administración estadounidense cree que la guerra continuará al menos durante las próximas dos semanas. Es probable que el líder republicano también creyera que llegaría a Beijing con un resultado más favorable de la Operación Furia Épica y, por lo tanto, con mayor influencia de la que se ha materializado hasta ahora.

En cambio, a medida que la guerra regional se ha intensificado, con consecuencias económicas y energéticas globales, el conflicto podría definir el futuro de la competencia entre Estados Unidos y China.

Para los expertos, la postergación de la reunión le permitirá a Beijing sentar mejor las bases de los temas con los que presiona a Washington, desde las limitaciones al acceso a la tecnología estadounidense y las restricciones a la inversión, hasta la eliminación de aranceles y la búsqueda de una manera de gestionar las tensiones en torno a Taiwán. Era improbable que se lograra nada de esto en un encuentro apresurado.

Así, China ha permanecido cauteloso en medio del conflicto y reaccionó con frialdad al llamado de Trump para que distintos países ayudaran a escoltar a los buques mercantes a través del estrecho de Ormuz, que se encuentra cerrado por Irán. Al ser consultado el lunes sobre la propuesta del presidente, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Lin Jian, se limitó a decir que su país instaba a “todas las partes a cesar de inmediato las operaciones militares”.

Según el think tank Soufan Center, “Beijing ha buscado un equilibrio entre sus intereses regionales y, cultivando una imagen de neutralidad, se ha centrado en la diplomacia”. El ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, mantuvo conversaciones telefónicas con sus homólogos regionales y europeos, y China asignó a un enviado especial para Medio Oriente, Zhai Jun, en una gira diplomática centrada en la mediación y la desescalada.

La primera etapa de la diplomacia itinerante de Zhai se centró en una gira regional por el Golfo Pérsico, con Arabia Saudita como primera parada. En una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Zhai expresó su agradecimiento por la forma en que Abu Dhabi había respondido con calma, responsabilidad y moderación. “Es probable que el Partido Comunista Chino crea que la continua moderación y la disposición de los países del Golfo para dialogar serán clave para alcanzar acuerdos que salvaguarden los intereses del gigante asiático en la región”, indicó el centro de estudios.

A juicio de la estratega geopolítica búlgara-austríaca Velina Tchakarova, “la posición de China en esta crisis es la más sofisticada de todas las grandes potencias”. “Simultáneamente, recibe crudo iraní a través de refinerías improvisadas, proporciona a Irán sistemas de navegación BeiDou-3 y radares antifurtivos YLC-8B, absorbe petróleo iraní mediante transacciones en yuanes que desafían la supremacía del dólar en las operaciones de compensación, se niega a comprometer activos navales con la Coalición de Ormuz y se posiciona para la cumbre de Trump con la máxima ventaja. El aplazamiento de la cumbre podría ser precisamente lo que Beijing prefiere: más tiempo para obtener la máxima ventaja posicional antes del reinicio diplomático en medio de los esfuerzos de estabilización de la confrontación global entre los bloques liderados por Estados Unidos y China”, indicó la experta en un artículo.

“La consecuencia estructural de la Guerra Fría 2.0 es directa. El eje Dragón-Oso (China y Rusia, que operan en coordinación estratégica en todos los ámbitos sistémicamente relevantes) ha demostrado que puede, simultáneamente: apoyar a Irán de forma indirecta sin cruzar el umbral cinético; beneficiarse económicamente del aumento del precio del petróleo; explotar el estancamiento de las negociaciones con Ucrania, provocado por la distracción estadounidense, y rechazar la adhesión a la coalición de seguridad del estrecho de Ormuz. Esta es la bifurcación del orden global en la práctica. No como un enfoque teórico de las relaciones internacionales, sino como un hecho observable”, añadió.

Histórico socio comercial

China es el socio económico más importante de Irán. Se estima que aproximadamente el 90% de los 1,6 millones de barriles diarios de petróleo crudo exportados por Irán se venden a China, lo que proporciona a Teherán el equivalente a decenas de miles de millones de dólares en ingresos cada año.

China compra crudo iraní no solo para apoyar a su aliado, sino que también porque lo obtiene con descuento. Los analistas consideran que el petróleo iraní representa el 12% del total de las importaciones de petróleo de China. Este crudo es adquirido principalmente por pequeñas refinerías chinas independientes, conocidas como “refinerías de té”, cuyas cuotas de importación están reguladas por Beijing.

El diario The Wall Street Journal dice que aunque China no acepta la legitimidad de las sanciones estadounidenses, quiere mantener una negación plausible, ya que Beijing teme que sus empresas puedan ser objeto de sanciones de Washington si participan públicamente en actividades relacionadas con el petróleo sancionado.

En esa línea, “Beijing fomenta la compra de petróleo iraní por parte de refinerías independientes, en lugar de sus gigantes petroleros estatales, ya que las empresas más pequeñas no están conectadas a los mercados financieros internacionales y, por lo tanto, no se verían afectadas por posibles sanciones estadounidenses. El origen del crudo suele ser ocultado por los intermediarios”, indicó el diario.

Según denuncian funcionarios estadounidenses, que hablaron con el periódico, Irán gestiona una compleja red clandestina de banca en la sombra a nivel mundial, facilitada por China. Las refinerías chinas pagan el petróleo iraní en yuanes, la moneda china, y Teherán utiliza parte de ese dinero para comprar productos en China que luego se envían a Irán.

Parte de los ingresos petroleros se utilizan en un sistema de trueque en el que los compradores chinos de petróleo transfieren dinero a empresas chinas respaldadas por el Estado para construir infraestructura en Irán. El dinero procedente de la venta de petróleo también circula a través de una red de empresas fachada, a menudo canalizado a través de instituciones financieras chinas, hasta Hong Kong, donde posteriormente se convierte a otras divisas.

Funcionarios estadounidenses sostienen que gran parte del dinero procedente de la venta de petróleo a China permanece en cuentas bancarias en el extranjero, en centros financieros como Hong Kong, Dubai y Singapur. Los importadores y exportadores iraníes intercambian divisas entre sus diversas empresas fachada, utilizando registros contables en Irán. Hong Kong ha negado que se utilice para evadir las sanciones, destacó el periódico.

La relación no solo se basa en la venta de petróleo. Según funcionarios estadounidenses, las empresas chinas continuaron siendo un proveedor clave de bienes con posibles aplicaciones militares, como motores utilizados en los drones Shahed de Irán, productos químicos para combustibles de cohetes y componentes electrónicos para diversos tipos de armamento. El Pentágono informó en diciembre que empresas chinas de satélites comerciales habían participado en intercambios comerciales con la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.

El año pasado, dos buques vinculados a una empresa estatal iraní zarparon de China cargados con 1.000 toneladas de un material que podría utilizarse para fabricar un ingrediente principal del propulsor sólido de unos 260 misiles de alcance medio, según informó The Wall Street Journal. A mediados de 2025, Irán encargó miles de toneladas de ingredientes para combustible de misiles a China, de acuerdo con el periódico. El gobierno chino ha declarado desconocer los pedidos específicos, pero mantiene un estricto control sobre los denominados artículos de doble uso, que tienen aplicaciones tanto civiles como militares.

Como si fuera poco, las empresas tecnológicas chinas Huawei y ZTE han construido gran parte de la infraestructura de telecomunicaciones de Irán. En 2010, ZTE firmó un contrato de 130 millones de dólares para integrar un sistema de vigilancia en las redes telefónicas y de internet estatales iraníes. La Red Nacional de Información de Irán, una intranet nacional controlada por el Estado que restringe progresivamente el acceso de los ciudadanos a internet, se inspiró en el Gran Cortafuegos de China y se construyó con asistencia técnica china.

Consecuencias para China

Un análisis realizado por Bloomberg indicó que Beijing lleva tiempo trabajando en un Plan B y ha diversificado sus fuentes de energía, comprando grandes cantidades a Rusia, a pesar de las sanciones occidentales, y ha creado una reserva estratégica que durará varios meses, al tiempo que invierte agresivamente en energías renovables.

Según funcionarios occidentales familiarizados con el asunto, el Ejército chino ha estado estudiando la guerra del Presidente Donald Trump contra Irán en busca de lecciones que podrían resultarle útiles en cualquier conflicto futuro propio, analizando detenidamente las capacidades ofensivas estadounidenses al ver que el equilibrio estratégico se inclina a su favor en el Indo-Pacífico.

De acuerdo a los funcionarios que hablaron con Bloomberg, Beijing probablemente observa atentamente el desempeño militar estadounidense en Irán y obtiene información muy valiosa que casi con toda seguridad incorporaría en sus planes para cualquier posible conflicto por Taiwán, isla autónoma que China reclama como territorio propio, una postura que Taipei rechaza.

Si bien China aún está evaluando las consecuencias económicas y diplomáticas de la guerra, el Presidente Xi Jinping probablemente vería con buenos ojos el desvío de la atención y los recursos estadounidenses hacia Medio Oriente, en detrimento del Indo-Pacífico, según indicaron a Bloomberg los funcionarios. Citaron el redespliegue de activos militares del Pentágono desde Asia a Irán como una razón tangible para que el Ejército chino obtenga beneficios del conflicto.

“La supuesta ventaja para el Ejército chino sugiere que un segundo adversario de Estados Unidos se está beneficiando de la guerra de Trump, después de que los aliados estadounidenses advirtieran que el Presidente ruso, Vladimir Putin, estaba emergiendo inadvertidamente como el ganador gracias al aumento del precio del petróleo y la flexibilización de las sanciones estadounidenses”, indicó la agencia.

En la misma línea, la experta del Hudson Institute, Zineb Riboua, indicó que Trump no lanzó la Operación Furia Épica solo para castigar a Jamenei por sus masacres. La lanzó porque cada año que Washington dedica a controlar a Teherán es un año más que Beijing aprovecha para afianzar su control en el Pacífico. La orientación de Medio Oriente determinará si EE.UU. puede prevalecer en la confrontación decisiva de este siglo: una acción china contra Taiwán.

“Ante una posible crisis en Taiwán, las rutas marítimas por las que China importa aproximadamente el 70% de su petróleo se convertirían en un foco de disputa. Beijing necesitaría fuentes de energía alternativas y buscaría en Occidente a Irán, Rusia y cualquier Estado del Golfo dispuesto a vender fuera del sistema del dólar. Si Medio Oriente ya se encuentra dentro de la órbita económica de Beijing para cuando llegue la crisis, China iniciaría la confrontación con una reserva estratégica de energía que los planificadores estadounidenses no podrían interrumpir”, añadió.

“Un Medio Oriente reestructurado hacia la estabilidad, donde la red de aliados de Irán se ha debilitado y los socios del Golfo están alineados, puede gestionarse con una presencia militar menor, liberando así capacidad de combate decisiva para el frente del Pacífico”, escribió Riboua.

“La cuestión de Irán nunca giró en torno a Irán. Si se excluye a la República Islámica, China pierde sus peones para una posible contingencia en Taiwán. Si se mantiene, Medio Oriente seguirá siendo lo que Beijing concibió: un segundo frente del que Washington jamás podrá salir ni permanecer. Los ataques de Trump son el primer paso de un presidente estadounidense que parece comprender que el camino hacia el Pacífico pasa por Teherán”, concluyó.

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