Xiomara Castro o Nasry Asfura: Honduras elige nuevo mandatario en medio de temores a revivir violencia

Una mujer vota en un colegio electoral durante las elecciones generales, en San Pedro Sula, Honduras.

Más de cinco millones de hondureños estaban convocados para votar en las elecciones generales de ayer, en la que los candidatos mejor posicionados en las encuestas, la opositora Xiomara Castro y el oficialista Nasry Asfura, disputan voto a voto. El país espera no repetir las jornadas de protestas por acusaciones de fraude en los últimos comicios de 2017, que dejaron una treintena de fallecidos.




Los hondureños acudieron a las urnas ayer en medio de temores a la violencia y llamados a la calma de los candidatos presidenciales, en unos comicios generales de final incierto sobre el sucesor del Presidente Juan Orlando Hernández, quien culmina su mandato acusado por narcotráfico en Estados Unidos. Los temores de fraude, algo que la oposición ya denunció en los anteriores comicios de 2017, y la muerte de al menos 31 personas vinculadas a las elecciones durante esta campaña avivan las tensiones.

La jornada inició con un llamado del presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Kelvin Aguirre, para unas elecciones “en paz, tranquilidad, sin temor y sin violencia”. Más de cinco millones de ciudadanos estaban llamados a votar hasta las 17 horas local y los primeros resultados estaban previstos para iniciar tres horas después del cierre de mesas.

La candidata del opositor Partido Libre, Xiomara Castro, es favorita, al igual que Nasry Asfura, alcalde de Tegucigalpa y carta del oficialista Partido Nacional (PN), que se ha beneficiado de oportunas entregas de bonos del gobierno a familias vulnerables.

Un militar hace guardia en una escuela utilizada como centro de votación durante las elecciones generales, en Tegucigalpa.

“Deseamos que sea una fiesta cívica, en paz, en tranquilidad. Van a intentar provocar al pueblo, entendemos que hay desesperación, especialmente de aquellos que han estado gobernando estos 12 años”, dijo Xiomara Castro, de 62 años, tras votar en el barrio de El Espino, en Catacamas, a casi 200 kilómetros al este de Tegucigalpa.

Previo a emitir su voto en la capital, el oficialista Asfura, de 63 años, conocido como “Papi a la Orden”, se comprometió a respetar los resultados. “Debemos, como caballeros, y como hombres, aceptar las cosas, pero hasta que se cuente el último voto. La paz y la tranquilidad no tienen precio y óiganme bien: ni una gota de sangre tiene precio”, declaró.

Los observadores internacionales señalaron que comicios se desarrollaban ayer con normalidad hasta antes del cierre de las mesas. Los comentarios ciudadanos destacaban la amplia participación, con filas de 200 metros en algunos recintos.

Tras emitir su voto, el Presidente Hernández mostró su apoyo a Asfura, pidió calma y recomendó a quien lo suceda que mantenga “la macroeconomía sólida” y no descuide la seguridad.

Antecedentes de revueltas

“Si el PN gana las elecciones, aunque sea legítimamente, habrá un nivel de violencia preocupante. Se ha desarrollado una especie de paranoia, la gente se está preparando para la guerra y hay ciudadanos que en los últimos días se han abastecido de comida y agua ante el temor de no poder salir luego a comprar”, dijo a la agencia France Presse el analista Raúl Pineda, abogado y exlegislador de esa formación. “Nos perjudicaría si hay disturbios. Creo que no es conveniente para la economía del país, esperamos elecciones pacíficas y tranquilas”, señaló Luis Gómez, de 26 años, un comerciante en el barrio de La Sosa.

Xiomara Castro, candidata presidencial del Partido Libre, vota durante las elecciones generales en Catacamas, Honduras.

En 2017, el Presidente Hernández logró reelegirse en medio de acusaciones de fraude desde la oposición. Las jornadas de protestas fueron reprimidas por el gobierno y dejaron una treintena de fallecidos. En este contexto llegan los hondureños a las urnas, con un país golpeado por la violencia de las pandillas, el narcotráfico y dos feroces huracanes en 2020, donde el 59% de sus 10 millones de habitantes vive en la pobreza. Además de un desempleo que pasó de 5,7% en 2019 a 10,9% en 2020, en gran parte debido a la pandemia del coronavirus.

Los resultados de las elecciones generales en las que se elige al próximo jefe de Estado, 128 diputados y 20 representantes del Parlamento centroamericano, también están siendo seguidas atentamente por Washington, estimó Pineda, ya que no quiere que una nueva crisis aliente aún más las olas migratorias que van de Centroamérica a Estados Unidos.

Nasry Asfura, candidato presidencial del gobernante Partido Nacional de Honduras, llega a una mesa de votación para emitir su voto durante las elecciones generales, en Tegucigalpa.

Castro, quien asegura promover un “socialismo democrático” con una agenda progresista, ha sido tildada de comunista por sus rivales, y ese discurso ha calado en algunos simpatizantes. “Muchas características de Venezuela las quieren traer aquí a Honduras y no las aceptamos”, dice Rosa Díaz, una ama de casa de 26 años que vota por “Papi”, porque cree que “es diferente”.

El Partido Nacional gobierna desde que el exmandatario hondureño Manuel Zelaya (2006-2009), esposo de la candidata Xiomara Castro, fue derrocado en 2009 en un golpe de Estado apoyado por la derecha, debido a su cercanía con el chavismo. Pero desde ahí, escándalos de corrupción y narcotráfico han salpicado a Juan Orlando Hernández. Tony, el hermano del actual gobernante, cumple cadena perpetua en Estados Unidos por tráfico de drogas. Los narcotraficantes que el Presidente ayudó a extraditar a ese país, y los fiscales que enjuiciaron a su hermano lo acusaron de estar involucrado en el narcotráfico.

“Hemos experimentado este gobierno por 12 años y hemos ido de mal en peor. Tenemos la expectativa de algo nuevo”, consideró el comerciante Luis Gómez.

Asfura, en tanto, fue acusado en 2020 de malversar fondos públicos, nombrado en los Pandora Papers y vinculado al tráfico de influencias en Costa Rica. El tercer candidato en preferencias de los 13 en carrera, Yani Rosenthal, del Partido Liberal, pasó tres años en una cárcel de Estados Unidos por lavar dinero del narcotráfico.

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