Por Francisco CorvalánA 48 horas de los aluviones: autoridades inician despeje de principal ruta en Antofagasta y ponen foco en proceso de recuperación
Mientras Tocopilla concentra los mayores daños, equipos civiles y militares trabajan en el retiro de barro y escombros, la recuperación de caminos y la reposición de servicios básicos. En paralelo, las autoridades comienzan a cuantificar las pérdidas y a definir obras de mitigación, en una región donde persisten asentamientos e infraestructura expuestos a quebradas y remociones en masa.

A dos días del aluvión que golpeó con especial fuerza a Tocopilla, la emergencia en el norte del país entró en una nueva fase. El foco de las autoridades ahora está puesto en cuantificar los daños, recuperar la conectividad y restablecer los servicios básicos, mientras comienzan a definirse las primeras medidas para la reconstrucción.
En la Región de Antofagasta no se cuantifican personas fallecidas, desaparecidas, ni denuncias por presunta desgracia. Sin embargo, el impacto material es considerable. En Tocopilla, cerca del 60% de las viviendas resultaron afectadas y unas 15.000 personas presentan daños severos, parciales o medianos.
Durante este jueves, personal de la Armada se desplegó allí para apoyar el retiro de escombros y las labores de limpieza en los sectores más afectados. El trabajo de los efectivos se suma al despliegue de funcionarios municipales, equipos de emergencia, servicios públicos y otros organismos que buscan recuperar progresivamente la normalidad.

La primera prioridad sigue siendo la conectividad. Según comentó la delegada presidencial de Antofagasta, Katherine López, hay 18 puntos de la región que permanecen cortados, incluyendo sectores y caletas aisladas. Las cuadrillas trabajan simultáneamente para recuperar las rutas, mientras el transporte aéreo y marítimo complementa una vía terrestre que continúa parcialmente habilitada. Según aseguró, este viernes estaría despejada la Ruta 1, que conecta a distintas comunas de la región a través del borde costero.
El sistema eléctrico también avanza hacia la normalización. La afectación llegó a un máximo de unos 8.000 clientes: 6.500 en Mejillones, donde Bomberos solicitó cortes preventivos debido a postes y cables energizados que cayeron por la fuerza del barro, y otros 1.500 en distintos puntos de la región.
Las empresas reforzaron sus cuadrillas, en algunos casos duplicándolas o triplicándolas para acelerar las reparaciones. Al momento del balance, permanecían unos 3.500 clientes sin suministro eléctrico, concentrados en sectores localizados, mientras continuaban las labores de reposición.
En el caso del agua potable, la región logró mantener el abastecimiento gracias al sistema de desalación y al funcionamiento de las empresas proveedoras. En Tocopilla, sin embargo, se solicitó revisar la calidad del agua y se dispusieron estanques de reserva.
En paralelo a las labores de limpieza, comenzó el levantamiento de información sobre las familias afectadas. Funcionarios municipales de las nueve comunas de la Región de Antofagasta están siendo capacitados para aplicar las fichas FIBE, instrumento utilizado para identificar daños y necesidades y, sobre esa base, canalizar las ayudas estatales.

El Serviu prepara medidas para instalar techumbres, reparar viviendas y entregar soluciones temporales, como mediaguas. La definición de estas ayudas, sin embargo, corresponde a una primera respuesta. El desafío posterior será reconstruir las viviendas dañadas y abordar la infraestructura que quedó expuesta.
También se prepara apoyo psicológico para las personas que lo necesiten, en coordinación con universidades regionales. El objetivo es atender las consecuencias que deja una emergencia que, aunque no provocó víctimas fatales, alteró de manera significativa la vida cotidiana de miles de personas.
La declaración de estado de catástrofe permitió, además, coordinar recursos civiles y militares a través del jefe de la Defensa Nacional. A ello se suma el apoyo previamente comprometido por empresas mineras privadas, que será canalizado hacia las zonas donde se concentran las necesidades más urgentes.
El problema después del barro
Mientras avanzan las labores de emergencia, el aluvión volvió a instalar una discusión que la Región de Antofagasta arrastra desde los grandes eventos previos, sobre cuánto falta para completar las obras destinadas a proteger a las ciudades de las quebradas y las remociones en masa.
Tocopilla tiene nueve quebradas. Cinco cuentan con piscinas aluvionales en distintos grados de avance, mientras que otras requieren completar o iniciar obras. Incluso las estructuras que ya existen necesitan trabajos de mantención y limpieza, según comentó López, porque algunas quedaron con barro y escombros que reducen su capacidad para enfrentar un nuevo evento.
El problema se extiende a otras comunas. Por ejemplo, Antofagasta tiene 19 quebradas, pero solo nueve han sido intervenidas. En Taltal existe una cadena de siete piscinas aluvionales. Una de ellas se llenó durante el evento y contribuyó a impedir que una mayor cantidad de agua y sedimentos ingresara a la comuna.

Pero también quedaron tareas pendientes para el sector Paposo, en Taltal. En el litoral de la región, además, la estrecha distancia entre los cerros y la costa aumenta la exposición de las rutas a desprendimientos que pueden cortar la conectividad.
Desde la autoridad regional se ha defendido que el estado actual de las obras no puede atribuirse simplemente a abandono. Los proyectos surgidos después de los aluviones de 1991 y 2015 requieren inversiones importantes y, en algunos casos, décadas de ejecución. Pero la emergencia también constató que las obras existentes ayudaron a reducir el impacto y evitar consecuencias mayores, aunque todavía existen zonas que permanecen expuestas.
Los trabajos de recuperación también continúan en otros sectores afectados por el sistema meteorológico. En Iquique, donde las precipitaciones provocaron afectaciones en distintos puntos de la ciudad y su entorno, las labores se concentran en el despeje de calles, limpieza de sectores afectados y evaluación de daños, junto con la atención de los puntos que permanecen con dificultades de conectividad o servicios.
La emergencia dejó la tarea de responder a los daños inmediatos y, al mismo tiempo, revisar las condiciones que permitieron que las lluvias generaran cortes, desbordes y aluviones en zonas urbanizadas.
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