Carta de Errázuriz revela que cerró la investigación de Karadima en 2009

Denunciantes presentaron la misiva como prueba de encubrimiento en demanda contra Arzobispado de Santiago. En el escrito, el exarzobispo advierte al nuncio de la época sobre los peligros de la “fraternidad” de El Bosque.


El abogado del Arzobispado de Santiago, Nicolás Luco, expuso hoy, ante los ministros de la 9a. Sala de la Corte de Apelaciones capitalina, que escuchó los alegatos de la demanda por encubrimiento presentada por las víctimas de Fernando Karadima contra la institución, que la Iglesia no encubrió los delitos sexuales cometidos por el expárroco de El Bosque.

“No hay ningún documento que diga que se cierra la investigación, menos alegando prescripción”, dijo a la terna de jueces, quienes también fueron testigos de la petición de perdón que el propio jurista hizo, a nombre de la Iglesia Católica, a las víctimas del presbítero.

El discurso de Luco, sin embargo, tenía un objetivo muy claro: refutar la carta que minutos antes presentó el abogado Juan Pablo Hermosilla, en representación de James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, como eventual prueba del presunto encubrimiento de Karadima por parte del arzobispado.

La misiva aludida es un email que el arzobispo emérito Francisco Javier Errázuriz le envió, en febrero de 2009, al entonces nuncio apostólico, Giuseppe Pinto.

Mail diplomático

La misiva de Errázuriz fue enviada como “confidencial” al correo electrónico de Giuseppe Pinto, a quien le advierte que el escrito, desde 2008, también estaba en manos del entonces prefecto para la Congregación de los Obispos, Giovanni Battista Re. Allí le señala que “recientemente pude comprobar otro caso doloroso”, dando cuenta de las denuncias que pesaban sobre Fernando Karadima.

“Bien sabemos la amenaza de escándalo que se esconde tras las denuncias de abusos sexuales”, señala Errázuriz al nuncio en esa carta.
Agrega que, para tales casos, había un procedimiento aprobado por la Conferencia Episcopal, que establecía que las denuncias debían entregarse al promotor de justicia de cada diócesis, quien reunía los antecedentes, para luego presentarlos al obispo. Y explica a que así procedió.

Para ese entonces ya existía la denuncia de 2006 contra Karadima, por abuso sexual, que presentaron en la Iglesia la exesposa y la madre de James Hamilton.

Según la carta de Errázuriz, “el hecho de que procedí conforme a lo acordado por el Episcopado significó el reproche indignado de dos hermanos obispos por dar crédito a los acusadores y haber pedido la intervención del promotor de justicia”.

El documento, expresó Hermosilla, fue incautado desde el Arzobispado de Santiago durante el allanamiento ordenado por la Fiscalía de O’Higgins en junio pasado, y “hace una semana que llegó a nuestras manos”.

En el escrito, Errázuriz continúa: “Por respeto al P. Karadima no le pedí al promotor que lo interrogara; solo le pedí a mons. Andrés Arteaga su parecer. Él consideró que todo era absolutamente inverosímil. Como se trataba de hechos prescritos, cerré la investigación”, escribió el exarzobispo de Santiago.
Para James Hamilton, esta es una “prueba muy contundente de criminalidad (…). Errázuriz explícitamente habla de que cerró la causa”.

El abogado del Arzobispado de Santiago, Nicolás Luco, fue rotundo y sostuvo que “no conozco el documento”. Antes, en la audiencia, había asegurado que nunca se cerró la investigación, que terminó en 2011 con la condena canónica a Karadima por abuso a un menor, y que el pasado 28 de septiembre significó su expulsión definitiva del sacerdocio, a instancias del Papa Francisco. “Él (Errázuriz) contradice todo lo que ha dicho en sus declaraciones”, planteó el abogado Hermosilla, quien solicitó a la corte acoger la carta como medio de prueba, lo que aún no se decide.

Pero no es todo lo que señala el escrito. En la carta, Errázuriz también da cuenta al nuncio de sus críticas a Karadima y su entorno, y sus aprensiones sobre la “fraternidad” de El Bosque. Dice que allí se acogía a personas de estratos sociales altos, donde “surgieron muchas vocaciones para el clero”. Agrega que 45 jóvenes se ordenaron sacerdotes, cinco de los cuales fueron obispos. También indica que Karadima ejercía un poder superior sobre sus adeptos, quienes le rendían “obediencia”, y que “en muchas ocasiones no dicen la verdad” para proteger a su líder. También plantea que numerosos discípulos, que “fueron muchachos alegres y de mucha iniciativa y creatividad, terminan siendo personas apagadas y poco alegres”.

Además, define a Karadima como “un sacerdote muy piadoso, no muy inteligente (…) y que necesita lealtades incondicionales no solo hacia Jesucristo, sino hacia su persona”. Y destaca que su círculo “es incapaz de distinguir entre un hombre carismático y un santo”.

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