Cien años de parques nacionales en Chile: el balance de un siglo de conservación
Esta semana, el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales cumplió un siglo de existencia. En este marco, diversos organismos públicos y civiles se reunieron para hacer un balance de la protección de la flora y fauna por parte del Estado. Las últimas zonas protegidas bajo esta denominación son el Parque Nacional Glaciares de Santiago y el Parque Nacional Desierto Florido, decretados en 2023.

En la conmemoración de los 100 años del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales –el más antiguo del país– afloró una anécdota reveladora entre los funcionarios de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) de la Región de Los Lagos: la vez que la princesa japonesa Hanako de Hitachi visitó el parque en los 90, y mientras se encontraba en el lago Todos los Santos, realizó la pregunta que todos temían: “¿Y el baño?”.
“Había dos sanitarios. Aunque limpios, eran muy sencillos, muy rudimentarios”, recuerda Fernando Gebhard, director de Conaf en la región. “Y lo único que querían los colegas de esa época era que, por favor, la princesa no quisiera ir al baño”, relata. El suceso fue clave para poner al descubierto la importancia del desarrollo de infraestructura en el parque. Y, antes de que pasara un año, los sanitarios fueron completamente renovados.
Tres décadas después de este episodio, el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales es el más visitado del país: actualmente recibe más de 700 mil visitantes por año. Hoy, la Conaf administra 110 áreas silvestres protegidas, que se desglosan en 46 parques nacionales, 45 reservas nacionales y 19 monumentos naturales. Según datos del organismo, esto se traduce en 18,8 millones de hectáreas protegidas, o alrededor de un 21% de la superficie del país.

Estas fueron las cifras invocadas este lunes en un seminario realizado en la Universidad Católica por los 100 años de la conservación en Chile. Organizado por las fundaciones Parque Tantauco, Rewilding Chile y The Pew Charitable Trusts -entre otras-, el evento contó con la presencia de autoridades como Michelle Bachelet y la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo. Al mirar el siglo pasado, la tónica general fue de satisfacción.
“Nuestro balance como organización es que Chile definitivamente tiene algo que celebrar”, afirma Carolina Morgado, directora ejecutiva de la Fundación Rewilding Chile. “Es haber desarrollado un sistema de parques nacionales que cumple 100 años y nos pone a la cabeza a nivel mundial en términos de la cantidad de territorio protegido”, añade.
En la misma sintonía, Francisco Solís, director del programa Patagonia Chilena de The Pew Charitable Trusts, también destaca el balance positivo y agrega que el seminario fue “una oportunidad histórica de reflexión”, donde se dejaron de lado las diferencias para conmemorar “esta verdadera política de Estado que es conservar nuestro patrimonio más valioso”, afirma.
Aunque en el seminario se recorrieron los logros del pasado, también se analizaron los desafíos actuales y futuros. En ese eje, la falta de financiamiento fue el motor de la discusión.
Un siglo de expansión
En su trabajo para Rewilding Chile –la fundación heredera de la rama chilena de Tompkins Conservation–, Morgado ha impulsado y visto nacer múltiples áreas protegidas. Por ejemplo, recuerda cuando la pareja de filántropos estadounidenses Douglas y Kristine Tompkins compró el Valle Chacabuco en 2004, en la Región de Aysén, con el objetivo de crear el Parque Nacional Patagonia.
“La estancia Valle Chacabuco tenía cientos de kilómetros de cercos, con ganado y con pastos, a esa altura, sobrepastoreados”, recuerda. Hoy, en contraste, a casi ocho años de la inauguración del parque, ese paisaje agreste fue reemplazado por “la estepa patagónica en su máximo esplendor”, afirma Morgado. “Hay senderos preciosos. Volvieron los guanacos, volvieron los ñandúes”, agrega.

Con 100 años de parques nacionales a cuestas, las áreas protegidas de Chile han seguido en aumento. Las últimas zonas protegidas bajo esta denominación son el Parque Nacional Glaciares de Santiago y el Parque Nacional Desierto Florido, decretados en 2023. Desde entonces, otros proyectos han quedado en tramitación. El caso más reciente ocurrió en marzo de este año, cuando el Ministerio del Medio Ambiente retiró de Contraloría 43 decretos ambientales de la administración anterior. Entre ellos, los que creaban parques y reservas.
Un testigo de la evolución de las zonas protegidas es el fotógrafo chileno Guy Wenborne. En sus 36 años de trayectoria, ha retratado todos los parques del país: desde el Parque Nacional Cabo de Hornos, el más austral, que es uno de sus favoritos por su clima extremo y por el “esfuerzo extraordinario de cada uno de sus seres vivos por permanecer con vida”, hasta el más norteño, el Parque Nacional Lauca, donde presenció la “gran cantidad de basura que generan los camiones bolivianos” en la carretera internacional que lo atraviesa.
“Antes yo iba a los parques nacionales y no había nadie. Era fantástico para la foto”, afirma, mientras ríe. Ese es el principal cambio que ha percibido en las últimas décadas retratando la biodiversidad: un aumento en la afluencia. “El gran interés del público por conocer lugares naturales”, dice. “Ese auge me parece fantástico para el ser humano y la sociedad”.

No obstante, opina que le gustaría que la protección de territorios se expandiera más a lo largo del país. “Hay muchos territorios que se podrían preservar más en el norte”, afirma Wenborne. “Pero hay una fuerte oposición a generar más áreas protegidas, porque va en conflicto directo con el desarrollo minero”, opina.
Por otro lado, el fotógrafo destaca la gran cantidad de territorios protegidos en el sur de Chile. “Están, lo que se llama, sobrerrepresentados. Es un problema feliz”, afirma. En sintonía con sus palabras, en la Patagonia se concentra un 80% de la superficie de las áreas protegidas del país, complementa Morgado.
“Cuando consideramos que el 60% de las personas que visitan Chile vienen por lo que se llama el sector naturaleza, sabemos que ahí tenemos un tremendo potencial a lo largo del país”, añade la directora. Bajo esa perspectiva, agrega que existe “una gran oportunidad de desarrollo económico que va de la mano de la naturaleza”.
Respecto de la distribución de territorios protegidos, el académico UC Cristian Bonacic, quien participó en el seminario representando la cátedra Biodiversidad y Desarrollo Sostenible CMPC-UC, complementa que la zona con “menos representación del sistema de áreas protegidas es la zona central, centro-sur y costa”. En esos sectores, el desafío es la gran densidad poblacional y la concentración de las industrias, que aumenta el valor del suelo y dificulta la adquisición de zonas para su conservación.

Álvaro Promis, del Departamento de Silvicultura de la Universidad de Chile, profundiza en esta falta de representación: “La Región de O’Higgins representa un 2% de toda la protección de áreas silvestres continentales a nivel nacional. La Región del Maule solamente contempla el 0,6% de toda la superficie protegida a nivel nacional; Ñuble, un 4%; Biobío, un 2%; Coquimbo, un 0,4%; Valparaíso, un 3%, y la Región Metropolitana, un 6%”, afirma.
“Todas estas regiones, desde Antofagasta hasta la Región de Los Ríos, tienen una muy baja representación a nivel nacional de protección. Las regiones que tienen mayor representación son las regiones de Arica, Magallanes, Aysén y Los Lagos”, sostiene.
Un desafío presupuestario
Eduardo Katz, director de la Escuela de Ecoturismo de la Universidad San Sebastián y exgerente de Parques Nacionales de Conaf, resume los desafíos de las áreas protegidas de Chile en una frase: “Tenemos las capacidades de la gente, pero nos falta plata”.
“Estamos con un presupuesto mucho más bajo que otros países, por hectárea, por visitante, por todos los indicadores que uno quiera mirar”, explica. Según complementa Bonacic, la cantidad de dinero dedicada por hectárea a la conservación en Chile es “un dólar y medio más o menos”, que es menor a lo que destinan otros países de Sudamérica como Perú o Argentina.

De acuerdo con Solís, de The Pew Charitable Trusts, “Chile es uno de los 10 países que menos invierte en sus zonas protegidas”. Esta diferencia se trasluce al comparar el presupuesto del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales con el Parque Nacional Lanín, de Argentina, que es su equivalente. Mientras que el parque transandino cuenta con un presupuesto anual de un millón de dólares, el más antiguo de Chile cuenta con “25 a 28 millones de pesos al año”, afirma.
“Hay que invertir más en personal para poder dar cumplimiento efectivo a esta tremenda infraestructura que tenemos a cargo”, afirma Gebhard, director de Conaf en Los Lagos. Desde su perspectiva, es importante invertir al interior de los parques y no solo en sus vías de acceso. Así, destaca el rol de los guardaparques.
“No solamente se dedican a la atención de los visitantes”, dice. “La educación ambiental en los parques no se hace dentro de aulas, se hace en los senderos. Esas son las aulas vivientes”, añade.
El rol de los guardaparques
En Chile, el trabajo de los guardaparques se remonta a 1914, cuando se contrató a Manuel Alvarado para resguardar la primera área protegida del país, la Reserva Nacional Malleco. “Muchos de los guardaparques iniciales fueron personas de las mismas comunidades, lo que ayudó mucho a validar el sistema de parques”, explica Katz.
En opinión de Bonacic, el mayor logro de Chile en sus 100 años de conservación es el desarrollo de “un cuerpo de guardaparques de un profesionalismo y un compromiso por la conservación de la naturaleza que es excepcional”.

Marco Carrillo, administrador del Parque Vicente Pérez Rosales, trabaja en aquel lugar desde 1991. En esos años, recuerda que el área protegida contaba con serios problemas de comunicación. Aún era todo por radio. Y los funcionarios solo contaban con un vehículo y un par de motos.
En la actualidad, su plantel de transporte incluye tres vehículos, tres lanchas y cuatro motos, además de que todas las dependencias cuentan con acceso a internet. Por otro lado, el parque está postulando a la Lista Verde de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza, un estándar global de gestión de áreas protegidas.
“Es un gran avance”, afirma. Aunque reconoce que “falta mucho” y que “las áreas silvestres son las que menos presupuesto reciben”, afirma que “con perseverancia y con la labor de todos los trabajadores de las áreas silvestres se ha logrado todo lo que existe hoy en día”
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
3.
4.
5.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE


















