Inmigrantes: bajan sus ingresos y trabajan más horas

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El próximo 5 de agosto, el Centro de Estudios Públicos (CEP) lanza el libro Inmigración en Chile: una mirada multidimensional, probablemente el análisis más completo y multisectorial que se ha realizado hasta ahora del fenómeno migratorio que está experimentando el país. Editado por los investigadores Isabel Aninat y Rodrigo Vergara, el trabajo aborda aspectos regulatorios, sociológicos, educacionales, de vivienda y de salud, entre otros. A partir de hoy y hasta el lunes, La Tercera adelantará sus principales conclusiones y recomendaciones de política, agrupándolas por temáticas, partiendo por una radiografía a la inclusión de los inmigrantes en el mercado laboral y su vulnerabilidad económica.


Situación laboral

El capítulo de los investigadores Adolfo Fuentes y Rodrigo Vergara "Los inmigrantes en el mercado laboral", muestra que estos trabajadores tienen un mayor nivel educacional y una proporción de la población activa superior a la de los chilenos, lo que se explica por la edad de los extranjeros que vienen al país.

Revisando los datos de las encuestas Casen, desde 2006 a 2017, detectaron que los inmigrantes lograron en una primera etapa ingresos más altos que los locales, asociados a su mayor nivel educacional. Sin embargo, esa brecha entre ambos grupos se vino cerrando con los años y a 2017 prácticamente ya no había diferencias.

En 2006, el ingreso promedio de los inmigrantes en el país era de $ 530.167, mientras los chilenos promediaban $ 305.796. En 2017, la media de los inmigrantes tenía ingresos por $ 547.223 y los locales, por $ 531.417. Estos datos son en términos nominales, por lo que si se descuenta la inflación, se ve una caída de 29,7% en los salarios de los extranjeros en ese período.

La investigación muestra que una diferencia entre los trabajadores inmigrantes de 2006 y los de 2017 es que, en este último año, hay una mayor proporción de ellos que está en sectores donde se paga menos, lo que explicaría los datos de los ingresos.

Con el correr del tiempo, se evidencia una concentración más elevada de inmigrantes en el comercio y la construcción, en desmedro de servicios comunales y sociales, e industria.

La prevalencia de esos primeros rubros, como el comercio, tiene como una posible explicación que los inmigrantes no están pudiendo desempeñarse en los sectores donde tienen mayor productividad en el mercado laboral, debido, entre otras cosas, a las dificultades para convalidar títulos y grados académicos.

De esta forma, según los cálculos de Fuentes y Vergara, en los años recientes existe un castigo salarial a los inmigrantes con características similares a los trabajadores nacionales, al contrario de lo que pasaba hace una década. En 2006-2009 hubo un premio salarial a los inmigrantes de 11,5%. Sin embargo, este premio fue bajando, hasta llegar a un castigo salarial de 16,9% en 2017.

Una explicación plausible para esto, dice el estudio, es que la ola migratoria más reciente tiene características diferentes, que no son observables en la Casen, como las barreras idiomáticas, culturales u otras, lo que se estaría manifestando en el mercado laboral. Esto se suma a lo ya indicado, de estar en sectores que generan menores ingresos.

Otro dato que entrega el estudio es que la población inmigrante trabaja una mayor cantidad de horas que los locales: 44,4 horas semanales los primeros, contra 42,7 horas los segundos. Esto se explica principalmente por el número de horas que laboran las mujeres inmigrantes versus las chilenas.

Recomendaciones laborales

En este escenario, los autores del capítulo hacen varias recomendaciones para mejorar las cifras.

En primer lugar, afirman que "teniendo en consideración que los inmigrantes tienden a concentrarse en sectores determinados y que están empezando a presentar un castigo salarial, resulta complejo imponerles condiciones de contratación más restrictivas que las de los locales, que es precisamente lo que hacen los artículos 19 y 20 del Código del Trabajo, donde se limita el número de contratación de inmigrantes. Se sugiere, por ende, la eliminación de tal restricción". La legislación actual obliga a que, al menos, el 85% de los trabajadores sea chileno.

En la misma línea, dicen que "no parece razonable que enfrenten restricciones para trabajar en la administración pública", dado su mayor nivel educacional y otras variables que podrían ser ventajosas en términos de productividad. En particular, Fuentes y Vergara se refieren al Artículo 12 del Estatuto Administrativo, que señala que, salvo excepciones, los funcionarios públicos deben ser ciudadanos chilenos e, incluso en esas excepciones, si hay igualdad de condiciones, se preferirá a los nacionales.

Asimilación

El estudio calcula el tiempo de "asimilación económica", es decir, el proceso en que los inmigrantes son capaces de adaptarse sin castigos salariales al mercado laboral. Este lapso, de acuerdo a los autores, era de aproximadamente 9,5 años. Así, el actual castigo salarial de los inmigrantes se explicaría por la baja, en promedio, del tiempo de residencia en el país. Si en 2006 alcanzaba 11,8 años, en 2017 llegaba a solo 3,1 años, lo que está en línea con el gran aumento de extranjeros que llegó a Chile en los últimos años. Asimismo, con el paso de los años, en promedio, los inmigrantes que han llegado más recientemente deberían moverse a trabajos o sectores con ingresos mayores.

Pobreza

En paralelo a que los ingresos por trabajo de los inmigrantes muestran bajas, la pobreza en este grupo va al alza.

Así lo expone el capítulo "Es un largo camino todavía: inmigrantes, pobreza y vulnerabilidad en Chile", del investigador y coordinador académico del CEP Andrés Hernando.

El estudio da cuenta de que si bien desde 2006 la pobreza por ingresos de la población migrante era menor a la de los locales, esto se revirtió en 2017, en línea con la evolución de los ingresos laborales. Así, mientras la tasa de pobreza entre los locales llega a 8,5%, entre los inmigrantes es de 10,8%.

Hernando indica en el estudio que una explicación para este cambio de tendencia puede estar en la composición de la población inmigrante reciente, donde grupos de más bajos ingresos habrían aumentado su importancia. Asimismo, la tasa de pobreza por ingresos es mucho menor en los inmigrantes europeos que en los de América Latina, que es de donde ha venido el mayor número recientemente.

En términos de pobreza multidimensional -que muestra diferentes carencias de las personas-, los inmigrantes exhiben mayores tasas durante todos los años analizados, aunque las diferencias no son estadísticamente significativas. Pero eso hasta 2017, porque en esa medición -la última disponible- sí se ve una distancia significativa, y es mucho más alta respecto de los extranjeros de países latinoamericanos que en relación a los europeos o a los del resto del mundo. De hecho, las personas con la más alta tasa de pobreza multidimensional son las haitianas, con casi 45%.

Las mayores carencias que afectan a los inmigrantes, según el estudio, son las relacionadas con las viviendas.

A diferencia de la pobreza por ingresos, la pobreza multidimensional sí disminuye con el paso de los años que los inmigrantes pasan en Chile. Entre las razones de esto último está el fortalecimiento de sus redes de apoyo y la mayor integración en el país.

En cuanto a políticas sociales, se observa que los inmigrantes cobran menos subsidios monetarios que la población local, incluso después de descontar los beneficios de pensiones a los que, por composición etaria, clasifican en menor proporción.

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