Las distintas estrategias para reabrir los colegios en 15 países

Un concepto transversal a todas las experiencias es la mascarilla y la distancia.

Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la U. de Chile analizó el regreso a clases en 15 países. La flexibilidad y el diálogo con las comunidades fueron claves en el proceso, además del cumplimiento de protocolos y planes remediales.




Cerca de 110 millones de escolares en el mundo han vuelto al colegio, según la Unesco, cifra que es mínima frente al billón de niños que sigue sin clases por la pandemia de coronavirus, pero que permite ver qué estrategias se han usado en el retorno.

Eso es lo que hizo el Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la U. de Chile, que analizó el regreso a clases en 15 países y detectó algunos principios, como que esto ocurrió cuando se pudo mantener la capacidad de testeo, trazabilidad y aislamiento, y cuando aseguraron el cumplimiento de protocolos sanitarios en los colegios.

El análisis concluye que es vital involucrar a las comunidades en la reapertura, algo que no ocurrió, por ejemplo, en Francia y Australia, donde cundió la confusión cuando se quiso volver a clases. “Es relevante que existan condiciones generales para iniciar la apertura y que éstas sean conocidas y coordinadas con todos los actores”, señala el documento.

Cuando se cumplieron las condiciones, el retorno fue en distintos niveles. Por ejemplo, en Francia y Noruega se partió por la educación parvularia y primaria (básica). En Grecia y Corea del Sur empezaron con la educación secundaria; en Suiza, con la primaria y secundaria; en Japón e Israel, con los años de transición (como 4° medio); y Uruguay y Reino Unido partieron con los niños más vulnerables.

Para decidir quién volvía primero, los países evaluaron qué tan capaces eran los colegios de sustituir sus clases presenciales por actividades remotas; subordinaron la apertura al plan de desconfinamiento de esa sociedad; y se aseguraron de cumplir los protocolos sanitarios.

Entre estos últimos, Dinamarca estableció un máximo de 15 niños por sala, escalonó los horarios de ingreso, almuerzo, recreo y egreso, y pidió que los profesores atendieran solo a dos cursos cada uno. También se destacan innovaciones, como una aplicación que usan en las escuelas de Shanghái y Beijing, para medir el riesgo de infección de un alumno, permitiendo el ingreso solo de quienes arrojan luz verde.

El análisis del instituto detectó varias razones por las que los países necesitan reabrir las escuelas, entre ellas, la protección física y psicosocial de los estudiantes; y también para frenar la desigualdad, pues los niños quedan a cargo de sus familias, que tienen distintos niveles culturales y socioeconómicos. Sin embargo, también se explicó que no existe evidencia suficiente para decir que los niños pueden volver a clases porque están menos expuestos al coronavirus.

Lecciones para Chile

¿Qué se puede concluir de la experiencia de otros países? Juan Pablo Valenzuela, investigador del instituto, dice que no existen recetas para el retorno, pero sí principios, como el cumplimiento de condiciones sanitarias, la flexibilidad y la construcción de confianzas.

“Hay que tener flexibilidad, porque los territorios tienen distintas realidades. Un ejemplo local es el de Providencia, donde la mayoría de los alumnos vive en otras comunas, entonces compartirían el riesgo del contagio. Pero tampoco sirve que una comuna rural que nunca ha tenido contagios reabra sus escuelas, si los profesores vienen de otras comunas”, explica.

En el caso chileno, lo más importante, cree Valenzuela, es “tener mucha flexibilidad, porque existe una desconfianza estructural. Es indispensable que participe el conjunto de la comunidad”.

Los países también han diseñado planes remediales para los escolares que han perdido aprendizajes. Por ejemplo, Países Bajos abrió un financiamiento para escuelas de verano, apoyos adicionales durante la jornada escolar, extensión de la jornada escolar y programas para después de clases.

“Un elemento importante es el rol protagónico que tendrá el Mineduc en entregar soporte para la apertura (…). Cuando en Chile tengamos el diagnóstico, tendremos que ver cuál es la estrategia más didáctica para cerrar la brecha”, dice Valenzuela.

El caso de Río Ibáñez

En medio de la Región de Aysén, la Escuela María Antonieta Parra, de Río Ibáñez, fue la primera del Chile continental en volver a clases. Lo hicieron el 7 de julio, con apenas cinco niños y cumpliendo los protocolos del Mineduc. El encargado de la escuela, Juan Osorio, cuenta que en un inicio hubo mucho temor e inseguridad de las familias, pues la tranquilidad del entorno se alteró al ser el primer establecimiento en retornar, pero finalmente vieron que era la mejor opción.

“La decisión fue responsable, no se tomó de un día para otro, fue conversada con los padres, planteada desde ellos y para el bien de los niños. Ahora sienten que fue lo mejor”, dice Osorio. Los cinco niños de la escuela están trabajando en la priorización curricular del ministerio y se les ha supervisado su desarrollo emocional.

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