Las historias que dejó la toma de Derecho

La Facultad de Derecho de la U. de Chile fue entregada a las 17 horas de este martes. Foto. Agenciauno

Tras 74 días de ocupación, las alumnas abandonaron el edificio de Pío Nono, que se convirtió en un símbolo de la ola feminista en el país.


El edificio de la Facultad de Derecho de la U. de Chile, ubicado en Pío Nono 1, comuna de Providencia, fue ocupado durante la tarde del viernes 27 de abril tras una asamblea de alumnos y una votación que se desarrolló mediante mano alzada. Dos meses y medio después, en el mismo lugar, pero ahora a través de voto electrónico, los estudiantes decidieron deponer la movilización y de esa manera terminar con la toma más emblemática del movimiento feminista que se desplegó por distintas universidades del país.

Los 74 días de esta toma dejaron un saldo público que se tradujo en un importante petitorio que la universidad asumió como una deuda a saldar. Pero eso no fue todo, también se tradujo en una convivencia puertas adentro que estuvo marcada por códigos intransables, la exclusión de hombres en cargos de representación, un liderazgo en la materia que se extendió a la comunidad, vetos, expulsiones y un ‘no al caudillismo’ que exigía resolver todo vía asambleas.

La toma

Sillas y un lienzo fueron suficientes para visibilizar la ocupación y acaparar la atención de los medios. Sin embargo, había que organizar la movilización: el mismo 27 de abril se creó una página de Facebook para difundir toda la información acerca de la toma, desde las fechas de asambleas, talleres artísticos, jornadas de agitación hasta la realización de colectas.

“Una semana antes de la toma se había hecho una concentración para pedir respuestas al exdecano -Davor Harasic- sobre la situación de un profesor denunciado por acoso laboral y sexual. Hubo conversaciones, pero ninguna respuesta concreta”, recuerda Isidora Parra, una de las voceras.

En el camino se fueron tomando otras determinaciones fundamentales para mantener el control del lugar. Así se definió que el portón se cerraría todos los días a las 12 de la noche, que habría un mesón donde se anotaría quién ingresaba y quién salía del lugar, y se dividieron las labores para hacer más práctica la ocupación. También se definieron siete comisiones que abarcarían distintas áreas de trabajo en el edificio: finanzas, comunicaciones, agitación y propaganda, cocina, aseo, seguridad y jurídica.

Una de las materias que primero se resolvió fue cómo financiar la mantención de la toma. Había que cocinar, comprar útiles de aseo y material de difusión. La solución fue establecer la cuenta vista de uno de los “compañeros” para recibir donaciones y si bien no detallan los momentos que lograron reunir, aseguran que les fue bien por esa vía.

¿Qué rol cumplieron los hombres? “El rol de nuestros compañeros era secundario, pero activo (…), por ejemplo, cuando necesitábamos gente en la puerta durante una asamblea de mujeres, ellos se encargaban de que nadie quedara fuera”, dice Parra.

También realizaron espacios de reflexión destinados a “decontruir el machismo” y eliminar, por esta vía, rasgos culturales que pudiesen atentar contra la igualdad de género.

Con el fin de no perjudicar a los alumnos de primer año, quienes hacían ayudantías en algunas asignaturas, continuaron cumpliéndolas. Los mechones sabían que el retorno a clases iba a tardar, pero nunca imaginaron que tanto.

Conforme pasaban los días también surgían más necesidades. En ese contexto se estableció un punto polémico: el veto. Parra cuenta que esta medida se aplicó en un número de casos que es reservado, pero que “aquella lista solo la conocían los miembros de la secretaría de sexualidad y género que participaban en la toma. Nuestro veto era solo para personas acusadas de perpetrar abuso sexual”. Otros aseguran que dicha nómina fue quemada una vez terminada la movilización, para evitar su mala utilización.

Piedra, papel o tijera

Las cuatro voceras, escogidas a mano alzada por la comunidad, definieron desde el comienzo que su labor sería transmitir a la prensa las decisiones tomadas de manera colectiva. “Nosotras trabajamos con una orgánica horizontal, no como en la política. La verdad, no nos vemos como diputadas”, concordaban en una conversación con La Tercera a principios de mayo. De este modo, en los puntos de prensa, por ejemplo, distribuían la información de manera tal que todas pudieran hablar en algún momento y, para ello, en algunas ocasiones, ordenaban sus turnos mediante el popular ‘cachipún’.

Factor Carmona

La acusación en contra del profesor Carlos Carmona fue el punto de inicio y -según las alumnas- la piedra de tope para que el fin de la movilización se concretara antes. Su destitución encabezaba la primera propuesta de petitorio publicada el 30 de abril y fue también una de las pocas que no pudieron concretarse.

Pero si en un comienzo eran solo las alumnas las que exigían la salida del abogado, ahora se sumaron más voces de apoyo. Ayer, un grupo de académicas que conforman la Red Amanda Labarca de la U. de Chile presentó una carta donde 104 firmantes exigen la destitución del expresidente del Tribunal Constitucional.

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