El refugio penquista contra el cáncer

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La "casita" de la Corporación Nuestro Hogar, ubicada en el centro de Concepción, se ha vuelto un espacio comunitario en el que alojan madres y familiares en las largas semanas que pueden durar los tratamientos de sus hijos.


"Este lugar es nuestra segunda casa. Hay mucho cariño entre las mamás, los hijos hacen amistades con otros chicos. Cuando mi hija está mal, y yo me siento mal, los lazos que se han generado dan la posibilidad de tener un apoyo constante".

El relato es de Katherine Aguilar, oriunda de Lebu y madre de Isidora (3), menor que fue diagnosticada con cáncer. El lugar que describe es "la casita" de la Corporación Nuestro Hogar, una organización sin fines de lucro que cuenta con una pequeña vivienda de dos pisos emplazada en calle Maipú, casi llegando a Janequeo, en pleno centro de Concepción, donde ella vive junto a su hija y otras familias que tienen a niños que sufren de algún tipo de cáncer.

La misión de Nuestro Hogar es brindar alojamiento, comida y transporte de forma gratuita a estas personas que no viven en la capital penquista y que no tienen dónde quedarse mientras sus hijos reciben tratamiento en el Hospital Regional de la ciudad.

Yannet Villegas es otra de las personas que junto a su hijo Leonardo (7) forman parte de la familia de "la casita": "A mi hijo lo diagnosticaron el 2011 de una retinoblastoma bilateral, que es un tumor maligno en ambos ojos, por lo que se los extirparon, provocando el quedar sin visión". La mujer contó que hace tres años el padre de Leonardo falleció, lo que ha hecho más difícil su proceso. "La corporación me ha ayudado mucho, porque me ha permitido sacar adelante a mi hijo. Con muchas mamás que están acá nos hemos apoyado. Nos contamos historias y eso nos ayuda. Para mí este lugar es mi casa, porque yo no tengo una".

Quienes acuden a la corporación en busca de ayuda son recibidos, además, con apoyo psicológico para poder sobrellevar la carga de lo que significa tener un hijo con cáncer. Muchas veces cocinan juntos, conversan, ríen y lloran.

Patricia Borgoño lleva nueve años siendo parte de la corporación. Sus dos hijos fueron diagnosticados con cáncer: Álex (22) y Camila (20). "Para mí ha sido un apoyo muy grande, porque en tratamientos largos es difícil sostener una vivienda o algo similar, aunque sea con familiares. Por lo general, la gente te acoge por un par de semanas, pero no por años. El ambiente que hay allí es de mucho amor".

Como las familias pueden pasar días, meses o incluso años en el lugar, el financiamiento es una dificultad que deben enfrentar. Hasta ahora, se mantienen con donaciones y el trabajo de voluntarios. Claudio Cartes, director de la entidad, explicó que no ha sido simple y que incluso un año estuvieron a punto de cerrar. "Queremos reflejar el cariño que se produce en un hogar. Les entregamos cariño a ese niño y a sus familias que están lejos de sus casas", indicó.

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